El nuevo barrio del Polo Tecnológico está ubicado en las bardas vírgenes, con un paseo rústico con los mejores atardeceres de otra parte de la ciudad.
Hay ciudades que se explican desde sus avenidas céntricas, pero Neuquén empieza a contarse desde otro lugar: desde la altura de las bardas. Así es Distrito 2, el barrio está enclavado en las bardas vírgenes, ese lugar al que pocos querían irse a vivir hace años y que hoy es parte del futuro.
Al pie del Polo Tecnológico, se transformó en un mirador natural que funciona como un balcón urbano, un punto de observación privilegiado desde donde la capital neuquina se revela en toda su extensión y en pleno proceso de cambio.
El acceso es simple y, a la vez, muy revelador. Basta subir por la avenida Huilen para que el paisaje empiece a cambiar. El ruido se atenúa, el tránsito se vuelve un poco más liviano y el horizonte se abre. Allí, donde la ciudad parece detenerse por un momento, comienza Distrito 2: un barrio joven, planificado, con rápido vínculo hacia el centro de Neuquén y conexiones con otras localidades del área metropolitana. Cerca del tercer puente para ir hasta Río Negro.
Desde ese borde alto no se observa el microcentro ni las postales tradicionales. Lo que se despliega es parte del oeste, con una malla de calles iluminadas, avenidas que cortan la noche y barrios que crecen hacia la meseta.
Distrito 2: un mirador natural de otro Neuquén
De día, el paisaje es seco, arcilloso, casi intacto como si cualquiera estuviese en la barda. De noche, el escenario se vuelve mágico con las luces urbanas que dibujan una Neuquén silenciosa, amplia, con una calma que contrasta con el ritmo de centro.
A pocos metros del barrio se extiende el Parque de Bardas, uno de los espacios públicos menos conocidos por quienes no transitan habitualmente la ciudad.
Es un paseo que bordea la meseta, conecta senderos, miradores naturales y se enlaza con el paseo de los dinosaurios, una traza que combina identidad, historia y recreación. Todo ese circuito conforma un corredor verde y paisajístico que empieza a ganar protagonismo en la vida urbana.
Distrito 2 va mucho más alá del balcón de la ciudad y el paisaje porque funciona como una muestra para del proyecto de ciudad que Neuquén viene construyendo y que han intentado otras localidades hacerlo, pero de manera infructuosa. Es poblar la meseta.
A su alrededor, las obras de infraestructura, pavimentación y servicios consolidan un barrio que crece con lógica y proyección.
En Distrito 2 todavía no hay árboles altos ni sombras generosas, como ha sido siempre en los barrios en proceso desde el inicio de Neuquén. El viento sigue siendo protagonista y la tierra conserva su color original. Pero lejos de ser una carencia, esa condición refuerza la identidad del lugar.
Un barrio nuevo para pensar otra ciudad
Al caer la noche, el mirador se vuelve muy íntimo. Caminantes, vecinos y visitantes se detienen a observar desde las letras del Parque Las Bardas. Hay algo de contemplación y algo de pertenencia. Neuquén se ve distinta desde allí, porque menos apurada, más extensa.
Este nuevo balcón urbano, a pesar de tener barandas y carteles, no necesita presentación oficial. Es un punto donde la ciudad se mira a sí misma, donde el crecimiento deja de ser una consigna. Distrito 2 es una forma de entender hacia dónde va Neuquén y desde dónde empieza a pensarse su futuro.
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