En ocho años se perdieron unos 60 chicos neuquinos

La mayoría se fue por problemas familiares. Aún hay dos desaparecidos.

Mario Cippitelli
cipitellim@lmneuquen.com.ar

NEUQUÉN
La última vez que vieron a Natalia Ciccioli fue hace más de 22 años. Eran las dos de la tarde de un apacible domingo 16 de enero en San Martín de los Andes, cuando la nena de 12 años le dijo a su madre que se iba a tomar un helado al centro.

El sitio web missingchildren.org.ar publica fotos de los menores desaparecidos en el país con todos sus datos.

Natalia salió del barrio El Arenal con la promesa de regresar temprano. Para que no volviera caminando, sus padres le dieron unos pesos para que se tomara el colectivo de vuelta. Pero nunca regresó.

La buscaron por todos lados; se hicieron operativos, empapelaron la ciudad con su foto, se inició una investigación judicial sin precedentes, pero nunca más se supo de ella. Con el tiempo, se tejieron todo tipo de conjeturas: que había sido secuestrada por una red de prostitución, que aquel fatídico día se había cruzado con un psicópata, un degenerado o simplemente un asesino. Incluso se pensó que Natalia podría haberse ido por sus propios medios a algún lado. ¿Pero dónde? ¿Por qué motivo? Nada hacía pensar en una crisis que desencadenara esa extraña desaparición.

Natalia Ciccioli, quien hoy tendría 34 años, es el ícono de las historias de los chicos perdidos en la región y el caso más difícil que les tocó investigar tanto a la Justicia como a Missing Children (MS), la organización mundial que se encarga de estas búsquedas.

Pero ¿por qué desaparecen los menores? María de los Ángeles Pérez, responsable de MS en Neuquén, asegura que hay muchos motivos para explicarlo y que la gran mayoría de los casos en la región tuvo un final feliz.

Problemas parentales (padres separados que se los llevan a otro lugar), conflictos familiares, crisis de identidad entre los adolescentes son algunos de los motivos que explican las desapariciones de los chicos. Muy pocos casos, como el de Natalia, se mantienen sin resolver.

“Todos los días hay desapariciones, pero muchos de esos casos no nos llegan a nosotros porque los resuelve la Policía”, explica Pérez, una referente que trabaja en la organización y que lo hace sólo por vocación, ya que se desempeña como administrativa en una empresa petrolera.

Desde que Pérez se puso al frente de Missing Children, en 2008, la ONG intervino en 60 oportunidades. Además del caso Ciccioli, hay otro más reciente que también está sin resolver: el de Maximiliano Flores.

El 7 de febrero de 2015, el joven de 17 años le robó dinero a sus padres y se fue a Necochea junto con un amigo nuevo, de 27 años. Parecía una travesura como la que puede protagonizar cualquier adolescente. A los pocos días, el hombre regresó de la playa solo y dijo que había perdido contacto con él. De Maximiliano no había noticias.

Sus familiares comenzaron una intensa búsqueda, pero no lograron nada. Hubo algunas pistas que terminaron en caminos sin salida y la investigación judicial que se inició quedó en un punto muerto. ¿Dónde está? ¿Está vivo? ¿Fue víctima de un crimen?

Los dos casos -el de Natalia y el de Maximiliano- siguen sin resolverse y encierran un increíble misterio que tiene más preguntas que respuestas. Las esperanzas de sus familiares de hallarlos con vida, como en otros casos de desaparecidos mayores de edad, siguen intactas, aunque a medida que pasa el tiempo la angustia se vuelva insoportable.

TRES PREGUNTAS A...

María de los Ángeles Pérez
Missing Children Neuquén

1. ¿Es común que desaparezcan menores?
Es más común de lo que parece. En Neuquén hay varios casos diarios. Nosotros nos enteramos cuando el menor tarda ya varios días en volver. A partir de la denuncia comenzamos a trabajar.

2. ¿Los casos de adolescentes son los más comunes?
Son la mayoría, pero casi siempre están relacionados con problemas familiares o crisis de identidad y terminan volviendo o los encuentra la Policía.

3. ¿Sólo trabajan con casos de menores?
Colaboramos en la búsqueda de cualquier persona también, no sólo de Neuquén sino de toda la región.

Los dos casos que conmovieron y que tuvieron un trágico final

NEUQUÉN
De las 60 intervenciones en menores desaparecidos en Neuquén que tuvo la organización Missing Children, dos terminaron de la peor manera.

Jorge Oyarzún, de 17 años, había desaparecido el 25 de mayo de su vivienda ubicada en el barrio Villa Obrera, de la ciudad de Centenario.

La Policía y los familiares organizaron una búsqueda desesperada para dar con el joven y recién tres días después fue hallado sin vida en inmediaciones del río Neuquén. Su cadáver estaba despedazado. La sospecha es que a Jorge lo atacó una jauría de perros que lo acorraló y lo mató de la manera más horrorosa.

La otra historia que conmovió a los neuquinos tuvo como protagonista a Belén Durán, de 2 años. La chiquita, con síndrome de Down, había desaparecido de Balsa Las Perlas el 21 de septiembre de 2013 mientras jugaba en el patio de la vivienda de sus padres, ubicada a 100 metros del río Limay. Apenas conocida su desaparición, se realizó una búsqueda por toda la zona.

Se pensó también que la nena podría haber sido víctima de un secuestro y casi descartaban que hubiera ido hasta el río, pese a que los perros de la Policía indicaban que su rastro se había perdido en la costa. Para los familiares era algo imposible, debido a la complicada geografía del terreno y la reducida capacidad de caminar de la pequeña.

Dos semanas después, personal de Prefectura y Bomberos encontró el cadáver en el agua, a dos kilómetros de la vivienda y se confirmó la hipótesis más firme: en un descuido de sus familiares, Belén caminó, trepó una barda, llegó hasta el río y se ahogó.

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