El aberrante crimen de Agostina Gisfman atraviesa su segundo juicio porque en Neuquén, la Justicia anda de mal en peor y tropieza una y otra vez con la misma piedra, aunque a decir verdad, se están llevando puesto el icónico volcán Lanín.
El primer juicio por el salvaje femicidio arrancó el pasado 12 de septiembre y los elementos presentados por la fiscalía fueron contundentes.
Lo único que tenían que hacer desde la Ofiju, era resguardar al jurado y controlar el acceso a dos puertas, pero no lo lograron. Una amenaza escrita en un baño al que acceden unos poco, devino en un derrotero donde el temor ganó la pulseada y el 21 de septiembre en vez de tener un veredicto, se terminó anulando todo el debate.
A la vista quedó lo obvio. La Justicia, es sabido, pero nadie quiere decirlo, no puede garantizar la protección de nadie.
¿Tremendista? No, para nada. Realista.
No son pocas las veces donde los testigos de distintas causa son amenazados y se solicita la extensión de las medidas cautelares para tratar de llegar a juicio con dicha declaración. Incluso, a veces arranca el juicio y el testigo ya no está en la provincia. Eso sucede porque no es difícil saber quién es testigo en Neuquén.
Ahora, infundir temor en un jurado popular, ya es otro tema, pero hay que analizarlo. El crimen de Gisfman no deja de ser terrible y quienes llegan acusados unos salvajes, pero no son la mafia siciliana. Son todos delincuentes de poca monta a los que les agrandan la imagen como si fueran capos de algún cartel.
Si la Justicia neuquina no puede resolver un juicio de esta envergadura, muchachos, levanten todo que nos vamos.
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