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Fue compañero de Diego y Cani y hoy atiende una pinturería

Scotto brilló en la década del '90 en el regreso de Maradona, también jugó en Rosario y Platense. Lejos del fútbol se las rebusca en el Mercado Central.

Siempre pintó para grandes cosas Darío Scotto, aquel goleador que surgió en Platense y luego de un recorrido por varios clubes recaló en Boca donde compartió equipo con Diego Maradona y Claudio Caniggia en 1995 dejando un sello imborrable. Hoy, a los 51 años por esas cosas del destino o el juego de las palabras, continúa pintando, y alegrando la vida de la gente de otra manera, lejos de las canchas, del banco de suplentes, el trabajo en las inferiores o el show mediático. Sino desde detrás de un mostrador, en el rubro comercial, mundo al que decidió rumbear tras colgar los botines para ponerse al frente de una pinturería en el Mercado Central de Buenos Aires y de otro local en Avellaneda que comparte con un socio.

A los 51 años su vida después de colgar los botines, se orientó para el rubro comercial. Scotto es un nombre que el hincha de Boca no olvida fácilmente porque está asociado a la presencia de Diego Maradona en su regreso al club xeneize en 1995 junto a Claudio Cannigia.

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Es que había que ser el 9 de esta dupla aquellos años. Claro que llegó con buenos antecedentes ya que venía de Platense y también jugó en Rosario Central dejando siempre estampado su sello de goleador de raza.

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Scotto se inició en El Calamar, club en el que jugó desde 1987 a 1992. Allí sus goles quedaron en la retina de sus hinchas ya que cada festejo los colocaba un poco más lejos del descenso.

“Platense es mi segunda casa por nueve años. Me dio la oportunidad de ser un jugador de fútbol”, le dijo el ex goleador a la señal de TN Deportivo.

Su gran campaña en Platense le abrió las puertas a con tan solo 22 años para emigrar. El Sporting de Gijón de la Liga Española lo recibió con los brazos abiertos, él mismo dejó una gran impresión y por eso le ofrecieron la continuidad. Pero la familia tiró más y se volvió.

“Me quise volver, me había puesto de novio, hablaba por teléfono cuatro minutos por día con ella, hoy no me volvería. Me costó mucho esa salida, y no la aguanté”, reconoció.

Y tras un paso breve por Necaxa de México, la pasión de Rosario Central lo cautivó y llegó finalmente de la mano de Pedro Marchetta.

Allí también la rompió y el Gigante de Arroyito lo acogió con clamar dentro de un equipo de lujo que también tenia como compañeros al Negro Omar Palma, al Pato Roberto Abbondanzieri y a Chacho Eduardo Coudet.

En el equipo Canalla jugó 68 partidos y convirtió 24 goles.

Su gran paso por Rosario le abrió el camino para incorporarse a Boca que lo tentó para sumarse al equipo de Diego Maradona. A pesar de que no era de la preferencia del “10”, Scotto llegó al Xeneize y fueron muchas las veces que ingresó desde el banco de suplentes para salvarle la ropa al equipo que por entonces dirigía Silvio Marzolini.

Convirtió 7 goles y el más recordado lo hizo el día del regreso de Maradona a la Bombonera como jugador de Boca, por la novena fecha del Apertura 1995, en aquel partido frente a Colón en el que Diego discutió con Julio Toresani y lo desafío al pelearse en Segurola y La Habana, el delantero que había había reemplazado a Manteca Sergio Martínez y en la última jugada decretó el triunfo xeneize con un gran cabezazo.

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“A mí Boca me tira de chico porque siempre fui hincha. El día que llegué yo, llegó Diego. Me cambié al lado de mi ídolo, fue bestial. Era verlo a Diego y admirarlo. Tuve la dicha de ser la delantera de Boca, con Caniggia, Maradona y Scotto, y eso no me lo va a quitar nadie”, recordó.

Hoy lo más cerca del fútbol que está es como acompañante de su hijo Iker, que está jugando en las divisiones inferiores de Banfield.

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Junto a su socio Gustavo tanto en el Parque Avellaneda como en el Mercado Central dónde están ubicadas las pinturerías están siempre dispuestos a asesorar a sus clientes, con un emprendimiento de pinturas ecológicas. Además de ser un medio de vida, esta actividad le permite poner la cabeza en otra cosa y lo ayuda a despegarse de la pasión que siente por el fútbol.

El azul y amarillo que marcaron buena parte de su carrera futbolística hoy forman parte de un muestrario más amplio de la paleta de colores en la que se ha transformado vida y que le permite, a su manera, continuar alegrando los corazones.

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