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La polibanda que acribilló al cabo Acuña en Zapala

La banda la integraban dos policías y la amante de uno de ellos. Cuando iban a detener al oficial asesino, se voló la cabeza delante de sus superiores.

Una polibanda asaltó la sede del Pago Fácil y de la mutual Antú Nehuén de Zapala, en abril de 2010, y asesinó de cuatro tiros al cabo Sergio Acuña mientras cumplía tareas adicionales. Se llevaron un botín inferior al que imaginaban y cayeron por el cruce de las llamadas de celulares.

El asesino de Acuña, Víctor “Perico” Pérez, experto en armas e instructor de tiro de la Policía, al saber que lo iban a detener, el 23 de abril, acudió a la Dirección de Seguridad de Zapala y, tras amenazar a un policía con su arma, le dijo: “Nunca me vas a poder agarrar, nos vemos”. Luego se apoyó el caño en el mentón y se ejecutó de dos tiros.

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El cabo Acuña

Sergio era uno de los menores de un matrimonio que tenía siete hijos. Residían en Neuquén y el joven trabajaba con su padre en la construcción durante el día y cursaba sus estudios secundarios en la noche.

A los 22 años, finalmente con el título bajo el brazo, decidió ingresar a la Policía, ya que uno de los hermanos, Jorge, hoy retirado, le había contagiado la vocación de servicio.

Sergio era sumamente familiero y previo al crimen ya se había hecho todos los estudios de compatibilidad porque su hermana, Rosana, necesitaba un trasplante de hígado y él se había ofrecido como donante. Tras el asesinato, la hermana se sumió en el dolor y la tristeza y ya no siguió con los estudios. Al día de la fecha, Rosana cursa un cáncer que la tiene a mal traer.

En Zapala, Sergio vivía solo y se desempeñaba en la Dirección de Tránsito. Allá se había puesto de novio y cada vez que podía y tenía franco, venía a visitarlos.

“Tras el crimen de mi hermano, mis padres se pasaron varios meses yendo todos los días al cementerio de Neuquén y pasaban horas sentados al lado de la tumba donde está enterrado. Les costó mucho dejar de ir al cementerio, al punto de que se terminaron mudando a Senillosa, pero es una pérdida que no van a superar más”, confió Jorge a LMN.

Sergio tenía 27 años y había avanzado en la Policía hasta llegar a la jerarquía de cabo. Tenía ganas de avanzar en su carrera y aspiraba a conseguir la casa propia, legado que viene de familia, por eso comenzó a realizar adicionales para poder ahorrar unos pesos.

“Tras el crimen de mi hermano, mis padres estuvieron varios meses yendo todos los días al cementerio de Neuquén y pasaban horas sentados al lado de la tumba”, dijo Jorge Luis Acuña. Hermano del cabo asesinado y policía retirado.

“¿Ustedes me están buscando? Bueno, acá me tienen, pero nunca me vas a poder agarrar, nos vemos”, dijo Víctor “Périco” Pérez. Sus últimas palabras antes de matarse. Diez días antes había acribillado a Acuña.

Operación blindado

Previo al asesinato y robo de Acuña, que fue el 13 de abril de 2010 a las 14:25, hubo una serie de incidentes en Zapala que generaron cierta alerta.

LMN dialogó con varios policías que se vincularon al caso y hubo coincidencias que dan a entender que la polibanda apostaba a un golpe más importante que el del Pago Fácil, pero las cosas no se dieron como ellos esperaban.

“De la armería de la Comisaría 22 faltaron un par de días unos FAL, que es un arma de gran potencia”, confió un pesquisa.

“En la ruta que va de Zapala a Mariano Moreno, la misma donde ocurrió el atraco a la camioneta del BPN en 1997 y mataron a un empleado del banco, hubo un par de intentos de ataque a camiones blindados. Les dispararon para ver el poder de fuego de los FAL.

La idea es que si podían voltear un blindado, ahí estamos hablando de que iban a ir con todo. Pero los proyectiles no generaron el daño suficiente y las denuncias nunca trascendieron. Por eso la ‘operación blindado’ se les cayó”, detalló la fuente que reveló que luego recuperaron las armas.

La banda, la fiesta y el plan

La banda la lideraba Víctor Fabián Pérez, especialista en armas y experto en tiro. De hecho, había sido parte de la Uespo en Cutral Co.

Pérez estaba casado y con hijos, pero hacía cinco años mantenía una relación paralela con Cintia Vanesa Cides, por la cual tuvo varios problemas con su esposa e incluso denuncias.

A ellos se sumó el cuñado de Pérez, Nelson Gustavo Painemilla, también integrante de la Policía, pero nunca habían revelado el verdadero vínculo familiar, aunque sus compañeros, en las testimoniales, contaban que los solían ver juntos.

Por su experiencia, a Pérez los policías le tenían mucho respeto, por más que después de su salida de la Uespo pasó a ser un integrante más de la Comisaría 22 de Zapala.

El día anterior al golpe al Pago Fácil, Painemilla, que cubría adicionales en el Casino de Zapala, donde hacía siete horas y el pago era mucho mejor, le propuso a otro efectivo cambiar el objetivo a custodiar.

El agente aceptó y antes le explicó que eran solo cuatro horas de tarde en el Pago Fácil y mucho menos dinero, pero Painemilla le manifestó que no había drama porque estaba con los preparativos del cumpleaños de su hija.

Todo quedó asentado en el acta de adicionales, una mera formalidad que se debe completar en la comisaría, donde ambos firmaron de conformidad con el acuerdo particular para cambiar el objetivo a custodiar.

La noche del 12, el Perico, su amante y Painemilla ultimaron los detalles del atraco. Al que más le urgía el golpe era a Painemilla, de quien todos sabían en la fuerza que andaba endeudado, pero no pudieron especificar en las declaraciones ni el motivo ni el monto.

Un error de cálculo

Todo estaba armado. Los tres tenían sus celulares con carga y crédito.

El 13 de abril de 2010, una de las empleadas abrió el local ubicado en calle Belgrano 174 a las 8:30 y dejó estacionada su camioneta, que le había quedado a ella tras la muerte de su esposo hacía poco tiempo, en la puerta de la mutual. Un rato después llegaría su compañera y se presentó el policía Painemilla. Era la primera vez que acudía al Pago Fácil, que desde hacía una semana había contratado los servicios de adicionales a la Policía.

El dato que manejaba la banda era que entre lo que recaudaban la mutual y el Pago Fácil se podían levantar un botín superior a los 100 mil pesos.

De hecho, esa mañana, mientras las dos empleadas hacían el recuento del dinero, Painemilla permanecía cerca, con el oído atento y tratando de ganarse la confianza de las mujeres. Esto molestó a la empleada más antigua, que le dijo al policía: “Cállese que estamos contando dinero”.

El local había pasado tres días sin depositar en el banco y tenía unos 130 mil pesos en efectivo. Una parte la pusieron en la caja de atención al público, principalmente el cambio, y poco más de 100 mil pesos lo llevaron a otra oficina donde había una caja fuerte.

Painemilla solo escuchó el monto grueso y la ansiedad lo pudo. A la vista de las mujeres quedó que mandaba mensajes y mantenía alguna que otra conversación por celular.

Lo cierto es que no vio cuando un empleado ligado al comercio llegó, entró hasta la oficina del fondo con una de las mujeres, alrededor de media mañana, y dentro de una carpeta se llevó el dinero. Luego, a bordo de una moto, fue hasta el banco a depositarlo.

Sin advertir esa situación que frustraría sus planes, la polibanda había planificado dar el golpe tras el cambio de turno del adicional y así levantar un fuerte botín.

La suerte echada

Acuña llegó al cambio de guardia a horario. Solo hubo un intercambio de palabras vanas con Painemilla, que se retiró. Al joven policía las mujeres del lugar le tenían confianza porque era novio de la sobrina del esposo de una de ellas.

Solo habían pasado unos minutos de las 14, cuando Acuña observó en el suelo del local una moneda, por lo que se agachó a levantarla y la suerte le fue mezquina. En ese momento ingresó el Perico pateando la puerta de ingreso. Ya no había clientes. Cuando Acuña quiso repeler la agresión, Pérez le disparó cuatro tiros a la cabeza. Los disparos no hicieron el típico ruido de una detonación de proyectil, sino que sonaron como si hubiesen sido unos aplausos. Esto se debió a que Pérez, conocedor de armas, preparaba sus propios proyectiles con menos pólvora.

Acuña quedó tendido en el suelo, desangrándose, mientras una de las empleadas se fue arrastrando hasta el baño para encerrarse y se desvaneció al escuchar cómo le gritaban y pegaban a su compañera.

“Dame la plata, hija de puta”, le ordenó Pérez. La mujer abrió la caja registradora y Pérez insistió en el pedido del dinero, porque tenía el dato de Painemilla de que había más de 100 mil pesos.

Tras recibir varios golpes en el cuerpo, la empleada le repetía que eso era todo lo que había, por lo que Pérez tomó los billetes grandes y dejó los de dos y cinco pesos. “Eso es huevada”, le dijo, luego le pegó una trompada y huyó en dirección al Casino.

La mujer después relataría que lo último que vio fue cuando Acuña estiró el pie y murió. “Mataste al policía, hijo de puta”, atinó a decirle al asaltante.

Además, la empleada confió que el atraco no duró más de 5 minutos y que el agresor actuó como “en Policías en acción, tomando el arma con las dos manos”.

En total, se llevó unos 50 mil pesos que fue lo recaudado en el día.

La Policía concretaba la detención de Nelson Gustavo Painemilla

Zona liberada

Los móviles de la Policía tardaron en llegar al lugar más de media hora, porque dentro del plan, Cides cumplió un rol clave. Desde su celular, llamó al comando radioeléctrico y en voz baja dijo que estaba encerrada en un baño de la chacra El Salitral, de Omar César Lebed, que está a unos cuatro kilómetros de la localidad. El llamado se volvió a repetir un par de minutos después, por lo que se enviaron cuatro móviles hasta la chacra, mientras la polibanda concretaba el robo al Pago Fácil.

Lebed fue entrevistado por los policías y les confió que no tenía empleada y que no había sufrido ningún robo. Los móviles dieron un par de vueltas por el sector tras revisar la chacra y ahí fue que recibieron la alerta de que había un policía muerto en el robo a la mutual.

La única patrulla que estaba en Zapala acudió al lugar y le dieron aviso al comisario de la 22, que llegó tres horas después, de acuerdo con las testimoniales de la sentencia, porque “estaba lavando o arreglando el auto”.

De hecho, el fiscal Marcelo Jofré llegó al lugar y convocó a Criminalística y personal de Seguridad Personal de Neuquén.

Lo que se pudo establecer mediante las pericias fue que a Acuña le dispararon a una distancia inferior a los 4 metros.

$125.000 es el monto que había a primera hora en el Pago Fácil.

Esa fue la información que pasó Painemilla, que estaba de consigna en el comercio. Lo que no advirtió fue que un empleado retiró el dinero y lo fue a depositar al banco a media mañana.

4 tiros recibió Acuña a menos de cuatro metros.

Ni bien Pérez ingresó al local, ejecutó cuatro tiros con la dinámica del doble TAP, lo que no permitió que Acuña pudiera intentar la más mínima defensa y murió desangrado.

La Policía concretaba la detención de Cintia Vanesa Cides

El celular de Cides, en la mira

El comando entregó el número de celular desde el que habían recibido la llamada del supuesto robo en la chacra El Salitral y, al seguir el rastro, determinaron que era de Cides. Ya tenían una pista clave y de inmediato intuyeron que la llamada fue para liberar la zona para que se concretara el golpe.

Esa misma tarde, alrededor de las 18, una patrulla lo vio caminando de civil a Pérez y le dijeron lo que había ocurrido. El Perico se mostró asombrado, se llevó las manos a la cabeza y se ofreció a acompañarlo. Varios fueron los efectivos de franco que se sumaron para colaborar con el rastrillaje del asesino de su compañero.

Las pesquisas, encabezadas por personal de Neuquén, comenzaron a tomar forma y el rastreo del móvil de Cides les sirvió para encontrar los vínculos con Pérez y Painemilla.

En cuestión de días, las empresas de celulares enviaron las listas sábanas de los llamados y la SIDE también colaboró con el cruce de las llamadas.

Pérez y Painemilla comenzaron a mostrarse nerviosos, y eso lo advirtieron sus compañeros tras las detenciones.

Cuando a los pocos días un par de policías fueron hasta la casa de Cides, justo apareció Pérez y le contaron al pasar que iban a ver a esta mujer que sería la autora de los llamados, ahí el Perico quiso desviar la investigación y le contó a un compañero: “Pero esta mina no tiene nada que ver. Mirá, te puedo contar una infidencia o un secreto, esta mina es pareja mía, me la estoy comiendo hace cinco años”.

Finalmente, Cides fue citada. En paralelo, Painemilla también trató de distraer la investigación y contó que había visto a un par de personas sospechosas en la zona del Casino, pero fue todo un invento.

Incluso, la única imagen que se logró del auto, gracias a las cámaras del Hotel Huen Melen, era de pésima calidad, por lo que no sirvió de mucho a los investigadores.

Cuando se profundizó el análisis de las comunicaciones, se comprobó que los tres habían mantenido sendos contactos durante esa jornada.

Esa información más el dato brindado por la empleada, que describió el actuar como Policías en acción, les dejó claro a los pesquisas que los autores eran integrantes de la fuerza.

El suicidio de la vergüenza

Con todos los elementos recolectados por la fiscalía y Seguridad Personal, la polibanda estaba cercada. A tal punto que solicitaron seis órdenes de allanamiento al juez de instrucción Oscar Domínguez.

El 23 de abril, diez días después del hecho, ya estaba todo listo para detener a Pérez, Cides y Painemilla. Se había convocado a los grupos especiales de Neuquén y Cutral Co para evitar filtraciones y hacer todo en simultáneo.

A la casa de Pérez, por su formación en armas, se pidió el apoyo de la Uespo, pero nunca el grupo se movió de Neuquén y nadie de la Jefatura ofreció algún tipo de explicación.

Ese día, había un acto de la Policía en Zapala, por lo que no era tan extraño tanto movimiento en la localidad.

Mientras los grupos aguardaban a la Uespo, el coordinador del procedimiento ya había definido a los líderes de cada uno de los allanamientos. Pero alguien le filtró el dato a Pérez de que ese día sería detenido.

Caminando y con su 9 milímetros en la cintura, Pérez fue hasta la Dirección de Seguridad de Zapala. Los jefes que lo vieron venir se pusieron en alerta. Pérez pidió hablar con uno de ellos y se apartaron unos tres metros del resto, se pararon justo entre la puerta del quincho y la vereda donde hay un jardín.

Pérez inició la charla, preguntando si lo estaban buscando a él, y cuando el comisario le dijo que sí, Pérez le respondió: “Bueno, acá me tenés”. Y abrió los brazos como si se estuviera entregando.

Peréz sacó tres cargadores con la mano izquierda y los tiró al suelo. El comisario pensó que le iba a entregar el arma, pero ahí recordó que Pérez siempre utilizaba su arma con un cartucho en recámara lista para ser utilizada.

“¡Pará, Perico, pará!”, gritó el comisario mientras Pérez le apuntaba a la cabeza, luego le apoyó la mano en el hombro, lo empujó y le afirmó: “Nunca me vas a poder agarrar, nos vemos”. De inmediato se llevó la 9 al mentón con las dos manos y se efectuó dos tiros haciendo un doble TAP.

La suerte quiso que Pérez agonizara, tal como lo había hecho Acuña. Tras ser trasladado por la ambulancia, murió a los 24 minutos de dispararse.

Todo se transformó en un griterío y un bochorno para la institución. Los allanamientos se realizaron de todas formas y cayeron Cides y Painemilla. Les secuestraron alrededor de 20 mil pesos a la mujer y el arma reglamentaria al policía.

La emotiva despedida del cabo Sergio Acuña, sargento posmortem, en el cementerio de Neuquén.

Algo parecido a la justicia

Pasaron cinco años para que en abril de 2015, la causa por el homicidio doblemente calificado de Sergio Acuña llegara a juicio.

Nelson Painemilla fue acusado en grado de partícipe necesario y Cintia Cides como partícipe secundario.

El escenario era conmovedor: toda la familia Acuña y sus amigos estaban con pancartas con el rostro de Sergio y otras que clamaban justicia.

Los fiscales Sandra González Taboada y Marcelo Jofré lograron demostrar su teoría del caso acompañada por los testimonios que consiguieron durante la investigación y que se expusieron en el juicio.

El tribunal integrado por Beatriz Martínez, Carolina González y Gustavo Ravizzoli dio a conocer la sentencia el 5 de mayo de 2015, donde condenaron a Painemilla a la pena de 10 años de prisión y a Cides a 4 años.

despedida del cabo Sergio Acuña, sargento posmortem, en el cementerio de Neuquén.

La mujer obtuvo el beneficio de la libertad condicional el 25 de julio de 2019. Los informes criminológicos fueron más que satisfactorios, demostró buen comportamiento, respeto por las normas y no tuvo inconvenientes ni peleas tras las rejas. Finalmente, el 3 de noviembre de 2020, en medio de la pandemia y bajo absoluto hermetismo, terminó de cumplir la pena por haber estado involucrada en el crimen de Sergio Acuña.

En cuanto a Nelson Painemilla, de acuerdo con las estimaciones de la pena dispuesta, estaría próximo a cumplir los dos tercios de la condena, por lo que podrá solicitar el beneficio de la libertad condicional.

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