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Los asesinatos seriales jamás resueltos de Argentina II: el Loco de la Ruta

Cinco crímenes con características entre 1996 y 1998 llevaron a una investigación que nunca tuvo final.

El 1 de julio de 1996, en Mar del Plata, Adriana Jaqueline Fernández, una artesana uruguaya de 27 años, fue encontrada sin vida por transeúntes debajo de un puente, a la vera de la Ruta Nacional 226. Su cadáver desnudo presentaba signos de estrangulamiento, la causa de su muerte comprobada por la autopsia que se le realizó horas después.

El 26 de septiembre de ese mismo año, una trabajadora sexual llamada María Esther Amaro (35), también fue hallada muerta al costado de la ruta, esta vez a la altura del kilómetro 15 de la Provincial 55, en Mar Chiquita. Su cadáver, también desnudo, había sido mutilado. En su espalda, tajeada con precisión, se leía la palabra “puta”.

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El 21 de enero de 1997, al costado del camino que une Mar del Plata con Necochea, apareció otro cuerpo sin vida. O, más bien, partes del mismo. Un torso, dos piernas y un brazo diseccionados fueron encontrados a la altura del kilómetro 27 de la Ruta Provincial 88. Días más tarde, los restos fueron identificados. Pertenecían a Viviana Guadalupe Spíndola, de 26 años de edad. Como Amaro, también se dedicaba a la prostitución.

El 13 de mayo, el mismo año y en la misma ruta, un cuarto cadáver fue abandonado cerca de Necochea. Otra trabajadora sexual, identificada como Mariela Giménez (27), había sido asesinada. A su cuerpo le faltaban las nalgas y el brazo izquierdo.

El 20 de octubre de 1998, en un descampado del barrio Las Heras de la “Ciudad Feliz”, dos menores se toparon con los muslos diseccionados de una mujer. Habían sido cortados prolijamente desde la ingle hasta la rodilla y estaban cubiertos por un sacón femenino. Junto a los restos había también dos cordones y una cadenita de fantasía. Todo estaba manchado de sangre. Días después, las autoridades pudieron identificar a la fallecida, cuyas partes restantes de su cuerpo nunca fueron recuperadas. Su nombre era María del Carmen Leguizamón, tenía 25 años y, también, era prostituta.

Esos cinco fueron los únicos cadáveres que se reportaron, pero no se trataba de las únicas víctimas. Además, entre 1997 y 1999, desaparecieron y jamás fueron vistas de nuevo Ana Nores, Patricia Prieto, Silvana Caraballo, Jacqueline Romero, Verónica Chávez, Mirta Bordón, Sandra Villanueva, Mercedes Almaraz y Fernanda Varón. Todas ellas trabajadoras sexuales del barrio La Perla, al igual que las demás (con excepción de Fernández).

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La Policía no tenía dudas. En Mar del Plata y sus alrededores un asesino serial estaba suelto.

Fue la prensa, como suele suceder, la que bautizó como el “Loco de la Ruta” a este misterioso y sádico “serial killer” vernáculo. Uno que, para varios de los que lo investigaron, no solo era cruel y odiaba a las mujeres. También mataba de manera ritual y sin dejar rastros.

Tan convencidas parcían estar las fuerzas de seguridad de su hipótesis que hasta se creó una flamante “División Homicidios Seriales” y se solicitó la asistencia del FBI. Incluso se sumó a la pesquisa un veterano detective agregado de la Embajada de Francia, Alain Pérez, quien, confiado, llegó a decirle al diario La Nación: “No existe el crimen perfecto; apenas asesinos a los que resulta más difícil encontrar. Les aseguro que vamos a poner todos los medios, experiencia y obstinación para encontrarlo, esté donde esté. Si me escucha (NdR: dirigiéndose directamente al autor de los femicidios), es el momento de que se arrepienta”. Pero ni él ni nadie lograron dar con aquel hombre que, de acuerdo al identikit que habían armado gracias a la descripción aportada por presuntos testigos, era calvo, de gran porte y se trasladaba en un auto cero kilómetro, según algunos, o una camioneta, siguiendo el relato de otros. Y quizás no lo hicieron porque ese “psicópata perverso” (tal como lo habían calificado algunos perfiladores), posiblemente, nunca existió.

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El juez Pedro Federico Hooft

El juez Pedro Federico Hooft

“Nunca creímos que el autor de los homicidios de por lo menos cinco mujeres fuera un psicópata. En este caso, el asesino serial no existe y nunca existió. La aparición del denominado 'Loco de la Ruta' como responsable de los asesinatos y las desapariciones le vino muy bien a la Policía para desviar la atención hacia otro lado. Para cubrir con una nube humo el sistema de recaudación ilegal que había montado en los distintos prostíbulos de Mar del Plata”, citó el periodista Gustavo Carabajal a una fuente con acceso al expediente de la causa de varios de los crímenes y desapariciones, en una nota publica por el ya mencionado matutino en 2002. La misma hacía referencia a la hipótesis central del juez Pedro Federico Hooft y sus colaboradores: que las muertes no eran responsabilidad de un demente, sino de una banda de policías que extorsionaba a trabajadoras sexuales y les exigía dinero a cambio de protección. “Creemos que algunas de las víctimas se negaron pagar las coimas y a trabajar para la Policía, y por eso las mataron. Fueron homicidios en los que intervinieron distintos asesinos, no hubo una única mano ejecutora. Se trata de casos separados. Por ejemplo, sospechamos que, en dos de los hechos, las mujeres fueron asesinadas por una pelea entre bandas de policías y proxenetas que intentaron instalar prostitutas mendocinas en Mar del Plata", le indicaba la misma fuente a Carabajal hace veinte años.

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Bajo esta línea de investigación, y luego de que se comprobaran numerosas llamadas realizadas desde distintas dependencias policiales a un prostíbulo donde trabajaban las desaparecidas Ana Nores, Silvana Caraballo y Verónica Chávez, Hooft ordenó la detención de nueve policías, cuatro civiles y un fiscal. Por otro lado, en algunos de los casos, se incriminó como presuntos femicidas a otras personas, como, por ejemplo, a la pareja de María Esther Amaro, que trabajaba de matarife. Sin embargo, con el tiempo, todos los detenidos fueron liberados y los acusados sobreseídos por falta de pruebas. Finalmente, la causa prescribió.

Hoy por hoy, a más de un cuarto de siglo del primero de esta serie de crímenes, la opinión más establecida es la de los múltiples asesinos. Así piensa Hugo Trogu, exjuez que participó de la investigación, quien le dijo al periodista Rodolfo Palacios en una nota publicada en Infobae en 2020: “Fueron casos distintos. Algunos de ellos esclarecidos, pero no hubo un solo autor. El Loco de la Ruta fue un invento de un juez y de los diarios”. Otro que cree lo mismo es el excomisario Norberto López Camello, quien trabajó en el caso de María del Carmen Leguizamón.

Sin embargo, todavía hay quienes consideran que el enigmático “serial killer” no fue un mero mito urbano.

Uno de ellos es el psicólogo y criminólogo Luis Alberto Disanto, especialista en Investigación Científica del Delito, que discutió los asesinatos con Alain Pérez, su equipo y otros investigadores, a la vez que tuvo acceso al expediente y visitó las escenas de los crímenes. Para él, al menos cuatro de los femicidios indican una serialidad. “Las víctimas eran prostitutas, mujeres vulnerables y accesibles, que aparecieron desnudas, con inscripciones, lo que hablaría de un mensaje. Además, los crímenes no ocurrieron en el lugar donde aparecieron. Ahí las abandonaron. El asesino conocía la zona. También había mutilaciones diferentes, muchas de ellas post mortem, con signos de tortura. Es como que hubo un manto de neblina por la resolución de otros casos que no tenían nada que ver con los primeros. El terreno donde se movía el asesino, de ser uno y serial, era muy grande. Hay dos tipos de investigaciones. In situ y ex situ, que es la indirecta. Más allá de todo, esos primeros casos siguen impunes”, le dijo a Palacios en el ya citado artículo.

Quien coincide con Disanto es el comisario retirado, criminólogo y abogado Raúl Torre, que también estuvo involucrado en la causa. “Fui convocado por el fiscal Carlos Pelliza, y puedo decir que los primeros cinco casos reflejan una serialidad. El problema fue que empezaron a meter todos los crímenes de mujeres en la investigación. Y eso empantanó la pesquisa. Llegaron a haber como 15 casos o más. Y no todos respondían a una serialidad. De hecho, algunos fueron esclarecidos y se trataron de mafias”, le indicó también a Palacios para la misma nota, admitiendo que la figura del “serial killer”, en gran parte, fue utilizada y aprovechada en muchas ocasiones para esconder la verdad detrás de varios de los asesinatos. “La serialidad de los primeros casos fue clara. Aparecían desnudas, dos con inscripciones en su cuerpo -a una le escribieron 'puta' con una sevillana y a otra también, y era la misma letra-, mutilaciones en sus genitales y abandono de los cuerpos al costado de la ruta”, asegura y explica Torre.

Entonces, ¿fue el “Loco de la Ruta” un asesino en serie real o tan solo un invento para encubrir el accionar criminal de una o más mafias? Al igual que con el caso del “Cazador de Mariposas” (revisitado en la primera parte de este informe), probablemente nunca lo sepamos. De lo que sí podemos estar seguros, lamentablemente, es de la impunidad detrás de estos y tantos otros femicidios sin resolver e

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