Escuela de mecheras: les enseñan a robar a las pibas
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Capriolo y otros comercios más son lugares de prueba y ensayo para las jóvenes mecheras. José, uno de los encargados del local, explicó que trabajan en grupo y por lo general en las horas pico. Una distracción de los empleados, agentes de seguridad y clientes desprevenidos es aprovechada al máximo por las jovencitas, que también tienen su propio ardid para lograr concretar el cometido.
"Suelen venir tres o cuatro y mientras una roba, las otras generan una distracción", contó el encargado, que advirtió que sustraen mercadería de todo tipo y la esconden bajo sus ropas o en bolsos.
El dueño del supermercado aclaró que es muy doloroso vivir esta situación, más aún por la corta de edad de las jóvenes delincuentes. Además, reveló: "Cuando vemos que la Morocha está afuera, sabemos que hay mecheras intentando robar acá adentro".
El empresario asegura que las delincuentes no son gente del barrio, ya que a los clientes de siempre no sólo los conoce sino que les tiene mucha confianza.
El último episodio que sufrió ocurrió el martes pasado, cuando una joven ingresó al local ubicado en calle Chaneton 1391 y escondió bajo su remera mercadería fingiendo estar embarazada (ver recuadro). La alerta lo dio una clienta habitué del lugar a uno de los encargados, que trató de detenerla hasta que llegara la Policía.
Lejos de temer, la mechera le hizo frente al trabajador del súper y le dijo que él no podía revisarla.
En otra oportunidad, recordaron los encargados del lugar, una mechera se robó unas milanesas y las escondió en su bolso. No contenta con el botín, le sustrajo la cartera a otra mujer luego de que pagara por sus compras. Antes de salir del súper, la delincuente se dio el lujo de contar el dinero robado.
El supermercado Capriolo cuenta con cámaras y personal de seguridad, a lo que se suma el refuerzo de vigilancia que hacen los mismos trabajadores del lugar. "Hacemos las denuncias, pero no tiene mucho sentido, la Policía no puede hacer nada más que detenerlas por cinco horas", expresó José con las capturas de pantalla de los robos impresas.
Por otra parte, no sólo las mecheras están atentas al descuido de los clientes, ya que el pasado 24 de enero un hombre robó la billetera de otro cuando este la dejó en el carrito de las compras.
"Nadie está exento de que le pase y no hay mucho que se pueda hacer", se lamentó Américo, que valoró el esfuerzo que hacen sus empleados y clientes por mantener en pie el último supermercado neuquino.
Así operan en los comercios
El accionar de las mecheras lo sufren todos los comercios, aunque en el Bajo es más frecuente debido a la gran cantidad de personas que circulan por la zona.
Por lo general, trabajan en grupos de dos o tres mujeres que visten ropas holgadas y carteras de gran tamaño, donde ocultan las cosas robadas.
Las jóvenes delincuentes suelen aguardar un descuido de los vendedores o generar una distracción haciendo sus compañeras las veces de escudo para que otra se encargue de concretar el robo.
A esta altura, los comercios han establecido ciertas medidas de seguridad para que los constantes robos no se repitan. Es así que han instalado cámaras de seguridad en los locales y a la mercadería le suelen poner una alarma que se retira en la caja cuando se abona el producto.
A pesar de estas medidas, las mecheras han desarrollado estrategias para sortear las implementadas. Cuando se trata de prendas que tienen alarmas antihurtos (hardtag), suelen utilizar unas pequeñas pinzas para desprenderlas, aunque en algunos casos se han encontrado los plásticos de las alarmas con marcas de dientes.
Respecto de los sensores que hay al ingreso y egreso de los locales, las astutas delincuentes utilizan carteras revestidas con aluminio que impide la detección de los hardtags.
Las mujeres no se hacen mucho drama cuando son detenidas por la Policía porque saben que como se trata de un delito menor, las liberan en un par de horas.
Salió embarazada de un pollo
Una joven mechera ingresó a Capriolo con una remera suelta y encaró para las heladeras exhibidoras y con disimulo, no mucho, se metió un pollo completo debajo de la remera fingiendo estar embarazada.
Una clienta que la vio advirtió a los encargados, que cuando quisieron frenarla un hombre que acompañaba a la mechera le dijo "seguí que no te puede tocar".
La mujer se fue "embarazada de un pollo", ironizó uno de los encargados al recordar la historia a LM Neuquén.
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