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La pelea entre Lennon y McCartney que le puso fin a la increíble aventura de Los Beatles

Egos, celos, diferencias musicales y de vida. Los dos Beatles terminaron con el mítico grupo y entraron en una guerra judicial que los separó por años.

Paul McCartney pasó los últimos dos meses de 1970 debatiendo con su conciencia: “¿Demando a mis amigos o no los demando?”. El shakesperiano interrogante lo tenía tenso, amargado, enojado. Ya estaba resignado a que Los Beatles no eran más un grupo, aunque sí seguían siendo un imperio, una sociedad que acumulaba mucho dinero y de la que el bajista quería abrirse. “No puedo demandarlos”, se reprochaba Paul. Se preocupaba, entre otras cosas, porque hacerlo lo colocaría en el rol del villano de la película, que puertas adentro era un film de terror aunque para el mundo entero seguía siendo una comedia romántica llena de magia. No quería hacerlo pero lo hizo: el 31 de diciembre demandó formalmente a sus tres amigos de Liverpool, John Lennon, George Harrison y Ringo Starr, en un proceso judicial que se desarrolló en enero, hace 50 años, y significó la ruptura final de los Fab Four: la legal.

En el juicio, McCartney apuntó sobre todo al mánager que Los Beatles tenían desde hacía un par de años: Allen Klein, un empresario norteamericano que también había manejado por un tiempo a Los Rolling Stones. Klein había sido acercado por John Lennon luego de que la muerte de Brian Epstein, histórico representante de la banda de Liverpool, dejara un hueco en algunas cuestiones que los músicos no sabían resolver, como las financieras. El juicio terminó con la designación de un síndico (así lo resolvió la justicia británica) que intervino los bienes de Los Beatles, congelando el dinero que seguía ingresando fuerte a la tesorería de la compañía Apple Corps, donde se aglutinaban todos los negocios del grupo.

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El accionar de Klein era tan dudoso como sus antecedentes. Antes de llegar a las cartas documentos, McCartney le dijo formalmente y cara a cara que quería que “le liberaran sus contratos de Apple o los demandaría”, lo que provocó la carcajada del empresario, curtido en asuntos legales y con varias batallas judiciales encima por diversos juicios. En cierto modo, lo de Paul McCartney fue toda una visión, porque unos años después también John Lennon y George Harrison tuvieron conflictos legales con el empresario estadounidense, acusado y denunciado por fraude. Pero ésa es otra historia.

La que tiene que ver con Los Beatles es un relato en el que sobresalen las miserias que puede promover la puja por el dinero, aunque el verdadero objeto de la pelea era, en realidad, la saturación personal, el crecimiento individual de cuatro tipos a quienes el 25% del espacio que les correspondía en el grupo les quedaba chico. Especialmente, claro está, de John Lennon y Paul McCartney. Hacía bastante que la sociedad como compositores se resumía a los derechos de autor, porque ya no existía la química que los llevó a convertirse en la mejor dupla de autores de la música contemporánea.

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Las diferencias entre McCartney y Lennon terminaron con una banda inolvidable.

Las diferencias entre McCartney y Lennon terminaron con una banda inolvidable.

Para comprender mejor la génesis de la debacle, hay que remontarse a los finales de la década del 60, puntualmente a octubre de 1969, cuando John Lennon regresó a Inglaterra de un festival de música en Toronto, Canadá, y lo hizo con la idea de formar un nuevo grupo, junto a Eric Clapton y Klaus Voorman. Este paso significaba dejar Los Beatles, aunque Allen Klein lo frenó en seco: un anuncio así podría llevar a la quiebra a la banda, que ya había cobrado adelantos de EMI que aún no estaban pagados. Lennon se guardó sus deseos pero se encargó de que sus compañeros lo supieran, especialmente su amigo-rival, Paul McCartney, quien propuso una reunión en Londres a la que fue rebosante de proyectos musicales para Los Beatles. John se los rechazó todos.

-Todavía somos Los Beatles, ¿verdad? -preguntó Paul.

-Yo no soy ningún Beatle -respondió, hiriente, John.

-Claro que lo sos -dijo McCartney.

-¡No lo soy” -grito Lennon. Y arremetió: -Esto se terminó. Quiero divorciarme, como me divorcié de Cynthia. ¿No podés meterte eso en tu maldita cabeza?

Este diálogo, que reveló Peter Brown en el excelente libro “Los Beatles, una biografía confidencial”, mostraba no sólo la decisión de Lennon sino también la obstinación de Paul de nunca perder la corrección. Si algo está roto, hay que seguir intentando arreglarlo. Pronto cambiaría de actitud…

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Lennon y McCartney, peleados, emprendieron carreras solitas. En el medio, una guerra judicial por los Beatles.

Lennon y McCartney, peleados, emprendieron carreras solitas. En el medio, una guerra judicial por los Beatles.

Buena parte de ese cambio comenzó el 26 de enero de 1970, cuando, casi de forma unilateral, Lennon le entregó al productor musical, Phil Spector, las cintas de Let it Be, que estaban archivadas en una bóveda de Apple, donde habían quedado junto con todo el material fílmico de lo que iba a ser una película Get Back, y terminó siendo la imagen y el sonido de la degradación humana a la que Los Beatles se habían convertido como grupo.

Entre el fallido anuncio de separación de Lennon y la aparición de Spector en la escena musical beatle, pasaron cosas. John devolvió la medalla de la Orden del Imperio Británico, molesto por el apoyo de la Corona a la guerra de Vietnam y su indiferencia al hambre en Biafra (“si sabía que era para eso, no se la daba”, dijo después la tía de Lennon, Mimi, quien guardaba la valiosa medalla en su casa) y sacó un disco con la Plastic Ono Band, que tuvo una canción que fue un éxito absoluto en los Estados Unidos, donde vendió más de un millón de copias: Instant Karma. Este tema fue arreglado y producido por Spector, quien se llevó un gran reconocimiento de la crítica y del propio Lennon (de ahí el “regalo” del material de Let it Be).

Paul, en tanto, decidió también encerrarse a preparar su primer disco solista. Tenía ideas que Los Beatles le habían rechazado y las puso en un álbum propio, que se llamó McCartney. Se fue a grabarlo a una granja en Escocia, en High Park, donde se instaló casi medio año junto a su esposa, Linda, la hija recién nacida de ambos (Mary), la hija de Linda (Heather) y la famosa perra Martha. Su retiro fue en el más absoluto secreto y como su ausencia se hizo larga, muchos comenzaron a sospechar que algo ocurría. Y alguien pensó lo peor: Paul había muerto. Y desde ahí tomó fuerza una de las fake news más famosas de la historia, con teorías disparatadas que intentaban justificar que McCartney había perdido la vida en un accidente de tránsito. Se dijo que había sido reemplazado por un actor llamado William Campbell, quien se hizo una cirugía estética para parecerse a Paul; que en la tapa de Abbey Road, en la famosa foto que cruzan la calle que lleva ese nombre, caminaba descalzo porque era un cadáver y tenía el paso cambiado respecto a sus compañeros; que la patente del auto Volkswagen que se ve en la foto (28 IF) significa que esa sería la edad de Paul en aquel momento…

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La icónica foto en Abbey Road con McCartney descalzo que desató todo tipo de fantasías.

La icónica foto en Abbey Road con McCartney descalzo que desató todo tipo de fantasías.

Alguien de Apple filtró que el bajista estaba en Escocia descansando, sin dar más detalles, porque el propio músico quería sostener la intriga. Y esto provocó que un equipo periodístico de la revista Life se movilizara a los campos escoceses para rastrear a Paul. Y se con encontraron la granja, con la perra Martha que les ladraba y con McCartney que, invadido, los insultaba a los gritos y hasta les tiró un baldazo de agua para echarlos del lugar. Todo fue retratado por las cámaras de los fotógrafos de Life. Paul, a los pocos minutos, se dio cuenta de que había perdido como nunca el control y salió con su camioneta a buscar a los periodistas, a quienes alcanzó y, luego de disculparse, les ofreció un canje: una nota íntima y exclusiva a cambio del material fotográfico en el que se lo veía en medio de un ataque de ira. “Los rumores de mi muerte fueron burdamente exagerados, aunque si estuviese muerto, seguramente sería el último en saberlo”, declaró graciosamente McCartney en Life y terminó con esa historia.

Pero la que no terminaba era la historia de Los Beatles, aunque cada vez le quedaba menos tiempo de vida. Y eso sí que no era una fake news, porque cuando Paul volvió a Londres, en marzo de 1970, llamó a Lennon y le dijo: “Hago lo que hiciste vos: voy a sacar un álbum. Y abandono Los Beatles”. John, lejos de enojarse, estaba sorprendido porque no podía creer que Paul sintiera todavía que existían Los Beatles como para anunciar que los abandonaba. Y lo ironizó: “Ya somos dos los que lo aceptamos mentalmente”. El bajista pretendía editar su trabajo solista en abril de 1970 pero Klein le dijo que no, que para esa fecha estaba previsto el lanzamiento de Let it Be (disco y película) y luego un álbum de Ringo Starr (Viaje Sentimental). Paul quedaba en lista de espera y, furioso, recibió en su casa a Ringo, quien quiso calmar las aguas y terminó salpicado: “Me están boicoteando y los voy a aniquilar: me las van a pagar”, le dijo Paul a su amigo, mientras le ponía el dedo índice en la cara y lo echaba de su casa.

La suerte de Los Beatles estaba echada. Ni siquiera la corrección tan “british” que siempre caracterizó a Paul sobrevivía al naufragio y la estocada final fue cuando escuchó, terminado por Phil Spector, el disco Let it Be. Para el compositor más completo y refinado de Los Beatles, el sonido de Spector fue un insulto a la trayectoria del grupo. Pese a todo, al producto había que cuidarlo y para Paul McCartney, Los Beatles seguían siendo la creación de cuatro muchachos de Liverpool y su impronta, en su momento matizada y profundizada por la calidad y buen gusto (compatible con el de Paul, claro) de George Martin. Pero no de Spector, que había agregado montones de sonidos, incluyendo coros femeninos, que a McCartney le disgustaban, como los arreglos con los que salió editada la balada “El largo y sinuoso camino”, una canción que Paul originalmente grabó con una guitarra y que para él no necesitaba nada más. El último límite de Paul, la música de Los Beatles, había sido traspasado. Y anunció públicamente que “por diferencias personales, comerciales y musicales”, dejaba el grupo.

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Hace 51 años se terminaba una de las bandas más famosas de la historia, Los Beatles.

Hace 51 años se terminaba una de las bandas más famosas de la historia, Los Beatles.

Y desde entonces comenzó su batalla por disolver la sociedad tal como estaba, sin siquiera importarle la fuerte carga impositiva que había que pagar por romper esos contratos y pasar a ser 100% independiente. No quería saber nada con Klein ni con John, George y Ringo, aunque sufría la dualidad de sentimientos: estos tres eran, o habían sido, sus amigos y compinches. Para evitar la demanda, debía convencerlos de firmar voluntariamente la disolución, aunque costara caro. No lo escucharon. Le escribió una carta a Lennon y recibió como respuesta una caricatura y una doble pregunta: “¿Cómo y por qué?”. Paul contestó: “Firmando un papel donde aceptemos disolver la sociedad Apple. ¿Por qué? Porque ya no tenemos una sociedad”. John le envió una postal cargada de su habitual acidez: “Que te mejores pronto. Conseguí las otras firmas y lo pensaré”.

No hubo otras firmas ni acuerdo alguno. Sí hubo una demanda y, tras la intervención de la Justicia para resolver el caso, quedó una herida que continuó sangrando en formato de canciones. En su segundo disco solista, llamado Ram, Paul escribió para Lennon sin nombrarlo y lo trató de “chico tonto que destruye sus oportunidades (…). Querido muchacho, espero que nunca sepas cuánto me echaste de menos”. Y la respuesta le llegó en “¿Cómo puedes dormir?”, tema que John publicó en Imagine: “Tenían razón esos payasos cuando dijeron que habías muerto. Lo único que hiciste fue ayer (por el tema Yesterday) y desde que te fuiste no sos más que un día pasado”. La dupla de compositores más exitosa del siglo XX se bombardeaba, ya de modo individual, con su arte. Y grupo más importante de la historia contemporánea, que empezó a romperse definitivamente hace 50 años, naufragaba en un mar de rencores. Por suerte, su obra se mantuvo por siempre indeleble.

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