¿Frío o calor? Tips caseros para los dolores del cuerpo

Uno desinflama y el otro recupera. ¿En qué tipo de lesiones se usan?

Mantener una vida activa y realizar ejercicio físico es beneficioso, aunque a veces haya consecuencias dolorosas como esguinces, tendinitis, contracturas, calambres, etc. Sin embargo, el cuerpo también soporta otras molestias, que no vienen directamente del deporte, pero duelen, como artrosis o lumbalgias. Entre los tratamientos, que van desde los diferentes tipos de kinesiologías hasta analgésicos, hay un par que son caseros y claves: el frío y el calor sobre la zona lesionada.

El frío va en las 72 horas posteriores a la lesión; el calor, después, y mejora tejidos blandos, entre otras cosas.

Como norma general, el frío en las lesiones agudas y calor en las crónicas. En las primeras, que provocan inflamación y dolor, utilizar enseguida el frío ayudará a disminuir el flujo de sangre a la zona afectada, lo que repercutirá también en la inflamación, que comenzará a reducirse. Las lesiones crónicas, por el contrario, son resultado del uso excesivo de tejidos que provocan dolor y disminución de la flexibilidad, como el codo de tenista, tendinitis rotuliana o tendinopatía de Aquiles. El calor recupera y regenera.

Con frío
Son para las 72 horas posteriores a la lesión (en ese lapso se debe evitar calor, alcohol y masajes sobre la zona afectada, porque aumentan el flujo sanguíneo y generan inflamación). Lo ideal es aplicarlo cada dos horas, durante 10 a 20 minutos, mediante una bolsa con hielo, gel congelado que se moldea a la zona a desinflamar (y se puede recongelar para volver a ser utilizado cuantas veces se desee) o envases de plástico duro con líquido, que también se puede usar otras veces. Hay que tener en cuenta que de tan fríos pueden quemar la piel, por lo que se sugiere usar una toalla o algún aislante textil. Estos son tratamientos caseros y casi sin contraindicaciones: sólo ser cuidadosos con las personas de avanzada edad o los niños, que puedan tener diabetes, problemas circulatorios o ser hipersensibles al frío. Y en caso de hacer inmersión en agua helada (método eficaz contra la fatiga muscular) debe ser con la supervisión de un kinesiólogo.

Con calor
El calor aumenta la temperatura de la piel y la de los tejidos subyacentes. Esto dilata los vasos sanguíneos y permite que fluya más sangre a la zona afectada. Este incremento de flujo ayuda a eliminar productos de desecho de las células, a que lleguen más nutrientes y a relajar los tejidos. La subida de la temperatura de la sangre también calienta el área y mejora la flexibilidad de los tejidos blandos.

Cuando una lesión lleva más de 72 horas de evolución, o hay rigidez crónica y dolor en las articulaciones o músculos, se recomienda la aplicación de calor, que puede ser húmedo (baño o ducha de agua caliente, botella de agua caliente, gel térmico, etc.) o seco (almohadilla caliente o una manta eléctrica). La aplicación es entre 10 y 20 minutos y se desaconseja hacerlo sobre una inflamación, o en personas con mala circulación, diabetes, sensibilidad alterada de la piel o procesos infecciosos, ni tampoco sobre una herida abierta o con puntos.

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