El local que atraviesa toda la calle Mascardi hasta Benedetti está clausurado a la espera de pericias. Hay otras empresas y corralones cerca de la zona incendiada.
La calle Mascardi está llena de depósitos y empresas antes de llegar a San Martín, en la ciudad de Neuquén. Es justo en esta arteria donde está ubicado el local de Sakura, que se destruyó por el fuego el pasado 9 de julio. Hoy está con una cláusula preventiva, y hasta un patrullero haciendo una guardia, para evitar que ingresen personas. Un incendio que dejó un peligro latente.
Sin embargo, cualquiera puede confundirse por la incesante entrada y salida de vehículos y autoelevadores de algunos depósitos. El de Sakura tiene 40 metros de frente por 100 de fondo, y atraviesa toda la calle Mascardi hasta Benedetti. Contiguo al depósito, hay otro edificio también de materiales de otra empresa. Y frente al clausurado Sakura hay otro local de la misma empresa de venta de materiales de construcción, que está habilitado porque no fue afectado por las llamas.
Lo cierto es que el depósito incendiado está en peligro de derrumbe, en una de las paredes, según pudo conocer LM Neuquén de fuentes de Bomberos y hasta las mismas personas que conocen la situación y están cerca del edificio. "Estamos trasladando algunas cosas, de otros depósitos", dijo uno de los maquinistas.
El edificio está tapiado con madera en la calle Benedetti y otro patrullero está apostado en Mascardi, por orden del Ministerio Público Fiscal, ya que hay una causa y peritajes en principio de bomberos de la Policía de Neuquén. Lo que vendrá después es un peritaje clave de parte de la aseguradora, para estimar los daños y verificar si el edificio tiene que demolerse.
Este lunes, incluso personal de Obras Particulares de la Municipalidad de Neuquén estuvo en el lugar haciendo verificaciones. El techo de la estructura tiene peligro de derrumbe. De hecho, una parte del techo colapsó.
Incendio en el depósito: clausura, pericias y "guardia de cenizas"
Lo primero es la clausura preventiva, vigente desde que los bomberos terminaron de apagar el incendio, que busca evitar riesgos tanto para quienes ingresen como para los vecinos linderos, porque en su momento, con la máxima potencia del fuego, hubo riesgo a casas vecinas. Eso no significa que el predio quede inaccesible.
Lo que sí se permite es el ingreso bajo un programa de seguridad para limpieza, apuntalamiento o desmantelamiento de la estructura del techo, que quedó doblada por el fuego y llegó a estar a punto de desplomarse. Lo que no se autoriza mientras dure la clausura es la atención al público ni el ingreso de camiones para operaciones comerciales. Esto es algo que ya sabe la empresa.
El procedimiento, según el subsecretario de Obras Particulares, Luis López de Murillas, sigue una lógica que arranca incluso con el incendio todavía activo. Al tiempo que bomberos combaten el fuego, un perito técnico —un ingeniero del propio cuerpo de Bomberos o, si no está disponible, personal de la Municipalidad— evalúa si hay peligro de derrumbe. Si lo detecta, la indicación es no ingresar y dejar pasar varias horas hasta que el foco se apacigüe desde afuera.
Una vez que pasan los días y se apagan los focos —la llamada "guardia de cenizas"— y si ese primer relevamiento descarta riesgo de derrumbe inminente, recién ahí ingresan los bomberos para su propio peritaje, limitado a determinar las causas del incendio.
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