La cerveza artesanal es furor entre los neuquinos

Está de moda tener un botellón recargable. Algunos comercios venden hasta 2500 litros por semana.

Andrea de Pascalis
depascalisa@lmneuquen.com.ar

NEUQUÉN
De repente, y en apenas unos meses, el consumo de cerveza artesanal en la ciudad se convirtió en un boom. Las reuniones entre amigos, fiestas, asados, cenas y almuerzos empezaron a incorporar en sus mesas un nuevo objeto, extraño las primeras veces, pero que se convirtió en un infaltable de los encuentros.

El famoso “botellón” de color ámbar que se recarga con dos litros de cerveza artesanal en los comercios conocidos en el ambiente como “growlers” impactó en el mercado de la ciudad de una manera impensada.

Los botellones pueden adquirirse en los mismos comercios que venden la cerveza.

Casi todo lo que se vende es cerveza elaborada en la zona. La demanda constante sorprende. Algunos comerciantes llegaron a vender hasta dos mil litros por semana, otros más chicos un poco menos, pero casi todos alcanzan los cien litros diarios.

Los comercios se multiplicaron en los últimos nueve meses. Ya son más de diez los puntos de venta que hay en el radio céntrico, y se proyectan otros tantos hacia el oeste y este de la ciudad.

Saber La gente se interesa cada vez más en los diversos tipos de cerveza que se elaboran.

Trabajan entre las 18 y las 23, horario límite de venta de alcohol en comercios de este tipo. Tienen entre seis y diez canillas disponibles para recargar diversas cervezas. Negra, rubia o roja y con diferentes sabores es lo que ofrecen. La mayoría son de productores de la zona, algunos también tienen de Bariloche, La Pampa y muy pocos venden de la provincia de Buenos Aires.

“Ahora es una moda tener un botellón”, opinó Santiago Nazzo, de La Barrica, quien desde hace cuatro años tiene un almacén de bebidas pero desde hace ocho meses se sumó a la venta de cerveza artesanal. Consideró que no sólo es una nueva tendencia que impactó, sino también que el consumidor se está educando y aprendiendo sobre este tema.

“Tenemos tres locales y en los tres se vende mucho, pero en el de Mercantiles, que es más de barrio, la movida es distinta. Algunos clientes van más de una vez al día a cargar el botellón”, contó Santiago, y dijo que si bien el consumo de cerveza es fuerte en el verano, el furor es tal que por ejemplo ellos vendieron 500 litros en un día de este invierno cuando el termómetro no llegaba a un grado.

“Empezamos el primero de julio y nunca pensamos que iba a tener esta demanda. Hasta los productores están sorprendidos”, contó Rafael Gomezza de Draft Beer, en calle Roca. Relató que con dos amigos, ahora socios, decidieron incursionar en este negocio que parecía incipiente en la ciudad.

Como nunca trabajaron en comercio, abrieron en invierno porque el mayor consumo de cerveza se da con el calor. Pensaron que con una demanda tranquila podían adaptarse a la vida comercial de la ciudad, pero el movimiento fue tan rápido que de un día para el otro se encontraron con el local repleto.

“En 21 días el promedio de venta por semana fue de 2500 litros”, dijo Rafael, quien luego consideró: “Esta tendencia creo que se da porque están cansados de la cerveza industrial, el sabor es distinto, es rica y buena, a la gente le gusta, no da resaca, no produce malestar en el momento ni después, y el gasto es el mismo”.

Ignacio Arregui, de Mr Fill en calle Córdoba, fue uno de los primeros en abrir este tipo de local en la capital neuquina. Vio en este poco tiempo cómo el furor del botellón se expandió: “Todos los días tenemos alguna persona preguntándonos cómo hacer para poner un local de estos, y no es tan fácil”.

“Tenemos nueve canillas, pero no son las convencionales, es otro sistema con el que no tocamos la cerveza porque no entra oxígeno”, explicó, y dijo que el problema que está surgiendo ahora es que, ante tanta demanda, a los productores artesanales locales se les está complicando dar respuesta a todos los locales que se están abriendo.

Se compra más en invierno que en verano

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Leonardo Daguanno es productor de cerveza artesanal en la ciudad y uno de los proveedores de algunos “growlers”.

Coincide con los comerciantes en que el boom comenzó en los últimos meses y que la demanda es tan alta que no alcanzan a dar respuesta con todos los productos. “Este invierno se vendió más de lo que se vendió en el verano”, dijo Leonardo, quien diseñó la marca Klover.

“La producción promedio de cada uno de los que estamos en la región, desde Senillosa hasta Roca, es de unos cinco mil litros mensuales. Aumentó el consumo, pero también cambiaron los consumidores. Se están educando en este tema, y además antes el promedio de edad era entre 20 y 30, ahora es entre 18 y 60 años”.

Contó que ellos también vendían cerveza en botellón, pero luego de dos meses tuvieron que parar con este emprendimiento porque no llegaban a dar respuesta a sus clientes.

“Recibo entre 10 y 15 llamados por semana de personas que quieren abrir este tipo de almacén de bebidas”, contó sobre el boom del botellón, y dijo que este fenómeno se está dando porque cada vez es más fácil acceder a la compra de esta cerveza artesanal ya que hay variedad de sabores, es rica, menos gasificada y los valores son los mismos que en un almacén de barrio.

Consultado sobre la posibilidad de que se pierda calidad en el producto ante el exceso de producción, Leonardo dijo que lo ideal es que se estacione un mes la cerveza antes de la venta y eso es lo que se intenta hacer.

“Nosotros estamos invirtiendo para pasar de los cinco mil de ahora a 12 mil litros mensuales. Queremos llegar al verano con esta producción”, señaló.

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