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Gustavo Giannini: "El jazz es música muy rica que no pierde su vigencia"

A la raíz. El virtuoso bajista retomó su quinteto de jazz y se refirió a su actualidad, previo al show que darán este miércoles en Mood Live.

Desde que comenzó a tocar en la escena zonal a los 20 años con Canabislito Funk, Gustavo Giannini no ha parado. La música no lo ha soltado nunca en su extensa carrera e hizo que Lito Nebbia, Claudio Gabis y Willy Crook recurrieran a su talento. Inquieto y dueño de un virtuosismo de esos con los que se nace, el músico roquense sale a escena este miércoles en Mood (Ministro González 40) con su segunda criatura: Giannini Quinteto, grupo de jazz fusión que vuelve al ruedo luego de un impasse de tres años.

Acompañado por Roberto García (guitarra), Pablo de la Fuente (saxo), Juan Pablo Bergese (trompeta y) Diego de la Vega (batería), Giannini se refirió a su estado actual en ese comenzar a girar desde cero con su proyecto, en donde la hermandad musical es una pata fundamental que le ha dado una identidad propia a su instrumento y obra.

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El domingo te presentaste con Canabislito Funk y hoy volvés a escena con el quinteto. ¿Fue una necesidad volver a tus dos proyectos?

Hace tres años que no tocábamos con el quinteto. Solo hicimos una presentación en La Estación de Centenario y otra en Fiske Menuco (Roca). Esta es la primera fecha en Mood de Neuquén después de mucho tiempo de tocar por allá. Estuvimos parados debido a un accidente que me pasó (se le cayó un portón encima y se quebró un brazo) casualmente justo después de un show con el quinteto. Después de una larga recuperación, volví a tocar pero con Sal Demonio (otro de sus proyectos en donde por primera vez puso la voz) junto con Pedro Folatelli. Después de la primera parte de la pandemia, no estaba permitido salir a tocar en banda. Canabislito está cumpliendo 24 años y el quinteto 19, y ambas bandas con la misma formación. Son muchos años y está bueno parar la pelota y regresar.

¿Y después de ese parate con qué se encontraron?

Para ser sincero, solo ensayamos una sola vez y después fue reencontrarse con esa química en el escenario. Todo está intacto a pesar de que todos los músicos del quinteto tenemos nuestros proyectos paralelos. Son muchos años juntos y tenemos muy interiorizados los temas. Ninguno tiene menos de 10 años. Me he preguntado “¿seguimos haciendo lo mismo que veníamos haciendo antes?”. Y cuando me lo repregunto digo “¿por qué no?”. Son propuesta musicales que hoy no están tan en vigencia, pero me parece buenísimo seguir tocando porque es música muy rica que no pierde vigencia. Desesperado es un disco que fue grabado en 2007, y lo escucho hoy y no hay que tocarle nada más allá de que las composiciones me pertenecen. Hay cosas mías que después no sé si me gustan tanto. Después está Fanky Menuco (2013), que salió por el sello Melopea y que estará presente en el show. Antes de Desesperado está Esperando, que fue grabado en formato cuarteto (aún no sumaba el saxofonista) y tiene un tiene más folclórico. Es un disco que no tengo porque no me quedó copia de las pocas que se hacían en esa época, porque se hacía todo con mucha fuerza y de forma artesanal.

Gustavo Gianinni

El quinteto tiene un largo recorrido en la escena regional. Hoy, a casi 20 años de vida, ¿cómo lo definirías?

Es una banda de amigos y es por esa razón que aguantamos tanto tiempo. Lleva mi nombre pero funciona como banda. Más allá de que haya hecho las líneas de las composiciones, todo fue trabajado como banda. Después, cada uno desarrolla su parte a su manera, porque confiamos el uno en el otro. Son años de hermandad. Salvo la primera formación, que tenía a Chula Fernández en batería, la formación fue siempre la misma.

El show comenzará a las 22:30 y las reservas de mesa se puede efectuar por Whatsapp al 2996136663 .

En la zona hay mucha gente que gusta del jazz y también hay varios músicos del género. ¿Sigue siendo difícil buscar ese espacio?

Creo que no porque ya ha existido. Son momentos. Sabemos que hay muy buen nivel de músicos de jazz en la región. En General Roca se tocaba mucho en Café Rodego y en Neuquén en La Fábrica (estaba ubicado sobre calle San Martín, entre Salta y Jujuy), en donde había un movimiento de bandas. También estaban los ciclos de Café Donato que se daban los domingos y se llenaban de público. Creo que ahora cuesta que eso se dé de manera independiente. Está faltando esa calle, esa música en el bar.

Interpretás y componés el género. ¿Te consideras músico de jazz?

No me considero músico de jazz, pero me convida compartir la música que anda por ahí. No es un estilo que maneje, pero me gusta mucho como el rock o el punk rock. Tengo mis músicos predilectos como Miles Davis o Jako Pastorius, aunque este último es más de fusión. No me considero un especializado en el tema como otros músicos que estudian el género y los estándares del mismo. Nunca lo he estudiado. Y cuando me he cruzado con un estandards de jazz es porque me lo han propuesto. Lo mío son más canciones, y en el quinteto esa melodía que lleva la voz la llevan el saxo y la trompeta.

¿Creés que ya tenés un distintivo propio en tu forma de tocar y sonido, o es algo que nunca se termina de pulir?

Hay un sonido que a través de los años ya está y se puede apreciar o vislumbrar. La forma, la postura de la mano en el instrumento al tocar. Cada uno va logrando su sonido. Soy mucho de tocar en la parte de atrás del bajo donde la cuerda no tiene tanto rebote. Y se logra un sonido “medioso”, más cortado. Hay músicos que tocan en la parte del medio y el sonido es más gordo.

Y en su momento, ¿cuándo o con qué comenzaste a hacer esa búsqueda de identificación?

En la adolescencia era fanático de Víctor Wotten (en el año 2013 se presentó en el Cine Teatro Español y un año más tarde en Casino Magic) que es tremendo. En aquel momento lo escuchaba todo el día en cassette. Y en ese tiempo no existía internet; no sabía cómo lograba sonidos como las notas tapadas. Suponía que lo hacía de determinada manera y fue así que, tomando su técnica, pensando que era así cómo él lo ejecutaba, terminó tocando otra cosa que me acompañó. En ese momento me pasó eso y hasta la información era de boca en boca. Por ejemplo, en las primeras composiciones de Canabislito hay mucho slap (técnica) de por medio. Hoy, musicalmente soy mucho más abierto, y también a la hora de ejecutar el bajo. Trato de ser auténtico, de trabajar para lograr mi sonido y no comparar. La música tiene algo hermoso que es que no se compite.

En 2015 tocaste en el teatro Colón con Lito Nebbia. ¿Qué sucede internamente como músico cuándo llegás a un escenario de ese calibre?

Fui con Lito (Nebbia) y antes había pasado con Claudio Gabis (integró Manal y La Pesada del Rock and Roll). Tuve la suerte de tocar rock en el Colón, que fue toda una rareza. Se dio en un año en que pasaron muchas cosas juntas. Hoy las veo para atrás y me emocionan. En su momento formó parte de la naturaleza del momento que estaba viviendo. Estaba tocando mucho por todo el país con Lito, y con Willy Crook llegué a hacer 29 giras. De alguna forma todo eso se fue perdiendo y es como que ya es parte del recuerdo, porque está lejos de la realidad en la que estoy actualmente. Jugarse por lo que uno ama es necesario. Ahora mi cabeza está puesta en el quinteto, Canabislito, que es lo nuestro, que es auténtico. Es lo que más me describe mi voz en cuanto a la música. Es la vuelta de la vida y nos seguimos eligiendo.

Nombraste a Willy Crook, con quien compartiste mucho tiempo en su última etapa ante de su deceso (en junio se cumplirá un año).

Lo extraño un montón. Y al estar acá (en el Valle) es como que no terminás de caer en que se nos fue. Nos veíamos cada tanto, hacíamos giras, y uno espera que llegue un mensajito de él. Desde 2012 hicimos 29 giras y todas con millones de anécdotas que jamás se me borrarán. Me sorprendió mucho porque hablaba seguido y estaba muy bien, en actividad, y no podía venir porque tenía fechas en Buenos Aires y viajaba seguido a tocar a Córdoba. Estaba otra vez en un gran momento y se le notaba que tenía ganas de tocar. Se nos fueron dos músicos de calle como Willi y Palo (Pandolfo). ¿Quién no se los cruzo alguna vez o habló con ellos en algún bar? Son músicos que salieron a conocer la calle, algo que no pasa con muchos exponentes del rock nacional.

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