El clima en Neuquén

icon
Temp
68% Hum
La Mañana Cuadernos

Fabricaba cuadernos de autor y terminó siendo la dueña del local proveedor

Azul Hernández se convirtió en la propietaria de Papel Picado, una empresa de papeles ilustrados, y hoy ofrece sus productos a encuadernadores de todo el país.

Azul Hernández asume cada desafío con idéntica pasión. Y cuando se cansó de dejar el alma en un trabajo estresante que estaba a punto de enfermarla, duplicó la fuerza de sus motores para alzarse con un emprendimiento de encuadernación como madre soltera. Replicando su ímpetu, llegó a tener un taller en casa y un local de insumos en La Plata, para reinventarse luego en Neuquén con su propia familia, y como dueña de Papel Picado, una empresa de papeles de autor que solía ser su proveedora.

La vida de Azul es un discurrir de proyectos que parecen siempre atravesados por el empuje y la creatividad. Cansada de su trabajo agobiante en una inmobiliaria, pensó que podía poner la misma dosis de energía para crearse su propio empleo, incluso cuando todavía no se había aventurado en las artes manuales.

Te puede interesar...

Con un buen pasar económico, decidió invertir antes que nada en una máquina de coser. Si bien Azul no sabía manipular la aguja y el hilo, terminó por aprender el ABC de la costura para lanzar su propio emprendimiento de almohadones, que vendía a través de Facebook. Sin embargo, su verdadera vocación llegó cuando descubrió un curso de encuadernación.

"Tomé la clases y vi que la profesora tenía pocos recursos, y pensé que podía armar algo propio sin invertir demasiado", detalló la joven oriunda de La Plata, que se mudó a Neuquén hace dos años para acompañar a su marido neuquino. Según explicó, en ese entonces comenzó a formarse para cambiar los almohadones por los cuadernos artesanales.

Azul fabricó diez cuadernos y salió a vender a la primera feria. Enseguida llegó la aceptación. La clientas le compraban sus producciones y le preguntaban si les podía enseñar la técnica para confeccionarlos. Aunque ella se anotaba en todo curso que encontraba en La Plata y en Buenos Aires, sentía que todavía no tenía la experiencia para ser docente, pero usó una frase de su papá como guía. "Él siempre decía que el 'no' ya lo tenía, que tenía que intentarlo, y armé el primer curso pensando que podía dejarlo si salía mal", recordó.

Su primer taller fue un éxito rotundo. Completó el cupo con rapidez y descubrió un amor desconocido por la faceta docente. Así, comenzó un rutina extenuante de trabajo y creatividad: Azul cumplía jornadas de 9 horas en la inmobiliaria, dedicaba las tardes a su hija y a crear nuevos cuadernos; los sábados daba talleres de encuadernación y los domingos iba a la feria a vender.

Un día, notó que ganaba más con sus proyectos creativos que en el inmobiliaria y se decidió a renunciar, incluso contra todos los consejos que le indicaban que nunca abandonara un trabajo estable. Sin embargo, Azul sabía que su bienestar estaba al lado de los cuadernos, y que todo ese esfuerzo del principio iba a darle resultados si dedicaba esas preciadas horas de la jornada laboral sólo a su proyecto propio.

Azul Hernández cuadernos papel picado 2.jpg

Ya abocada de lleno a su empresa, convirtió su pequeño departamento platense en una guarida de los cuadernos de autor. Su hija ocupaba el único dormitorio disponible, y ella había convertido el salón en el comedor, dormitorio, taller y aula de clases. Su vida y la de Cerezo, su emprendimiento, parecían fusionadas.

Sin detenerse, decidió responder a la demanda de sus propias clientas, que le pedían consejos para comprar los insumos necesarios para encuadernar. Como todas las tiendas estaban en Buenos Aires, ella contactó a las empresas para hacer compras al por mayor, y se mudó a un departamento más grande para almacenar todo el stock. Por un guiño del destino, la primera compañía que contactó fue Papel Picado, que se dedicaba a ofrecer papeles de autor.

Junto a su pareja, encontraron un pequeño local en mal estado con un alquiler accesible y así, Azul recuperó su casa para vivir y abrió su propio negocio de insumos de encuadernación. Hasta que, en familia, decidieron mudarse a Neuquén y empezar una nueva vida.

"Es difícil vender un fondo de comercio, pero es más difícil vender uno de un rubro tan específico", dijo. Pese a los pronósticos, encontró un comprador interesado en el proyecto. "Armé el primer local de encuadernación de La Plata y lo dejé funcionando", dijo la joven, que se mudó ansiosa por asumir nuevos desafíos.

La familia desembarcó en Neuquén a principios de 2020, y Azul ya había alquilado el aula en una escuela de cerámica para comenzar a dar clases de encuadernación. No había terminado de barrer el local para dar las primeras clases cuando anunciaron la cuarentena obligatoria por la pandemia de coronavirus, y todos sus planes quedaron en el aire.

Azul Hernandez cuadernos papel picado2.jpg

Ilusionada con el rápido regreso a las actividades normales, siguió pagando el alquiler del aula. Mientras tanto, durante la cuarentena más estricta, ofrecía clases de encuadernación gratis a través de la red social Instagram. Cada vez ganaba más audiencia, y sus alumnas comenzaron a pedirle insumos para encuadernar, por lo que se decidió a remontar su negocio de insumos, ahora en Neuquén.

Como había contactado a Papel Picado para ser ella su vendedora oficial en la región, se enteró pronto de que los dueños de la compañía no iban a seguir con el proyecto. Otra vez, el empuje de Azul salió a relucir. "Les escribí con todo respeto para preguntarles qué había pasado y si podía continuar yo con la actividad", relató. Coordinaron un precio que se acercaba a los fondos que había obtenido ella por la venta de su local en La Plata, y pronto firmaron el convenio.

Azul pudo comercializar todas las existencias de la marca, y también sumó a nuevas ilustradoras para darle un toque neuquino a los nuevos diseños. Así, ahora formó un catálogo con 16 nuevas estampas en cinco formatos diferentes: ofrece algunos con mates, con flores neuquinas o con la vegetación propia de la estepa patagónica. También hay habitantes del bosque patagónico y dinosaurios que habitaron la región, junto a otros diseños que tratan de fundirse con las viejas propuestas de otros catálogos.

Azul Hernandez cuadernos papel picado3.jpg

Su nuevo desafío no le impide olvidarse de Cerezo, su emprendimiento original. Azul se convirtió en creadora de contenidos y graba y edita sus propios cursos virtuales de encuadernación, en donde devela todos los secretos que sabe sin guardarse ningún dato que pueda ser útil para reproducir el oficio. También ofrece otros insumos para crear cuadernos, como abecedarios de bajo relieve o kits de herramientas de acrílicos personalizados.

Ahora, con dos emprendimientos propios, mantiene la mismas dosis de energía para abrirse paso en un mundo que muchas veces le cerraba las puertas. "Yo fui mamá a los 15, la sociedad me decía que no iba a poder y yo creía que eso era así", dijo, y agregó que con el apoyo de su papá, entendió que tenía que poner todo de sí para negar esa realidad y tomar las riendas de su propia vida.

Con esfuerzo y un sacrificio extra, se acostumbró a una vida sin lujos, a resignar metros cuadrados, a pasar años sin comprarse ni un par de medias, pero consiguió ser la dueña de una empresa que antes era su proveedora, y ahora es ella la que provee a sus antiguos competidores. "Nadie me regaló nada", afirmó, aunque reconoció un gesto de amor que fue casi como un regalo: la fuente inagotable de ayuda de su papá, que la llevaba a recorrer los barrios porteños buscando insumos, que le fabricaba muebles o le ofrecía una cuota de aliento cuando ella sentía que no podía más. Y así, llegó a este presente que ahora le sonríe.

Lo más leído

Leé más

Noticias relacionadas

Dejá tu comentario