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La abuela neuquina de 100 años que se hizo viral por tomar cerveza

Teresa Musanti es bahiense pero lleva casi 50 años en Neuquén. Vive con una de sus hijas y todas las noches disfruta de una latita después de la cena.

Tras haber celebrado su centésimo cumpleaños, Teresa Musanti de Bualó dice que no esconde ningún secreto que explique su longevidad. Pero en cada palabra que pronuncia, una chispa de picardía ilumina sus ojos café y parece demostrar que la respuesta está ahí: en esa alegría de vivir que contagia a su extensa familia y que la lleva a disfrutar cada momento juntos, incluso los más simples, como un brindis con cerveza después de cenar.

"C'est la vie, como dicen en Francia", afirma desde su casa del barrio Gregorio Álvarez. Y repasa sus cien años de vida, con momentos alegres y también con algunas pérdidas que acepta con resignación. "La vida me ha dado muchas cosas y también me ha quitado", señala. Pero no se deja abatir por la tristeza; le alcanza con mirar a su alrededor y encontrar todas las manos que la sostienen, las de sus hijos, nietos y bisnietos que festejan sus bromas y la miran con dulzura.

Teresa nació en Bahía Blanca. Allí se casó y tuvo cuatro hijos. Cuenta que a Roberto, su esposo, lo conoció en un baile familiar del Club Barracas. "Él bailó con varias ese día, después bailó conmigo y ya no quiso bailar con nadie más", se ríe. Su hija Teresa muestra una foto de la pareja el día en que cumplían 50 años de casados y que comprueba lo buenmozo que era su papá.

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"Sí, era buenmozo, tenía para elegir y elegí al mejor", se ríe otra vez la abuela. "Primero fuimos amigos, después novios y después al Registro Civil a poner el gancho", relata sobre los comienzos de su familia. Desde Bahía, habían visitado el Alto Valle para pasar sus vacaciones de verano, pero decidieron instalarse definitivamente en Neuquén por una oportunidad laboral de Roberto y para acompañar a su hija mayor, que ya se había mudado a la región.

En la década del 70, e incluso con hijos ya crecidos, los seis se mudaron a Neuquén. Teresa siempre se dedicó a los quehaceres domésticos y al cuidado de los chicos, aunque en su juventud trabajó en una zapatería que habían instalado en un salón de su casa. Se desempeñaba como cajera porque, tal como relatan sus hijas, siempre fue buena en la administración del dinero.

Amante de las risas compartidas, Teresa era una buena bailarina y gran anfitriona de eventos. Siempre tenía algún ingrediente guardado para improvisar un plato cuando llegaban invitados imprevistos, y solía amasar las pastas los domingos para su familia. "Ahora se compran hechas", dice, adaptada a los nuevos tiempos, aunque asegura que disfruta de preparar las salsas.

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Si bien los años ya consumieron su porte, Teresa impone una presencia que ilumina toda la habitación, y se vuelve el centro de las miradas mientras conversa con LMNeuquén y repasa parte de su historia. Aunque la edad ya la ha desordenado parte de sus recuerdos, mantiene una vitalidad impresionante y una memoria para lo que importa: no se equivoca nunca con los nombres de sus hijos y nietos.

También recuerda un poema de su infancia, "Vivir tan solo no es vivir la vida, vivir es el honor, es el recuerdo. Por eso hay hombres que en el mundo viven, y hombres que viven en el mundo, muertos", dicen los primeros versos de una obra que se atribuye a Antonio Muñoz Feijoo y que todos sus nietos se saben de memoria por la cantidad de veces que Teresa se las ha recitado. "Me gusta mucho la poesía, era algo que nos gustaba antes, ahora debe haber otras cosas para los chicos jóvenes", señala.

Para la mujer, no hay una explicación real detrás de su buena salud. Lo cierto es que no se enferma casi nunca, mantiene la lucidez y puede desplazarse, con ayuda de un andador para evitar caídas. Martina, una de sus nietas, bromea al decir que quizás la cerveza que toma religiosamente cada noche sea el secreto de su longevidad. "Toma todos los días, incluso en invierno", cuenta.

"Los médicos me retaban antes, pero ahora, ¿Qué me van a decir? ¡Si no me enfermo nunca! Tampoco tomo tanto, sólo una lata por día y siempre después de comer. La acompaño con chocolate, almendras o maní", señaló. Si bien hay días en que se inclina por el vino con soda, desde hace años, tiene una marca predilecta de cerveza. "La Brahma la conozco", dice al ver una de las latas que le regalaron por su cumpleaños y que destaca por su sabor más ligero.

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Su fanatismo por la marca Brahma es tal que sus nietos comenzaron a grabarla mientras halagaba la bebida. "Esto es alimento, no es agua", le dice a Martina y cuándo ella le pregunta por los ingredientes, Teresa le responde que lea la tabla nutricional. Hace algunos años, uno de esos videos se viralizó y ya tiene más de un millón de reproducciones en las plataformas de streaming, al punto que los responsables de marketing de la empresa conocieron su historia y hasta le mandaron bebidas para su cumpleaños número 100.

El lunes pasado, los Bualó celebraron el centenario de Teresa con una gran fiesta. Más de 70 familiares se reunieron en un salón de Neuquén para compartir un evento emotivo y lleno de cariño. Fiel al estilo de la mujer, también hubo lugar para el baile y la alegría. Aunque asegura que ya no se mueve como antes, aprovechó el momento para recordar algunos pasos junto a sus cuatros hijos y el resto de la descendencia. Y también para soplar una vela que colocaron en una latita de cerveza.

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En Teresa siempre se conjugan la alegría con la aceptación. Aunque la tristeza le presiona la voz cuando menciona la pérdida de su esposo, también se está atravesada por el orgullo cuando habla de sus hijos y nietos, que le recuerdan lo mejor de su vida. Hoy, una de sus hijas vive con ella y la acompaña no sólo en el ritual de la cerveza por las noches sino en viajes que le permitieron conocer gran parte de la Argentina. Y así, siempre en movimiento, se resigna a disfrutar cada día sin pensar en el final.

"Yo no le puedo pedir más a la vida", afirma. A los cien años, Teresa conserva la salud, el empuje y la compañía que muchos carecen a edades más tempranas, y dice que espera disfrutar de esas ventajas hasta que se las arrebaten. Siempre en tribu con los suyos, sólo espera que sus achaques no sobrecarguen a sus hijos y nietos, que hasta hoy no se apartaron ni un minuto de su lado.

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