La doble labor en una dieta: empezarla y no abandonarla

Comienza la época de bajar los kilos de más del invierno: que la ansiedad no nos juegue en contra.

La ansiedad conduce a tomar alimentos calóricos de forma compulsiva, a horas inapropiadas y en exceso, una práctica que en un primer momento consigue un efecto tranquilizador (satisfacción inmediata) pero que a medio plazo conlleva abandonar el régimen y sufrir sentimientos de culpa y baja autoestima. En muchas ocasiones esa ansiedad, originada por diferentes factores, estaba antes de iniciarse la dieta y continuó hasta malograr el objetivo de adelgazar.

¿Cómo resolverlo, entonces? Controlar la ansiedad antes, durante y después de la dieta conduce a cumplir el objetivo: adelgazar de forma saludable y no volver a recuperar el peso perdido una vez finalizado el proceso. Según los especialistas, “la ansiedad es uno de los procesos más habituales a la hora de hacer dieta, es una sensación de no poder comer, cuando en realidad se trata de comer de otra manera”. Conjugar la dieta con un tratamiento psicológico que ayude a identificar las causas de esa ansiedad podría parecerse a lo ideal. Sin embargo, existen técnicas para vencerla sin recurrir a terapia.

Ejercicio Clave, no sólo porque ayuda a quemar calorías sino porque calma la ansiedad.

Beber caldos vegetales, infusiones y agua entre horas ayuda a sentirnos saciados y a eliminar toxinas. No consumir en exceso alimentos excitantes, como café, té o chocolate, porque aumentan los niveles de adrenalina y la ansiedad. Comer alimentos ricos en fibra que nos hagan sentir saciados, como legumbres, pan, pasta y arroz integral. Estos últimos, que son carbohidratos complejos (como también los cereales y las papas), son fundamentales en una dieta equilibrada. En su versión integral cuentan con la ventaja de tener un menor índice glucémico, que supone que los niveles de glucosa en sangre no aumentan tan rápidamente, consiguiendo saciedad y evitando acumular grasa.

Un punto clave es establecer cinco comidas por día y tener en claro que hacer dieta no es pasar hambre sino comer alimentos adecuados a cada momento. Y en lo posible, sin apuro y masticando bien para una mejor digestión. Lo mismo que hacer ejercicio físico y aprender a respirar, incluyendo técnicas de relajación. Y, por sobre todo, aprender a distinguir entre hambre y ansiedad. Antes de ingerir, reflexionar al respecto, y saber que comer sólo por comer es sumar innecesariamente calorías y tirar por la ventana el esfuerzo previo.

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