Ricardo Papastavros, el kinesiólogo que acompañó a Diego Maradona en dos etapas de su vida como entrenador, cuando dirigió a Mandiyú de Corrientes y en el ciclo al frente de Racing, reveló que el astro tenía una capacidad biológica única y que “vivió la mejor etapa de Diego”, en una entrevista que concedió al portal Infobae.
Papastavros ya estaba en el equipo correntino cuando Diego asumió. “Fue un vínculo muy. Trabamos una amistad muy linda, muy cercana, porque a los dos nos gustaba pescar. Él me llevó luego a Racing. Literalmente a mi me cambió la vida”, confesó.
“El contrato que me hizo firmar en Racing hizo que yo pudiera vivir de una manera diferente, seguir estudiando osteopatía y progresar económicamente cuando no tenía ese tipo de posibilidades en Corrientes”, contó.
El profesional describió a Diego como una persona con “una energía muy especial''. En esa época yo había comenzado a trabajar con acupuntura y él reaccionaba muy bien a las agujas, y recuerdo que cualquier lesión que él tenía, usaba las agujas y lo resolvía de manera rápida con él. Tenía una respuesta biológica superior. Pero no solo eso, además Íbamos a pescar, él encarnaba con un palo y sacaba el pescado más grande. Tenía una suerte extraordinaria este tipo, era una cosa maravillosa”.
Como técnico “les puedo asegurar que lo que transmitía generaba en cada jugador una potencia increíble”, explicó. El profesional consideró que le tocó “vivir la mejor etapa de Diego porque era un tipo sumamente cariñoso y afectivo. Le encantaba la franela, la reunión y el chiste en la mesa, y estar en un almuerzo con Diego era una fiesta porque tenía tantas anécdotas, vivió tantos años este muchacho… Es una mentira cuando dicen que vivió poco… ¡nooo! Nosotros vivimos poco, él vivió demasiado y se gastó. Él tenía un alto sentido del humor, siempre predispuesto a la aventura, a hacerte pasar un buen momento y nadie defendía tanto como Diego a las personas que estaban a su lado. Yo estoy melancólico, nostálgico por su muerte pero fundamentalmente, muy agradecido porque de la forma en que él defendió mi contrato cuando yo llegué a Racing, nunca nadie lo habría hecho. Si no fuera por él, yo jamás habría estado en Racing. Fue demasiado generoso conmigo”, afirmó.
En cuanto a los dolores corporales los más habituales "eran los de su columna, porque le dolía siempre, en la zona lumbo-sacra, y por eso le hacía acupuntura, y era de lo que más se quejaba. Y algo muy importante, que sus caderas no se movían. Las caderas tienen movimiento de rotación para adentro y para afuera. Él estaba permanentemente en rotación externa porque hay unos músculos de la zona que se llaman pelvitrocantéreos, que estaban totalmente retraídos y hacían que él no pudiera cruzar las piernas, por la rigidez de esos músculos. Esa era una característica de los jugadores de esa época porque se utilizaban mucho las inyecciones intramusculares de oxa B-12 o de vitamina B-12 y potenciaban su accionar con ese tipo de vitaminas, pero tantos pinchazos en los glúteos hacían que se acortaran, por esos las pubalgias o las tendinopatías de los aductores generadas por esta disfunción mecánica provocada por esos pinchazos de la época. Los viernes, todo el mundo se ponía contra la pared, venía el médico, y les inyectaba con vitamina, pero era un aceite rojo que daba potencia pero dejaba un adoquín en la pelvis”, describió.
“Hablábamos tantas veces con Fernando Signorini que fue su preparador físico en su etapa con la Selección Argentina de las cosas que podíamos haber hecho con él para mejorarlo. Yo quería darle una mano, al punto de buscar aislarlo, con los mejores médicos, con medicina genética para estudiar su genoma, como habría que hacer. Y Fernando amaba a Diego. Después vino la pandemia y paralizó todo. Yo conseguía todo, los médicos, lo que fuese, para devolverle un poco de lo que me dio”, concluyó.
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