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La dramática historia de amor de Isabel Pantoja y el torero Paquirri que conmovió al mundo

Isabel Pantoja y Paquirri se enamoraron y formaron una familia admirada. Pero la felicidad duró un suspiro y la cantante se convirtió en "La viuda de España".

La boda del año ya estaba encaminada. El amor de la cantante Isabel Pantoja y el torero Paquirri se consumaría al día siguiente y, para que todo salga tal como había soñado la pareja, habían citado a los invitados a un ensayo de boda. Mientras que los organizadores coordinaban el evento y explicaban el rol de cada uno, la lámpara de la iglesia se desplomó. No hubo heridos, pero sí un gran susto generalizado. También el sinsabor de un acontecimiento que anunciaba un mal augurio.

Antes de conocerse, a Isabel Pantoja no le gustaban las corridas de toros, menos que menos hoy en día. Sin embargo, el 26 de mayo de 1980 aceptó ir a uno de los espectáculos invitada por el también torero José Mari Manzanares. Con la montera sobre su cabeza y el traje de luces que contrastaba con su tez morena, Francisco Rivera Pérez cruzó miradas con la cantante y a ambos el corazón les comenzó a latir más rápido. “No te puedo ni explicar lo que se me pasó por el cuerpo”, contaría más tarde la Pantoja sobre el día en que sus vidas se entrecruzaron. Cuando la faena concluyó y ella se disponía a abandonar la plaza, un fotógrafo la invitó a que lo acompañase a visitar a Paquirri en la habitación de su hotel.

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-“Tú eres la Pantoja”, afirmó el torero cuando la vio.

-“Si no te importa, Isabel”, le contestó ella con su mejor sonrisa.

Aquella tarde no conversaron mucho. Isabel Pantoja lo felicitó por su destreza en la arena y él le habló sobre sus hijos Francisco y Cayetano. Cuando se despidieron, Paquirri no tardó en buscar al representante de la cantante y le pidió la lista de todos los espectáculos que daría. Durante un año entero, gala tras gala, el torero marcó presencia y esperaba aquel momento con las ansias de cruzar sus miradas nuevamente

Finalmente, luego de su actuación en Madrid, decidió que era el momento, entró a su camerino y le robó su primer beso. “Fue la historia de amor más bonita que tú puedas imaginarte. Pero lo bueno dura poco. Era tal felicidad, tan perfecto todo… pero la felicidad completa no existe. Y yo la tuve”, narra todavía con pesar la estrella española, antes de rememorar el trágico desenlace.

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Isabel Pantoja y Paquirri se flecharon en un instante. Fue amor a primera vista.

Isabel Pantoja y Paquirri se flecharon en un instante. Fue amor a primera vista.

Tras un largo coqueteo, la pareja comenzó a verse públicamente y, para noviembre de 1981, los rumores de casamiento comenzaron a perseguirlos. Una y otra vez lo desmentían ante los periodistas y explicaban que todavía no había llegado el momento de formalizar su unión. En parte porque se estaban conociendo. Otro tanto porque el torero seguía intentando obtener la nulidad eclesiástica de su matrimonio con Carmen Ordoñez. Para febrero del ‘83, a un mes de haber recibido los papeles de la iglesia que daban cuenta de su divorcio, Isabel Pantoja y Francisco Rivera Pérez anunciaron su próximo matrimonio.

El sábado 30 de abril de 1983, en Sevilla se vivía pura fiesta. Isabel, con un vestido blanco, una cola de siete metros y doble tul ilusión, se preparó en su domicilio. Paquirri, luciendo un traje draculesco, vivió los preparativos en el hotel Alfonso XIII. Cuando ella estuvo lista, salió espléndida y recorrió la ciudad en una carroza tirada por cuatro caballos, casi como si se tratase de un cuento de hadas.

"Hay en Sevilla una boda, la mejor del mundo entero, se casa Isabel Pantoja con Paquirri, el torero", se oía cantar entre el público de curiosos a un anciano, que se vistió con sus mejores ropas para ser testigo del gran evento. No era para menos: con 1200 invitados, se destacaban entre ellos la duquesa de Alba y la cantante Rocío Jurado, entre otros artistas.

Dentro de la iglesia Jesús del Gran Poder, cuando Paquirri pronunció el “Sí, quiero” las lágrimas de felicidad se desbordaron por la cara de la tonadillera y el público se emocionó junto a ella. Cuando el 9 de febrero del año siguiente llegó a este mundo Francisco José “Kiko” Rivera Pantoja, España volvió a suspirar con ellos. Por eso, cuando la tragedia sobrevino siete meses más tarde, el país entero se conmocionó.

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El casamiento de Isabel Pantoja y el torero Paquirri conmovió a España.

El casamiento de Isabel Pantoja y el torero Paquirri conmovió a España.

Como tantas otras veces había hecho, el 26 de septiembre de 1984 Paquirri se presentó por la tarde en la plaza de toros de Pozoblanco luciendo un terno verde y oro. Ya se encontraba firme sobre la arena cuando Avispado, el toro número 9, salió a su encuentro. Al principio fue como una coreografía: él alzaba el capote rojo en el aire, mientras el animal de 420 kilos arremetía. Una vez, dos veces, varias más. Hasta que tras el primer puyazo, el toro se embraveció y lo alzó por los aires.

La escena se volvió sangrienta y confusa. Parte del público gritaba a viva voz, mientras otros tantos contenía la respiración completamente shockeada. Primero un peón le cortó la salida al toro, pero la bestia estaba enfurecida, buscaba su revancha y arremetió nuevamente contra él. En cuestión de segundos, la cuadrilla al quite intentó protegerlo, incluso empleados de la plaza saltaron a la arena para ponerle fin a la pesadilla. Tras un momento que se vivió como una eternidad, lograron sacar a Paquirri de la arena.

La primera reacción del subalterno Rafael Corbelle, de la cuadrilla de El Soro, fue arrancarse el corbatín para que le hicieran un torniquete en la pierna. Al llegar a la enfermería, el doctor Eliseo Morán contuvo sus hemorragias y examinó la gravedad de sus heridas. Cuando consideró que la situación estaba más o menos contenida, lo preparó junto a otros médicos para su traslado al hospital de Córdoba.

- “Doctor, la cornada tiene al menos dos trayectorias. Una p’aca y otra p’aca. Abra todo lo que tenga que abrir, lo demás está en sus manos”, intentaba calmar el mismísimo torero a los médicos. Pero la vida se le iba en cada aliento.

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La enfermería no tenía siquiera anestesia, por lo que, cargado de agonía, Francisco Rivera Pérez tuvo que soportar su último viaje. Con el sol cayendo en el horizonte, la ambulancia serpenteaba por la carretera angosta que lo dirigía hacia el hospital. Con un hilo de voz, el herido llegó a preguntar cuánto faltaba para llegar: sentía que sus pulmones ya no podían contener más el aire. Tras hora y media de viaje por un camino tan herido como el famoso torero, su corazón dejó de latir justo cuando arribó al quirófano del Hospital Militar de Córdoba.

- “¡Se ha muerto, se ha muerto!”, vociferó desconsolado su mozo de espadas, Ramón Alvarado.

Isabel esperaba en su casa la llamada de su amado. Era habitual que lo hiciera cada vez que terminaba de torear, para contarle en detalle cómo le había ido. Pero cuando la línea sonó, la voz no fue la esperada. Tampoco las noticias. “Me partió en dos. Era el mejor padre, el mejor amigo, el mejor torero, el mejor todo… la persona a la que más he querido en mi vida”, describió la Pantoja hace algunos años. Tras aquel acontecimiento nació una nueva leyenda: a sus 28 años, se convirtió en "La viuda de España".

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Isabel Pantoja jamás volvió a casarse. Tras la muerte de Paquirri, se ganó el apodo de

Isabel Pantoja jamás volvió a casarse. Tras la muerte de Paquirri, se ganó el apodo de "La viuda de España".

Con anteojos oscuros y vestida de negro, su luto duró 14 meses. Sin pisar los escenarios por un gran tiempo, volvió renovada en noviembre del ‘85 con su disco más exitoso: Marinero de luces. Compuesto por José Luis Perales, cantó su dolor en cada una de las canciones y volvió a conmover a millones de personas en todo el mundo. “Se quedó tu silencio, de rojo y arena, clavado en el mío/olvidaste que yo, gaviota de luna, te estaba esperando”, entonaba sus estrofas con un tremendo sentir.

Fiel a su hombre y al propio mito que se generó en torno a ella, nunca más se volvió a casar. Isabel no volvió a ser la misma, tampoco las corridas de toros, siquiera España. Todavía, a 36 años de aquella tarde fatídica, la Pantoja sigue sin poder hablar del tema sin que afloren las lágrimas: “Aún bebiéndome las cataratas del Niágara voy a dejar de llorarle. No hasta que yo me vaya”.

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