Tres décadas de historia, de esfuerzos, incertidumbre y compromiso. De aprender, innovar, de ir buscándole la vuelta, de tejer lazos, cosechar clientes y logros. También de enseñar y pasar la posta.
Toda una vida y mucho más. Un clásico del comercio neuquino que sigue vigente, más allá de los vaivenes económicos, los cambios de época y modas. Allí, en un rincón del centro capitalino -en Rivadavia 145- Lencería Melina sigue brillando, mientras apuesta a seguir dejando huella de cara al futuro.
El tiempo se detiene y Estela Clementi, uno de los motores del proyecto, no puede evitar emocionarse al recordar los inicios. Los días en los que tuvo que hacer tripa corazón y salir al ruedo más allá del dolor, los miedos y el shock. Un combo de emociones que la atravesaron, pero que no pudieron detenerla en el frente de batalla.
Fue en el año 1972 cuando, de un momento para el otro, la vida mostró su peor cara. Su fragilidad y crudeza. Su papá, el comandante que había guiado a toda la familia al Alto Valle -apostando a un futuro próspero en las tierras de las oportunidades-, partió en forma inesperada por una enfermedad - tan abrupta como mortal- que no le dio ni tiempo para despedidas.
Cuatro años antes, había desembarcado solo en Neuquén para ser parte de la obra de la represa El Chocón, mientras su familia aguardaba sus visitas "cada mes y medio" en San Juan.
"Mi papá tenía una empresa constructora en San Juan con unos hermanos. Era una época muy difícil y la empresa cierra. Indemnizó a sus empleados y, luego de mandar una carta a El Chocón, se fue a trabajar ahí en el año 1968. La idea era que vengamos todos a vivir al sur, pensando que acá estaba el futuro, y más en el rubro que él conocía", contó Estela, en una amena charla con LMN.
Dos años después, toda la familia se instaló en Cipolletti. "Yo me vine recién casada. Mi marido se llama Pedro Antonio. Llegamos con muchísimas ilusiones pensando en un futuro acá, porque en San Juan estaba todo muy quedado. Mi hermano, que también vino, entró en la facultad de Agronomía y yo empecé a ayudar a mi madre en un negocio que abrió en Cipolletti. Ahí nació mi veta comercial", destacó en referencia a Clement, un multirubro que al poco tiempo puso el foco en la lencería ante la falta de competencia.
"En San Juan teníamos un pequeño comercio en la casa, también un multirubro con mercería, ropa de niño y lencería. Cuando vinimos acá vimos que había una sola lencería en Cipolletti, entonces apuntamos ahí, trayendo distintas marcas. Y empezó a funcionar muy bien", dijo Estela, sobre el local que supo construir una trayectoria de 20 años en la localidad rionegrina.
"A todo esto, mi papá seguía trabajando en el rubro de la construcción. Tenía varios proyectos para abrirse por cuenta propia, pero luego se vieron frustrados", lamentó.
"Mi papá tuvo una pancreatitis. Estuvo un día en casa descompuesto y horas internado. Habíamos venido de una cena con una familia amiga cuando empezó a sentirse mal. Al día y medio falleció. 45 años, no le pudieron hacer nada", dijo con pesar.
"Fue dramático, nos sentíamos desbordados. Los familiares a la distancia, sin celulares. Telegramas. Para hablar por teléfono había que ir a la telefónica porque no había líneas en casas. Vinieron, pero en esa época el viaje desde San Juan tomaba 28 horas porque había que dar toda una vuelta por La Pampa", recordó al remarcar los contratiempos y dificultades propias de la época que hicieron aún más cruel ese trance.
"Con él se fueron montones de ilusiones y proyectos. Cuando murió tuvimos la intención de regresar a San Juan porque fue un golpe tremendo. Mi mamá tenía 43 años, mi hermano 21 y yo, 18. Ya tenía una nena de un año y medio. Creí que se terminaba el mundo. Hace 50 años de esto y ahora que lo pienso tengo un nudo en la garganta porque realmente fue durísimo", expresó con la voz anudada.
"No sabíamos para que lado agarrar. Solos acá, no teníamos a ningún familiar, no teníamos nada. Solo dos matrimonios amigos que eran de San Juan. Tuvimos mucha contención de ellos", agregó con gratitud, al tiempo que valoró las circunstancia de convivir con toda su familia en una misma vivienda por el apoyo mutuo.
"Estábamos entre seguir o volver, pero San Juan estaba en tan mala situación y no parábamos de escuchar que acá estaba el progreso. Así que apostamos a quedarnos. Con mi marido nos arriesgamos y nos fuimos a Buenos Aires para comprar mercadería y empezar a revender. Mi marido comenzó a trabajar en la Provincia y cuando salía salía a vender . Después se hizo viajante de comercio", manifestó.
"Salimos a flote, no te sé decir cómo porque pasamos por un sinfín de piedras en el camino por inexperiencia, porque éramos muy jóvenes. Yo me repartía entre el negocio de mi mamá y la ayuda a mi marido. Nos costó. Habíamos perdido la protección de mi padre que era el guía en ese momento, pero de las cosas se empezaron a dar de una manera que empezamos a ver las perspectivas en la zona", indicó.
Ya con el engranaje funcionando, Clement cumplió 20 años con Estela al frente luego del retiro de Tita, su madre. En el medio, la oportunidad de la compra de un fondo de comercio para una lencería en Neuquén, dio lugar al surgimiento de lo que hoy es Melina, en Rivadavia 145.
"El comercio era de una cliente de mi marido. Se lo vendió porque tenía que trasladarse a otra provincia", comentó la emprendedora y añadió que con el nuevo local en marcha, sus hijas comenzaron a involucrarse. De esa forma, la familia puso un punto final en Clement y se abocó a la nueva marca del otro lado del puente carretero.
"Mis hijas, que eran adolescentes, comenzaron a atender por la a tarde, y así se fueron metiendo en la lencería. Si bien yo sigo al frente, estoy en franca retirada. Todo en la vida tiene su etapa y apuntamos a que ellas sigan con el negocio al día de mañana", adelantó Estela.
A la hora de hacer un balance y explicar la vigencia que mantiene Melina postuló: "Cuando arrancamos en Neuquén había muchas más lencerías que ahora. Luego aparecieron los shopping y las crisis económicas de estos últimos años hicieron que cerraran varios locales también. Creo que en estos momentos somos la lencería que más años hace que está en Neuquén. En 30 años hemos pasado por todos los gobierno y crisis económicas, incluida la hiperinflación y todo lo que te puedas imaginar".
"Estamos muy contentos porque tenemos una clientela muy fiel, nos viene a comprar gente de Plottier, Centenario, San Martín de los Andes, Zapala, Cutral Co, General Roca y Cipolletti. Siempre trabajamos marcas importantes y conocidas, que es lo que nuestra clientela nos pide: calidad y buen calce. Y nos destacamos por la buena atención, personalizada. Le pusimos y le seguimos poniendo mucho empeño, amor y dedicación. La mayor satisfacción que me dio la lencería es el comentario del público, de la gente. El reconocimiento, los halagos, el boca en boca. Esa es la cosecha de toda la siembra de 30 años", enfatizó con orgullo.
"Con la situación tremenda que se está viviendo en el país no sentimos dichosos de podernos mantener. Seguimos reinvirtiendo, tratamos de capitalizarnos permanentemente comprando mercadería. No nos dejamos estar. La idea es seguir creciendo", recalcó.
"Estamos muy contentos con la ciudad de Neuquén, sentimos que aportamos nuestro granito de arena como tantísimas personas que vinieron en los 70' a poblar la Patagonia, como se dice. La devolución que nos ha dado en cuanto al comercio fue muy buena y también agrandamos la familia y echamos raíces. Mi hermano se casó , tuvo hijos. Con mi marido cumplimos 53 años de casados. Acá nacieron mis tres hijas (Melina, Paola y Mariela) que son el amor de nuestra vida. Nos han dado seis nietos maravillosos", concluyó.
Te puede interesar...













