Esos chicos que en los recreos ya no comen caramelos

La Escuela 204 de Centenario tiene una huerta en la que se alimentan y venden con una cooperativa propia.

Por Adriano Calalesina - adrianoc@lmneuquen.com.ar

En esta escuela los chicos ya no mastican caramelos. O muy pocos. Ese viejo hábito de la infancia está cada vez más alejado de las nuevas generaciones. En vez de comer dulces, en los recreos prefieren degustar una manzana o durazno.

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La Escuela 204 es un ejemplo de ese cambio cultural que gana terreno con los años. Este antiguo colegio donde se educaron los pioneros de Centenario, criados con rígidos valores de inmigrantes de posguerra, hoy es un templo que le rinde culto a la vida sana.

No es una huerta más de las que se difunden todos los días. El proyecto es mucho más grande. Los pibes llevan los conceptos de ciencias naturales y ecología y hasta construyeron un refugio para cuidar a las abejas, ese insecto que hoy la Sociedad Geográfica Real de Londres lo considera fundamental para la vida en el planeta.

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“Somos una de las pocas, si no la única, escuela que tiene una cooperativa y vendemos nuestros propios alimentos y productos”, comentó Verónica Ilrilli, docente del Taller de Agroecología de primero a séptimo grado.

La experiencia del colegio despertó el interés de varias instituciones que se asombran del contacto que tienen los chicos con la huerta. No solo aprenden a cultivar sus propios alimentos, sino también que aplican las matemáticas para los cálculos de riego, zanjas y los tiempos de sembrado y cosecha que demandan algunas frutos.

El mes que viene, el proyecto huertero de este colegio se presentará ante toda la provincia como uno de los modelos educativos que se vienen en el futuro: unir la experiencia del aula y la vida saludable como un solo tema.

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El interés que generó en estos años el proyecto huertero llevó a la Cooperativa Telefónica Centenario a donar unos 170 mil pesos para hacer un sistema de riego automatizado, de manera que al final del ciclo lectivo no haya guardias de docentes regando las frutas y verduras en la tierra. El sistema fue instalado por el INTA Centenario, a cargo de Gustavo Nordenstrom y un equipo técnico.

“Hay mucho trabajo detrás de esto y muchas instituciones. Sorprende lo adaptados que están los chicos y las ganas que le ponen”, explicó el ingeniero agrónomo.

El proyecto no solo unió a la escuela sino también a las familias alrededor de las frutas y verduras.

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