La nena de 9 años que armó la Copa del Mundo para un merendero
Franchesca Valenzuela, de 9 años, construyó el trofeo con cartón reciclado y lo llevó al barrio Otaño para que lo puedan ver muchos niños que acuden al lugar.
Hay corazones que nacen grandes. Que no miden 9 años, sino el tamaño del mundo que quieren arreglar. Franchesca Valenzuela es de esos. Una nena de Plaza Huincul que piensa más allá de sus juegos, más allá de sus juguetes. Su corazón late al ritmo del amor de Argentina por el 10, por Messi, por la Copa del Mundo. Sin embargo, late más fuerte cuando ese amor se transforma en pan caliente para un vecino.
Con cartón reciclado, aluminio y papel aluminio, Franchesca fabricó una Copa del Mundo de 1,40 metros. No para tenerla en su pieza. La llevó al merendero Juan, del barrio Otaño para que 200 vecinos tengan algo más que comida: tengan una foto, tengan un sueño, tengan un ratito de alegría que guarde el alma. El lunes del partido de la Selección recorrió varios lugares para que todos puedan mostrar su foto con el trofeo.
Sorpresa en el merendero
"Yo soy la mamá. Mi nombre es Jésica y su papá es Esteban. Estamos orgullosos de la persona que es ella", contó con emoción la madre en contacto con LM Neuquén. "Tiene muy buenas notas en la escuela. Pero lo más lindo es lo que nos plantea: 'Mamá, a mí no me falta nada. Yo quiero darles alegría a los chicos que no tienen'. Y eso a nosotros nos toca el alma", admitió.
En la familia Valenzuela no se “discuten” las ideas de Franchesca. Se acompañan. "Nos acoplamos a lo que ella decide. Ya la conocen en Mariano Moreno, en Zapala y en otros muchos lugares porque junta ropa, lleva donaciones. En la escuela y en el jardín de Plaza Huincul también la reconocen. Juntó útiles para los compañeros", detalló la mamá con marcada satisfacción.
El diseño de la Copa del Mundo
La Copa la pensó ella sola. "Quedó buenísima. A todos les encantó", aseguró Jésica. Un dedito lastimado le impidió llevarla a la inauguración de la estatua de Messi y a las escuelas, pero el fin de semana estuvo firme en el merendero ar-mando "una esquina para que los chicos se saquen fotos". "Ella dice 'mis locuras'. Bueno, nosotros la seguimos en cada una. Porque si con 9 años ya piensa en el otro antes que, en ella, algo es-tamos haciendo bien como familia", reconoció con verdadero amor de madre.
De las mochilas a la copa: cuatro años sembrando
Lo que arrancó hace cuatro años como un gesto chiquito, hoy ya es tradición en Plaza Huincul. Con toda su dulzura, Franchesca junto a Jésica pusieron en marcha una colecta llamada "Mochila Solidaria". El objetivo no negocia: que ningún chico arranque el ciclo lectivo sin cuadernos, lápices, guardapolvos y sobre todo mochilas en buen estado.
Tras cuatro años ininterrumpidos, la iniciativa -en enero pasado- volvió a apelar a la solidaridad de los vecinos para transformar el inicio de clases en igualdad.
Franchesca creció viendo a la Selección de Scaloni, a Messi y compañía hacer historia. Y entendió algo clave: el amor por la celeste y blanca no termina en la cancha. "Para ella el Mundial es hermandad. Es jugar en equipo. Es que ninguno se quede afuera", explicó su mamá.
Solidaridad en Plaza Huincul
Es por eso que este año mezcló sus dos pasiones. Agarró cartón y fabricó su Copa. Porque así piensa Franchesca: si Argentina puede ganar un Mundial siendo equipo, todos ellos pueden ganarle a la desigualdad siendo buenos vecinos. El amor por la bandera y el amor por el otro son la misma camiseta. La 10 la usa Messi. Franchesca usa la de la solidaridad.
La pequeña “alma solidaria” sin dudas es uno de esos ángeles que envía Dios cuando parece que todo está perdido. Para recordarnos que siempre hay una nueva oportunidad. Que se puede sembrar empatía. Que se puede cosechar solidaridad. Que el amor por los demás todavía gana campeonatos.
Ella no alzó la Copa del Mundo, la bajó a la tierra para que todos pudieran tocarla.
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