La moda de la barba revivió a las barberías

Estos lugares ya cautivan a los neuquinos, ávidos en cuidarlas y mantenerlas con estilo.

PABLO MONTANARO
montanarop@lmneuquen.com.ar

NEUQUÉN
El regreso de la barba, ahora cuidada, prolija y con cierto estilo, provocó que en los últimos años resurgieran las barberías a la vieja usanza y, por ende, la figura del barbero. En Neuquén son pocos los lugares dedicados al cuidado de los hombres barbudos, pero las que hay brindan la posibilidad de experimentar ese antiguo arte.

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“Creo que este fenómeno que se está dando tiene que ver con una igualdad de género, la mujer siempre tuvo su lugar en la peluquería, ahora los hombres también cuentan con un lugar para sí mismos y tener ganas de dar una buena imagen, verse bien y hasta compartir música, una charla y tomar una cerveza”, explica Víctor Soto, de Sagrada Familia Barber Tattoo Shop.

Navajas, cepillos viejos, toallas, sillón vintage y fotografías antiguas forman la escenografía de esta barbería en la que todo está preparado para que el cliente viva y disfrute de “una experiencia”, porque la idea es “que ni bien entra al local se pare el tiempo”, describe Víctor, el joven barbero.

Destaca que en su barbería se brinda una atención personalizada a cada cliente para que este luzca una barba perfecta y suave.

“Por la barbería pasa un crisol de urbes, de tribus, desde gente que trabaja en petroleras hasta analistas de programación, tatuados o no, y no es casual que en la puerta del local haya estacionada una moto”, comenta Lucho sobre los clientes de su barbería Las Hormigas.

Lucho luce una barba no muy tupida pero cuidada, como la que le propone a sus clientes. “Hacemos de este estilo nuestra vida, porque si tengo barba la cuido, así como también el corte de pelo. Tenemos clientes que vienen para arreglarse la barba una vez por semana o cada diez o quince días”, puntualiza.

Sin duda que el uso de la barba fue cambiando con el tiempo. En una época fue sinónimo de hombría y sabiduría; se pasó del intelectual al hippie, del revolucionario al hípster. Hoy la barba da presencia, estilo, ya no es la desarreglada o la que daba mal aspecto.

“Antes la barba se usaba estilo vikingo, quien la tenía prolija se lo tildaba de gay. Ahora el hombre se la emprolija, le da calidad y le hace una cara más formal”, describe Juan Carlos Guerrero, barbero que se desempeña en Las Hormigas, quien a los 15 años empezó a conocer el oficio junto a su padre, peluquero en República Dominicana.

Los barberos neuquinos coinciden en que cada cliente busca una barba de acuerdo con su estilo y mantenerla lleva tiempo. Se adaptan a pedidos exóticos y suman nuevos cortes. Así se las mantiene con lavado, corte y cremas. Lleva tiempo y marca un estilo. Juan Carlos afirma: “Muchos te piden el corte de algún famoso, también que le des un color en la barba como tiene Messi por ejemplo. Pero lo que más te piden es que les quede bien tupida pero marcada”.

El barbero dominicano arriesga un pronóstico: “Veo difícil que esta moda pase porque a las mujeres les gustan los hombres con una barba prolija y arreglada”.

OPINIÓN
Confesiones peludas

Mauricio García
Periodista

Tengo peine de madera, tres aceites de diferentes aromas, un bálsamo para darle un poco de forma y un jabón para lavarla.

Tengo pelos negros, dos o tres colorados y muchos, muchos blancos.

Se me enrula y no deja que la peine y me tira y me duele y me enoja.

Me siento ridículo cada vez que voy a nadar a la pileta porque uso gorra, pero en la parte baja de la cara tengo más pelo que en el resto del cuerpo.

Prendo el fuego del asado y se me pasa de humo. Algunos niños se asustan cuando los saludo. Otros me tocan la barba como si fuera un fenómeno de circo sin carpa. Las chicas más jóvenes me dicen señor en señal de años más, más que de respeto.

Cuando tomo sopa, mi estómago y mi bigote se pelean por la parte del alimento que les toca a cada uno.

Respiro, me miro al espejo y pienso que en una de esas el destino me tiene preparado un look barbeta como los de Brad Pitt o George Clooney, pero siempre termino más cerca de ser el hijo no reconocido de Jorge Cafrune, Emilio Pérsico y el Papá Noel del shopping.

Y aun así sigo barbudo. Casi siempre en exceso. Otras, con dos o tres pelos locos raspándome la trucha. ¿Por qué? Ni idea. Pero qué divertido desafiar tanta prolijidad lampiña y aburrida con estos pelos inconvenientes.

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