Los mercaditos le buscan la vuelta para sobrevivir

La crisis los golpea, pero salen a flote con ofertas y mucho trabajo.

POR ANA LAURA CALDUCCI / calducia@lmneuquen.com.ar

Por celeridad o por confianza, la clientela de cada barrio suele ser fiel al almacén más cercano, pero esa fórmula deja de ser efectiva cuando el sueldo apenas alcanza hasta fin de mes. En medio de la escalada inflacionaria, los dueños de los mercaditos neuquinos apelan al ingenio para hacer caja. Algunos extendieron su horario, otros tienen ofertas por cantidad o en productos de bajo costo, y también están los que venden fiado “a precio congelado” o los que ofrecen comida elaborada. Todo vale a la hora de gambetear la crisis.

“La gente compra de a poquito, vienen a buscar lo fresco, verduras o pan, y después van al mayorista o al supermercado, por eso hay productos que se estancan, como la harina o la yerba”, contó Carlos Aguilar, del mercado El Salteño de calle El Chocón, en el barrio Confluencia.

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Él y su mujer abrieron el negocio hace cuatro años y los últimos meses fueron los más difíciles. Para no perder clientes, ofrecen fiado a precio “congelado”, aunque es una solución a medias, porque se arriesgan a quedarse sin fondos para la reposición.

Carlos comentó que, cuando arrancaron, “ella renunció a su trabajo para dedicarnos a esto, que iba creciendo, y ahora yo tengo otro ingreso y ella volvió a salir a trabajar por horas, porque el negocio es una ayuda nomás”.

Rubén, dueño del minimercado que lleva su nombre en Avenida del Trabajador y Combate de San Lorenzo, dijo que él compra a los representantes de las fábricas y ofrece algunos productos más baratos que en el híper.

Su familia tiene el negocio desde 1979, fue pasando de generación en generación. “Sobrevivimos a varias crisis, a mí me tocó la de 2001 y la más fea fue la de 1986, cuando mi mamá casi se funde”, recordó.

Señaló que su principal recurso “son los clientes fieles de tantos años y los precios en los que estamos más bajos, como las galletitas, porque el súper tiene promociones de bebidas o artículos de limpieza donde no vas a competir, pero hay cosas fuera de oferta que las tienen caras”.

Una estrategia parecida es la de Oscar Van Schaik, de Minimercado 8, en Yupanqui casi Abraham. “Lo que más vendo son las milanesas preparadas y también verdura o pan, que están más baratas que en el supermercado y además es fresco”, indicó.

Siempre abierto

Agregó que tiene otros recursos adicionales: “Trabajo de las 9 de la mañana a las 11 de la noche de corrido, de lunes a lunes, porque la gente sabe que siempre va a estar abierto, o sacar ofertas por dos kilos o tres kilos, para que no me pidan sólo dos tomates”.

Observó que el pequeño comerciante siempre se mueve en un margen estrecho “en el que no se puede aumentar mucho pero tampoco perder”. “Me pasó de tener el azúcar a 30 y que el mayorista después me la cobre a 33”, dijo.

Explicó que, en esos casos, ellos también salen a buscar precio. “Si subís de 30 a 40 pesos de un día para otro, la gente lleva menos o directamente te deja de comprar”, comentó.

--> Amelia hace su negocio imitando a los súper

En medio de una inflación sin tregua, hay quienes afirman que la crisis es sólo un fenómeno psicológico.

Es el caso de Amelia, dueña del mercado Vía Tutto, en La Pampa e Intendente Carro, quien asegura que hoy vende “mucho más” que cuando arrancó y que el aumento constante de precios la beneficia.

Amelia y su pareja abrieron el mercado en marzo de este año. Contó que, para ellos, “no existe una crisis sino una psicosis, donde les va mal a los que no saben negociar”.

“Yo vendo cada vez mejor porque siempre tengo mercadería para ofrecer y no me perjudica la inflación porque me avisan cuando van a aumentar las cosas, entonces stockeo mi remanente”, explicó la comerciante.

Estrategia

A modo de ejemplo, señaló: “Si compré 1500 cajones de cerveza, vendí mil y me avisa el proveedor que van a aumentar un 10 por ciento, repongo esos mil antes de que aumenten y ahí gano con la diferencia”.

Reconoció que su estrategia es arriesgada, porque tiene que invertir mucho por anticipado y no todos los comerciantes tienen esa capacidad, aunque está convencida de que la inflación seguirá jugando a su favor.

Observó que, cuando los precios suben por el ascensor, “los grandes supermercados son los que se llenan de plata, así que yo trabajo igual que ellos pero en un negocio chiquito; porque, si tenés la misma política que los grandes, nunca te va a ir mal”.

De esta manera, Amelia aplica su propia estrategia para evitar que la inflación y la volatilidad de la economía afecten sus márgenes de utilidad.

Mirar a los supermercados y a los “grandes jugadores” del complicado mundo mercantil por ahora le está dando resultado.

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