Investigan complicidad de policías con narcos y delincuentes del Oeste

Es una causa por narcotráfico que está en manos de la Justicia Federal. Efectivos liberaban la zona y advertían sobre allanamientos a cambio de favores sexuales y droga.

Por Guillermo Elia y Guadalupe Maqueda

 

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Neuquén > La connivencia y complicidad de policías con las bandas del Oeste va más allá de las sospechas. La Justicia Federal tiene una causa de narcotráfico, derivada por la Justicia neuquina, en la que se investiga a policías que liberaban zona y advertían de allanamientos a cambio de droga y favores sexuales.
En esta zona olvidada de la ciudad el temor a las bandas y grupos hace que los vecinos se recluyan en el silencio aunque cada tanto se escuchan voces sueltas reclamando mayor presencia del Estado pero siempre bajo absoluta reserva porque el miedo se impone.
 
De convivencia y connivencia

En ese mismo Oeste viven cientos de policías que conviven en las barriadas y tomas con los delincuentes. “Es totalmente difícil para el policía vivir ahí y seguramente está haciendo todo lo posible por irse del barrio porque así como lo estigmatizan a él también lo separan los compañeritos al hijo en la escuela”, explicó el jefe de la Policía Raúl Laserna.
Pero la cercanía entre policías y delincuentes por domicilio o área laboral también invita a la connivencia. “En esos contextos existe el riesgo que el policía tenga cierta connivencia con los delincuentes pero también lo puede hacer otro que viva en la otra punta de Neuquén”, aclaró el titular de la fuerza.
Lo interesante será explicarles a los expertos del FBI que vendrán a capacitar a fiscales y policías esta dinámica, es decir que los uniformados residen en las mismas barriadas y tomas que los delincuentes y narcos.
 
La investigación
Los análisis sociológicos se derrumban al igual que las sospechas cuando surgen datos contundentes que obligan a revisar e investigar el accionar de aquellos uniformados que respectivamente están para hacer prevención y proteger a la sociedad.
En el segundo trimestre del año pasado el dato concreto apareció para romper con todo aquello que se dice en los barrios respecto de la complicidad de la Policía con las bandas.
En el antiguo sistema procesal había fiscalías que investigaban. Fue el equipo fiscal 6 el que tomó la posta de indagar sobre el accionar de las bandas.
En conjunto con personal del área de Delitos se hicieron minuciosas tareas de inteligencia en el sector de Cuenca XV y toma 7 de Mayo y aledañas.
Dichas tareas no fueron dadas a conocer a la Comisaría 18, que está a cargo de la jurisdicción y esa fue una decisión acertada por parte de los investigadores.
Días de trabajo tratando de pasar inadvertidos en un sector donde todos se conocen terminó rindiendo frutos.
Una persona del entorno de una de las bandas que maneja pibes para robar y distribuir drogas accedió a transformarse en testigo protegido, figura que parece responder más a una película hollywoodense que a la desértica realidad del Oeste.
 
Los detalles
El testigo, que estuvo tres meses bajo resguardo, aportó datos sumamente valiosos a los investigadores respecto del accionar de la banda: integrantes, modo de reclutamiento de los menores manipulados, tareas, forma de distribución de la droga y el ardid que utilizaban para esconder las armas además de apretar a vecinos a los que le obligaban a ocultarlas.
Entre los detalles surgió la connivencia con la Policía. “Reveló cómo personal de la Comisaría 18 liberaba zona y avisaba de allanamientos a cambio de droga o favores sexuales”, confió una fuente de la investigación.
“La banda tenía una chica que se encargaba de hacerles un pete (sexo oral) a los canas para que estos no jodieran”, detalló el informante.
En paralelo una fuente judicial reconoció esta situación. “Yo prefiero pagarles el pete a los policías para que no hagan esto”, manifestó indignado.
 
El turno de la Justicia Federal
Una vez que sumaron la información que necesitaban, el testigo protegido fue retirado de la ciudad y su actual lugar de residencia no será develado por temor a represalias.
Comprobado por la fiscalía y la Policía que se trataba de una causa de narcotráfico, debieron darle intervención a la Justicia Federal por una cuestión de competencia.
Todo el expediente fue derivado a una de las fiscalías Federales desde donde, bajo reserva, han reconocido no poder avanzar demasiado ya que hay complicidades con la Policía neuquina por lo que se aguarda la designación de una fuerza de seguridad nacional, que tampoco será la Policía Federal, para poder investigar el accionar de esta banda.

 

Laserna: “Hay que
ir a patear el nido”

Neuquén > El jefe de la Policía, Raúl Laserna, recibió esta semana a La Mañana de Neuquén en su despacho después de haberse resistido durante tres meses a atender a este medio.
La investigación de bandas que lleva adelante este diario y sus repercusiones obligaron al titular de la fuerza de seguridad a tener que hablar de las complicidades de efectivos policiales con la delincuencia, el accionar de las bandas, reclutamiento de menores y toda la problemática que afrontan los pibes del Oeste. De entrada, Laserna advirtió que “la Policía no puede sola contra esto”.
 
¿Qué posición asume frente a la grave problemática de los pibes, menores de edad, que son reclutados por mayores para cometer delitos? ¿Cómo responder a eso?
Cuando se habla de este tema, se habla de una alternativa A o B. O buscamos la punición judicial de menores o  buscamos otra alternativa, a partir de un análisis sociológico o criminológico, que consiste en ir al origen del problema y tratar de que esas barras de menores, que empiezan a escapar del ámbito familiar, caigan en manos de los reclutadores.
Mi manera de ver las cosas es la siguiente: nosotros tenemos que ser fieles al espíritu de la Ley de Minoridad. Lo que dice la ley es que a los menores hay que rescatarlos, resocializarlos y alejarlos del delito, pero no mirarlos como delincuentes. Si la ley se nutre de ese espíritu, me parece que la manera inteligente de atacar el problema es judicializar y reprimir, en el buen término de la palabra, a los mayores que reclutan, guían y enseñan a estos menores, con una aplicación judicial dura. Toda la fuerza represiva del Estado tiene que ir sobre los mayores que organizan a los menores y simultáneamente crear redes de acción comunitaria que involucren a todas las organizaciones del Estado y las que no lo son. La idea es tejer una red que aborde estos casos, sobre todo integrando a la familia del menor; lo que implica reunirse, intervenir y también ofrecer apoyatura logística.
 
¿Qué pasa con los testigos en esas barriadas?
Hay gente que tiene mucha información y no participa con la Justicia a la hora de testimoniar. Nadie quiere ser testigo. Por eso, lo que quiero significar es que la Policía no va a poder sola con esto. Va a tener que ir con una Justicia firme y otras entidades agrupadas, unas para pacificar y remediar, otras para castigar. Y no hay que tener miedo de decir, hay que castigar, porque acá hay que castigar. El mayor que le muestra la moto al menor como objetivo final de vida no puede tener cinco causas abiertas, por dar un número, y que no se termine de cerrar algo contra él. Todos lo estamos viendo y sabemos quién es, pero su situación procesal no se resuelve.
 
¿Cómo hace el policía para hacer su trabajo en sectores conflictivos de la ciudad cuando por ahí convive con el delito?
Es muy difícil. El policía es estigmatizado y perseguido, e indirectamente sus hijos también son discriminados en el colegio. Si vive en esos sectores, está haciendo todo su esfuerzo para irse.
 
¿No se corre el riesgo de que exista connivencia entre policías y delincuentes cuando conviven en un mismo espacio geográfico?
El riesgo existe, como existe el riesgo de que el policía que vive en la otra punta de Neuquén mire para otro lado.
 
¿Sabía que la Justicia Federal tiene una causa en la que se investiga la complicidad de la Policía con las bandas? ¿Maneja esa información?
No, me entero en este momento. Pero es un caso puntual, vamos a hablar de comportamiento institucional ante la conducta de sus empleados. Consta que cada vez que la Policía probó internamente hechos de corrupción o de policías que estén ligados a la droga han sido exonerados en corto plazo, sin esperar siquiera la resolución judicial. Si nosotros pudiésemos probar quiénes son estos policías, no tengan dudas de que en 30 días los exoneramos de la institución.
 
¿Asuntos Internos está investigando casos de corrupción en jurisdicción de la Comisaría 18?
Se investiga toda denuncia que llega. Desde la más grave a la más pequeña. Ahora, hay mucha gente que a ustedes como periodistas les habla; pero cuando el juez los llama a declarar, se calla; los llama Asuntos Internos y se calla. Por eso, yo decía que el testigo no habla. Cuando vio que Juancito mató a Pedrito no abre la boca; ni habla cuando ve que hay un policía corrupto. Sentirá temor, lógicamente.
 
¿Hay zonas liberadas como surge de la causa que se investiga?
No. Es cierto que no tenemos la cantidad de medios que quisiéramos tener. Pero no caigamos en la trampa, no es un problema de capacidad operativa. Si a nosotros nos dieran 500 policías para meter en el Oeste, ocurría lo que pasó la semana pasada con el menor de 12 años que participó de cuatro robos. Lo agarra la Justicia y se lo entrega a su mamá. ¿Qué más podemos hacer?
 
Los menores que roban ¿lo hacen para comprar droga, satisfacer el deseo de tener un par de zapatillas…?
Por las zapatillas, la moto, la importancia, el estatus dentro del barrio, son chicos que no tienen otro mecanismo de motivación. No van a la escuela, no están integrados socialmente, el espacio donde se desenvuelven es la barra, y en la barra se logra estatus y jerarquía “trabajando”. El gran desafío es separar esos chicos, tratar a nivel familiar a cada uno, combatir y encarcelar a los mayores que motivan esta situación; es decir, hay que ir a patear el nido ahí. Pero no lo va a poder hacer la Policía sola, con la apoyatura de la Justicia. Me parece que eso no será suficiente. Porque es mano de obra fácilmente reemplazable, tanto el menor como el mayor reclutador que anda detrás de esto.


¿Por qué es mano de obra fácilmente reemplazable?
Porque no sólo los menores buscan estatus y espacio, el reclutador no deja de ser un joven que ya cumplió 20 años y que también encontró su espacio de poder. Es un tipo que perdió el norte de cualquier otro joven que estudia o trabaja. Lo perdió, no lo tuvo.
 
¿La familia de esos menores responden?  ¿Qué trabajo hace el Estado con esa familia?
Hay una intervención, lo que no puede el Estado es reemplazar al padre y a la madre. Acá hay foros de Seguridad barrial trabajando y presencia del Ministerio de Desarrollo social, pero para mí falta mucha gente en esto. Solos es una tarea titánica. Acá tendrían que venir las distintas iglesias, convencer a los docentes, a la gente de Salud, y entre todos detectar casos. Involucrar a la familia, dentro de ese grupo de contención, ayudarla y guiarla.
 
¿Los casos más conflictivos son batallas perdidas?
Nunca son batallas perdidas. Son luchas difíciles que requieren mucha organización y trabajo para ponerlas en su lugar. Sobre todo trabajo en equipo, donde todos podamos opinar y decir por qué fulano si es reclutador no está detenido.
 
¿Cómo cree que terminan?
No pienso, aspiro a que sea un problema de la adolescencia, maduren y se transformen en personas de bien.
 
¿Cómo va a entender el hombre del FBI que el policía a veces vive pegado al delincuente que tiene que perseguir?
Para mí es una incógnita la capacitación que trae el FBI. Seguramente será de primer nivel y de categoría, pero se corre el riesgo de que las realidades sociales sean distintas e inaplicables. Nos pasó cuando tomamos los consejos de Barcelona y Canadá para la capacitación policial. Lo que más vamos a aprovechar son los temas de índole científico, esto es, el aseguramiento del lugar del hecho, la manera de interrogar a imputados y testigos, técnicas para tomar declaraciones, el secuestro de objetos, etc. Pero en cuanto a las bandas y pandillas en el Oeste, me parece que va a ser más rico el debate que la enseñanza. Nuestras realidades son diferentes, se manejan legalmente de otra manera y la Policía tiene un reconocimiento institucional distinto. Si se dan el lujo de que un policía salga solo en un patrullero hay un respeto desde la sociedad a esa figura que acá no ocurre.

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