En el 2023 se van a cumplir 20 años de la irrupción del kirchnerismo en la escena política nacional, a partir de la asunción de Néstor Kirchner como presidente.
En ese lapso de tiempo, difundido y replicado hasta el cansancio por los grandes medios de comunicación, especialmente a partir de 2008 con el conflicto con el campo, la figura de Cristina Fernández, no tanto la de Néstor, se emparentó con expresiones peyorativas nunca vistas en la historia política de la Argentina.
Ya siendo presidenta se le dijo y hoy, como vice, se le dice “chorra” o “yegua”, identificándola con “el mal” y la representación de todo o que, supuestamente, no deberíamos ser. Estos grandes medios se preguntaron y se preguntan “cuánto cobra Cristina”, y cuánto de todo eso es porque se llevó “la nuestra”. O, con “la nuestra Cristina se pasea por Europa”,.. las carteras de Cristina,…los zapatos de Cristina”.
La revista política más importante del país hizo una tapa hace ya unos cuantos años atrás con el título "El goce de Cristina". Faltó que le dijeran puta, aunque se las ingeniaron para darlo a entender. Y cuando lo quisieron hacer de manera explícita abrieron micrófonos en marchas opositoras para que “la gente” pueda decir lo que ellos querían y pensaban pero que, públicamente, o por decoro, no podían expresar.
Durante estos casi largos 20 años vimos fotos, imágenes, zócalos de TV ambientados con música de película de terror de Stephen King para acompañar editoriales y comentarios en torno a sus “planes diabólicos”, sembrando incógnitas respecto a “qué está pensando” o “qué no dice o esconde Cristina”.
Si habla se la cuestiona casi siempre y en los términos más duros. De lo contrario, se editorializa sobre “el silencio de Cristina” o se hace hincapié en sus gestos: “La mirada de Cristina… su dedo acusador”.
A partir de diciembre de 2015, cuando dejó la presidencia, todo se centró en la frase “no vuelven más”. En realidad, se apuntaba a que Cristina no pueda volver. Cristina “la chorra”, Cristina “la yegua”.
Pero Cristina volvió como vice en diciembre de 2019. Y no descendió en un plato volador, lo hizo a través del voto popular, el mismo que la había depositado en la presidencia en sus dos anteriores períodos de gobierno.
Entonces ahí los discursos apuntaron al “volvió peor…viene por todo...busca impunidad”.
Las marchas contrarias al gobierno, incentivadas por importantes dirigentes/as opositores/as, avalaron las imágenes de Cristina, retratada en enormes pancartas y carteles o a través muñecos gigantes con la imagen de Cristina acuchillada, ahorcada, mutilada o con un tiro en la frente.
El mensaje es claro y desde hace mucho tiempo, donde parece que nada alcanza para calmar tanto odio: Hay que matarla.
Ayer, un demente, un asesino, estuvo a punto de hacerlo.
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