Discreto y ágil, el chinchillón se mueve entre montañas y roquedales, formando parte de la fauna de Neuquén.
En las zonas rocosas y volcánicas del norte y centro de Neuquén habita un pequeño roedor llamado chinchillón. También conocido como pilquín o “ardilla” por los pobladores locales, es un animal poco visible pero característico de los ambientes de altura y parte de la fauna silvestre provincial.
El chinchillón desarrolla su actividad durante el día y suele mostrarse confiado en su entorno. Por las mañanas es habitual verlo descansando sobre las piedras o revolcándose en la arena, comportamientos que se integran naturalmente al paisaje de la Patagonia neuquina.
Usualmente, se organizan en pequeños grupos familiares que conforman colonias y se refugian en espacios naturales entre rocas y grietas, donde logran resguardarse de las condiciones climáticas adversas.
Un especialista de las alturas neuquinas
Adaptado a los ambientes de altura, el pequeño animal se mueve con gran destreza entre los roquedales, desplazándose de un salto a otro y utilizando su cola como balancín. Ante la presencia de una amenaza, emite sonidos agudos que funcionan como advertencia para los demás integrantes del grupo, un recurso clave para la supervivencia en el entorno hostil de la montaña.
El chinchillón se alimenta exclusivamente de vegetales como pastos, líquenes, hojas y frutos que crecen en la estepa y en zonas montañosas, entre los 2.500 y 5.100 metros sobre el nivel del mar. Su pelaje denso lo protege de las bajas temperaturas y presenta colores que van del gris al marrón, con una franja oscura sobre el lomo y una cola larga con punta negra.
Dentro de la provincia del Neuquén, la especie se encuentra en distintas Áreas Naturales Protegidas, entre ellas Auca Mahuida, Tromen, Domuyo, Copahue, Epu Lauquen, Cañada Molina, Chañy y Los Chihuidos, formando parte del ecosistema de la región.
Aunque no está considerada una especie amenazada en la provincia, algunas poblaciones pueden verse afectadas por la modificación del hábitat y la caza ocasional. Por este motivo, se recomienda una observación responsable y respetuosa.
Sin llamar la atención, el chinchillón habita los paisajes donde predominan la roca, el viento y el silencio, convirtiéndose en uno de los tantos símbolos de la fauna silvestre neuquina.
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