Por Pablo Montanaro
NEUQUÉN - Una tarde de agosto de 2014, Ivana Precedo (25 años) se metió en la página de Facebook de los Bomberos Voluntarios de Argentina y entre la numerosa información vinculada a la actividad se interesó en un joven argentino que trabajaba en un cuartel de bomberos en Estados Unidos desde 2002.
Ivana le envió a Leandro Llarin (26 años) una solicitud de amistad y desde ese momento comenzaron a intercambiar comentarios sobre la actividad que ambos venían desarrollando, él en el cuartel Port Washington en Long Island y ella en Las Grutas, Río Negro.
Hija de un militar retirado, Ivana le contó a Leandro que había nacido en la Base Naval de Puerto Belgrano y que a los 15 años empezó a frecuentar el cuartel de bomberos de Las Grutas ya que la familia se había mudado a San Antonio Oeste. “En el secundario tenía un compañero que había ingresado como bombero voluntario y siempre me contaba la adrenalina que sentía ante cada intervención, y eso me generó mucha curiosidad hasta que un día me animé, lo fui a ver al cuartel y ya sabía que quería ser bombera”.
Leandro le escribió a Ivana que había nacido en Rosario, pero la crisis de 2001 generó que sus padres buscaran nuevos horizontes, lejos de la hecatombe económica y social que vivía la Argentina. Unos tíos que vivían en el distrito de Queens, en Nueva York, cobijó a la familia ofreciéndole trabajo en una fábrica.
Leandro le contó a Ivana cómo nació su pasión por esta vocación de servicio. Cuando tenía 8 años estaba en el balcón de su casa y vio una columna de humo y salió corriendo detrás del camión de bomberos hasta el lugar donde las llamas devoraban una casa. “Mi mamá corría detrás mío. Cuando llegué un bombero le dijo que yo no podía estar ahí porque era peligroso. Ella le contestó que yo había corrido varias cuadras para verlos en acción. El bombero se dio cuenta de mi entusiasmo y me dejó quedarme en un lugar seguro”. Era tal el entusiasmo de ese chico que los bomberos lo invitaron a visitar el cuartel cuando quisiera. Así fue que compartió largas horas soñando que un día sería como esos hombres.
A los 18, Leandro se anotó en el cuartel de Port Washington mientras Ivana estudiaba la carrera de Técnica Superior en Seguridad e Higiene sin dejar nunca de estar en el cuartel. La comunicación en las redes se fue haciendo más frecuente hasta que en marzo de 2015 se encontraron en Rosario, ya que Leandro viajó para ver a sus hermanos y sobrinos. Ivana hizo más de 1170 kilómetros desde Las Grutas hasta Rosario. “Ella se alquiló un departamento y aprovechamos para conocernos más y salir”, cuenta Leandro. Después de unos días, cada uno volvió a sus hogares, pero sabían que tarde o temprano iban a estar de nuevo juntos. Leandro preparó una valija y se volvió definitivamente a la Argentina.
En junio de 2016 decidieron vivir juntos en Centenario donde ingresaron al cuartel de bomberos de esta localidad. Por sus conocimientos de inglés, Leandro consiguió trabajo en la recepción de un hotel en Neuquén capital y en la actualidad trabaja en una empresa petrolera.
“No me imagino fuera del cuartel. Si no estoy acá me aburro. Veo a la gente caminar o correr, pero mi lugar en el mundo es el cuartel y salir a una intervención me completa”, describe Ivana. Leandro comenta que los días que no le toca trabajar hace guardias con ella en el cuartel.
“El amor me hizo volver, cuando regresé de Estados Unidos me sentí de vuelta en casa”, reflexiona Leandro y a Ivana se le iluminan los ojos cuando coinciden en la mirada.
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