El clima en Neuquén

icon
29° Temp
30% Hum
La Mañana Pastelería

Es biotecnóloga, se formó en el Malbrán y en Centenario la rompe con su emprendimiento de pastelería

Con la dificultad de conseguir trabajo de lo suyo por estar sobrecalificada, la científica Anabella Della Gaspera creó "Ami Pastelería", un emprendimiento que se volvió un éxito en su ciudad y alrededores.

Trabajar en el Hospital Garrahan o en el prestigioso Instituto Malbrán puede representar la cima para cualquier investigador o científico. En eso andaba la biotecnóloga centenariense Anabella Della Gaspera (37) allá por el año 2017, que había sido becada por una red internacional para estudiar a fondo las enterobacterias (causantes de las diarreas). Pero más allá del desarrollo profesional y de las oportunidades laborales, el estar lejos de los afectos y criar un hijo en el caos de Buenos Aires no le representaba un plan de vida ni un proyecto familiar.

Por eso, sin darle demasiadas vueltas al asunto, regresó a la ciudad que la vio nacer, donde crearía “Ami Pastelería”, un emprendimiento en el que combina recetas de tortas heredadas, elaboraciones novedosas, y decoraciones en las que hace del bizcochuelo un lienzo para desplegar obras de arte con glaseados, coberturas y merengues.

El regreso a su tierra natal tuvo más de ochenta golpes y el mismo dejo de acidez que un lemon pie. Anabella mandaba curriculums a los laboratorios de la zona y siempre recibía la misma respuesta: “Estás sobrecalificada para el puesto”, le decían. Ella, que no puede quedarse quieta ni un segundo y que no le gusta depender de nadie, pasó casi nueve meses abocada exclusivamente a la crianza del por entonces su único hijo.

Sin embargo, más allá de las dificultades, nunca se arrepintió de haber pegado la vuelta: “Vivir acá es impagable. Hay silencio, voy caminando al trabajo, tu familia o amigos vienen a visitarte sin demasiada planificación, la escuela de mi hijo me queda a dos cuadras, fue un cambio del 100%”, cuenta ahora.

Anabella Della Gaspera biotecnóloga

De a poco, los asuntos laborales fueron acomodándose como una torre de profiteroles. Primero consiguió trabajo en el laboratorio de análisis clínico y bacteriológico de la Dra. Vilma Chiesa, donde empezó a manejar un equipo de alta complejidad, con el que se analizan hormonas, enfermedades infecciosas y vitaminas. En paralelo, sin saber todavía que con el tiempo iba a convertirse en un éxito, empezó a incursionar en su otra gran pasión: la pastelería.

Aunque a simple vista no parezca, existe una estrecha vinculación entre estos dos mundos que habita. “Mi carrera demanda de mucha precisión, como si hubiese que seguir una receta, y hay que pesar todo con el mismo nivel de exactitud que se aplica a la hora de hacer una torta”, explica Anabella. Más allá de la similitud en ciertas técnicas, la cocina también tiene mucha aplicación de química, por ejemplo “en las proteínas del huevo, que hay que batirlas de cierta forma para airearlas, o en los materiales que se utilizan para que las masas leuden”, agrega.

Hecho en casa

Lo que se elevó mucho más de lo que hubiese imaginado fue su proyecto. Decidida a salir a vender esas preparaciones que en cada evento encargaban y halagaban familiares y amigos, en 2017 creó su marca, abrió una cuenta de Instagram (@amipasteleria) y a través de las redes sociales y del boca en boca el emprendimiento empezó a marchar. Al principio preparaba exclusivamente recetas de la familia, ya testeadas, probadas, ricas, infalibles. Las tortas de chocolate y la de vainilla eran una réplica exacta de las que preparaban su mamá y su tía para los cumpleaños. “No iba a salir a vender algo que no sabía cómo era el gusto”, explica la dueña de Ami Pastelería.

Con el sabor inconfundible de lo casero, también incursionó en “Los Negritos”, una especie de brownies que hacía su abuela y que ella aprendió a cocinar a los diez años. Son recetas que no están escritas de puño y letra por su antecesora, pero si están escritas en su corazón: “Mi nona me decía que no podía pasarme la receta, que tenía que cocinarla con ella”, evoca. Un día los prepararon juntas, y de regreso a su casa la pequeña Anabella memorizó cada uno de los ingredientes, sus proporciones y el paso a paso. “Se ve que la transcribí bien porque salen igual de ricos”, dice ahora entre risas.

Anabella Della Gaspera pastelería

Pero en Ami Pastelería no todo es nostalgia y mística familiar en forma de torta. En una larga lista de delicias entre los que no faltan los alfajores, cookies, cheesecake y tartas con frutos de la región, también ofrece sabores actuales y modernos como key lime pie, drips chocolatosas y black cake, por mencionar algunas. Con la paciencia de un monje, preparar un pastel puede llevarle hasta cuatro días, en donde en las primeras 24 horas cocina el bizcochuelo, al otro día lo rellena, y al tercero lo decora: “para que quede más rico siempre conviene darle tiempo para que se humedezca, y para que los sabores vayan impregnándose”, revela.

Una maestra de la pastelería

Esa dedicación que le pone a cada pedido, y por estar siempre en búsqueda de la excelencia, muchas veces le pasa que tiene que rechazar encargos. “Yo tengo un lema, que es hacer sólo lo que me gusta. Si me piden una torta moldeada les explico a los clientes que no hago esas cosas”, dice Anabella, quien agrega que “al principio me enloquecía, tomaba muchas pedidos a la vez y me pasaba de rosca, pero después aprendí a decir que no”, agrega esta mujer emprendedora, que se encarga de todo en el proyecto, excepto de las compras de materias primas como la harina o el dulce de leche, tarea obligada de su marido, Julián.

Con la vocación docente que adquirió dando clases de microbiología en la Universidad Nacional Arturo Jauretche (Florencio Varela), después de haber completado el profesorado de diseño de tortas, el año pasado comenzó a brindar cursos personalizados de pastelería, donde en clases individuales que brinda en la cocina de su casa comparte y transmite su conocimiento, sus recetas, y trucos para la decoración: “Siempre me gustó enseñar y es un proyecto que con el tiempo me gustaría hacerlo crecer”, asegura.

Por ahora, la pastelería para Anabella “es un momento más de la casa”. A la hora de cocinar siempre está rodeada de sus hijos, Juanchi y Amaia, a los gritos, tratando de que no se peleen, o pegando figuritas del mundial. Si de sueños se habla, confiesa que siempre le fascinaron las cafeterías y que en algún futuro le encantaría “tener una casa de té con pastelería, pero es algo que por ahora veo muy lejano. Mis hijos todavía son chiquitos, estoy en el laboratorio, por ahora es mucho”, concluyó.

Te puede interesar...

Leé más

Noticias relacionadas