Alertan por las armas de fuego impresas en 3D: baratas, mortales e imposibles de rastrear
Estas armas ya se usan en el crimen organizado internacional y podrían llegar a la Argentina. El peligro de poder fabricar pistolas en las casas.
Las impresoras 3D nacieron como una herramienta con fines médicos, educativos e industriales. En el campo de la salud, permiten crear prótesis, implantes personalizados e incluso modelos anatómicos para planificar cirugías complejas. Sin embargo, en los últimos años se detectó otro uso más inquietante: la fabricación de armas de fuego caseras.
Según el abogado y licenciado en seguridad Héctor Muzzio, las bandas criminales y grupos terroristas ya utilizan esta tecnología en distintas partes del mundo. En declaraciones a ATP Radio, advirtió que el fenómeno podría instalarse en Argentina. “Hasta el momento no tenemos bandas que usen ese tipo de armas en nuestro territorio, pero hay que estar prevenidos y preparados para combatirlo, porque los delincuentes copian modelos exitosos”, señaló.
La tecnología permite fabricar en casa pistolas que, aunque no tengan la misma durabilidad que un arma tradicional, pueden cumplir su objetivo: disparar y causar daño. En muchos casos, el arma se descarta después del uso, sin dejar rastro ni numeración que permita rastrearla.
Cómo funcionan las armas impresas en 3D
Muzzio explicó que estas armas ya no se hacen únicamente con plástico. Algunas incluyen componentes metálicos como tuercas, tornillos y resortes, lo que aumenta su resistencia al calor de la pólvora y mejora el funcionamiento del mecanismo de disparo. “Con el avance tecnológico, estas armas son cada vez más sofisticadas. Algunas pueden disparar 10, 15 o hasta 20 proyectiles antes de desecharse”, detalló.
La impresión 3D casera puede llevarse a cabo con equipos cuyo precio arranca en torno a los EUR 200 y llega a superar los EUR 2.000, según la precisión y el tamaño. En plataformas de código abierto o foros clandestinos de internet, circulan planos para fabricar pistolas y hasta rifles con partes plásticas y metálicas. Muchos de estos planos provienen de Estados Unidos, donde existen antecedentes documentados desde al menos 2013. En ese año, un grupo llamado Defense Distributed difundió el plano de la “Liberator”, una pistola de plástico con una bala, cuya descarga podía efectuarse con éxito.
Desde entonces, varios países registraron hechos delictivos vinculados a estas armas. En España, en 2021, la policía incautó una impresora 3D en un taller clandestino que producía armas para grupos criminales. En Estados Unidos y el Reino Unido, también se detectaron armas 3D en allanamientos contra extremistas y pandillas.
Lo más alarmante, para los investigadores, es la imposibilidad de rastrear estas armas. “No tienen numeración de serie, no están registradas, y en muchos casos no se sabe ni de dónde salieron ni quién las hizo”, explicó Muzzio. Además, al estar hechas parcialmente de plástico, pueden pasar desapercibidas en algunos controles de seguridad si no cuentan con refuerzos metálicos visibles.
Riesgos y desafíos para la seguridad pública
El especialista remarcó que la prevención es clave para evitar que estas tecnologías se conviertan en una amenaza local. “La inteligencia criminal es fundamental, porque se da antes del hecho y así se ejerce la prevención”, sostuvo. La idea es detectar estas prácticas antes de que se masifiquen, tal como ocurrió con otras herramientas delictivas que empezaron como casos aislados y terminaron como tendencia.
Muzzio comparó la situación con otros delitos complejos: “Así como hay detectives especialistas en falsificación de monedas, en trata de personas o en ciberdelitos, tiene que haber investigadores que estén preparados para detectar la fabricación de armas con impresoras 3D”.
Actualmente, Argentina cuenta con legislación que regula la fabricación, tenencia y portación de armas de fuego. Pero todavía no existe una norma específica sobre impresoras 3D y su uso para crear armamento. Las leyes existentes no contemplan con claridad qué sanción podría recibir una persona que imprime una pistola en su casa sin fines comerciales pero con intención de usarla. En ese sentido, varios expertos consideran necesario actualizar el marco legal.
En paralelo, los desafíos técnicos también son grandes. La detección de estas armas requiere peritajes especializados, tecnología para identificar partes no convencionales y entrenamiento específico para los cuerpos policiales. Además, es necesario monitorear los espacios digitales donde se comparten planos, videos instructivos o técnicas para evadir controles.
Un riesgo potencial que aún se puede frenar
Muzzio hizo énfasis en la necesidad de anticiparse al problema. “Cuando los delincuentes empiezan a focalizarse en algo y ven que el modelo es exitoso para ellos, ahí es donde se nos viene un tsunami”, afirmó. Por eso insistió en la idea de formar investigadores capacitados y de implementar mecanismos de prevención con base en inteligencia criminal.
También apuntó a la dimensión ética del asunto: “Con una impresora 3D se puede tener una formación altruista y ayudar a la humanidad o tener una mente diabólica y colaborar en su destrucción ”. El límite, explicó, no lo pone la máquina, sino la intención de quien la usa.
Por ahora, no existen registros oficiales de armas impresas en 3D utilizadas en crímenes dentro del territorio argentino. Pero el escenario internacional marca una tendencia que puede anticipar nuevos desafíos para la seguridad pública local. La posibilidad de fabricar armas sin control, sin trazabilidad y con bajo costo abre una puerta que, si no se vigila desde ahora, puede convertirse en una amenaza concreta.
Y concluyó con una advertencia clara: “Lo ideal es prevenir con conocimiento y preparación. De lo contrario, cuando nos demos cuenta, ya va a ser tarde”.
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