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Qué fue de la vida de Massin, el mago que marcó a toda una generación en Neuquén

En los '90, su ciclo televisivo de Canal 7 fue un éxito total, que lo llevó a convertirse en el animador infantil más reconocido de la región. Pero un día la magia se terminó.

El gran truco para convertirse en un éxito total fue introducir su mini show en Canal 7, que aparecía en las tandas publicitarias de Chiquitas y Cebollitas, en plena época de los noventa donde estas tiras infantiles eran un hit indiscutible de rating. Con esos micros de escasos 20 segundos, en los que podía hacer magia con cartas o alguna figura con globos, el Mago Massin supo traspasar la pantalla y entrar como por un tubo en los hogares y en los corazones de miles de niños neuquinos. De yapa, como si faltara una dosis nocturna para que el idilio fuera aún mayor, cada día a las 22, cuando terminaba el horario de protección al menor y justo antes de que comenzara VideoMatch, el Mago aparecía nuevamente en la pantalla chica, esta vez para mandarlo a dormir. “Buenas noches chicos. Chau hasta mañana”, era la frase que utilizaba para despedirse, y que lo terminó convirtiendo en el animador infantil más reconocido de la región.

A esta altura Massin ya era una celebridad a la que le sobraba el trabajo. En todos lados estaba él: en las escuelas, entre las góndolas de los supermercados, en eventos institucionales, gubernamentales y empresariales, en el patio de comidas de La Anónima y en Casa Tía. Era una celebridad. Pero un hubo un día en el que la fama se esfumó. Nada por aquí, nada por allá. El Mago Massin desapareció de un día para otro. Y nunca más supimos nada de él. Hasta hoy.

“En Neuquén me presenté en todos lados. Hasta en lugares inexplicables, como en la bailanta Las Palmas”, recuerda ahora Massin, que para un Día del Niño llevó su show al Estadio Rucha Che. “El hecho de que allá todavía se me recuerde es algo que valoro un montón. Cuando vos hablás de magia en Neuquén hablás del mago Massin”, asegura.

Aunque la afirmación parezca un tanto exagerada, tiene mucho de cierto. Lo compruebo a través de una encuesta que hago en el trabajo. "¿Alguien conoce al Mago Massin?", pregunto y el perfil empieza a completarse a través de diferentes aportes de treintiañeros que crecieron con él y que no están dispuestos a dejar morir a este personaje que les dio tantas alegrías. “Cuando mi vieja iba al súper, mientras compraba nos dejaba viendo su espectáculo”, evoca Héctor. “Tenía una melena tipo Iggy Pop”, dice Gonza y agrega “también unas palabras mágicas particulares: “Sin Sin Massin”.

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Cada mago tiene sus palabras mágicas. Son jeites que quedan asociados a su figura, y que se convierten en una especie de marca registrada de cada artista. Así cómo René Lavand instaló el inolvidable “No se puede hacer más lento”, Harry Potter el “Expecto Patronum”, o el "Puede fallar, puede fallar” de Tusam, que no era mago pero pariente. Massin por supuesto también tenía las suyas: “Sin Sin, Massin” eran las palabras obligatorias antes de cada truco.

“Un día un productor del canal Cablín me dijo que nunca abandonase estas palabras porque eran un caballito de batalla”, cuenta el mago más famoso de Neuquén, quien recuerda que también tenía una canción que la cantaban pequeños y adultos: al son de WMCA de Village People, el jingle decía “Aquí comienza el show del Mago Masín”. “También era la cortina de Susana y eso levantó mucha polémica, pero el tema pegó un montón”, evoca.

El producto se transformó en un éxito que traspasó las fronteras de la capital neuquina. En un momento Massin llegó a tener un representante en la región, Rafael Madero, quien le conseguía fechas y eventos en el interior de Neuquén y Río Negro. Tal era su nivel de popularidad, que de lunes a viernes entre las 17 y las 19 horas, horario en el que se proyectaban sus micros televisivos, el teléfono de Massin no paraba de sonar. En pantalla aparecía su número para contrataciones, pero solían llamarlo niños y niñas, que quería cumplir el sueño de hablar con el mago. Fiel a su público, en ese horario Massin no se movía de su casa, para recibir los llamados, y hablar con cada uno de sus fans. “Una señora con un número de teléfono parecido me pidió que por favor lo cambiase, porque los chicos se confundían y la volvían loca”, recuerda entre risas.

Si algo que no se le puede dejar de reconocer a los magos es su capacidad de esconder. Massin, fiel a su rubro, no sólo es capaz de ocultar una carta, una paloma o un conejo, sino también algunos secretos que parece que nunca revelará. Por ejemplo la identidad de los dos muñecos que lo acompañaban tanto en la tele como en sus shows: el oso Sin Sin y Palmiro. “Nunca dije quiénes eran, porque no quería coartar la fantasía de los chicos”, explica Massin. Consultado sobre su edad, dice que prefiere no decirla. Y en relación a cuáles fueron los motivos por los que terminó yéndose de la ciudad y volviendo a su Buenos Aires natal, cuenta que “fue algo personal". "Los grandes niveles de exposición despiertan amores y odios. Lo cierto es que a donde estaba apuntado mi producto, que era el público infantil, ahí es donde pegó y ahí es donde me recuerdan”, cuenta Massin, quien aclara que “yo sentí que era un ciclo que se cumplía, y además quise volver para estar cerca de mi familia. Tal vez si algún día vuelvo a Neuquén voy a hablar más. Por lo pronto vamos a llegar hasta acá”, dice con un dejo de misterio.

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Su presente lo encuentra trabajando en Buenos Aires, donde realiza animaciones de eventos empresariales y cumpleaños, además de participaciones en bares y restaurantes, donde entre las mesas realiza shows de Closeup o magia de cerca. En algún momento llegó a ofrecer más de 40 presentaciones mensuales, pero después de la pandemia muchos salones de fiestas cerraron y su trabajo mermó. “No voy a decir que no me cuesta, pero sí puedo afirmar que gracias a Dios, a mi talento y a mi experiencia puedo seguir viviendo de mi profesión”, cuenta este artista que es mago desde los 12 años, que se formó en la escuela del ilusionista y actor británico Fu- Manchú, y que entre sus principales trabajos se destacan el haber sido parte del Canal Cablín, además de haber sido invitado a Canal 13, América y Crónica TV.

Con altos y bajos, Massin pudo cumplir aquel sueño de vivir de algo que tuviese que ver con el arte. Tal es así que, desde que tiene 21 años, de manera ininterrumpida se viene dedicando de lleno a la magia. Para poder cumplir este sueño no sólo se formó como mago, sino también como actor, habiendo estudiado teatro con el reconocido Agustín Alezzo. “En un show de magia el 80 por ciento es actuación y un 20 por ciento es el truco”, dice.

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Ahora que además de los infantiles también realiza show para adultos, Massin puede asegurar que “el público infantil es el más exigente que puede existir. Es un público sincero que no tiene filtro, que si descubrió el truco te lo va a develar, si no les gusta algo te lo van a decir y si se aburren también”, cuenta Massin, quien jura que nunca atravesó una situación así.

Acerca de cuáles son los desafíos a futuro, Massin cuenta que “me gustaría volver a Neuquén, porque la gente que me veía en la tele en aquel momento es la gente que hoy frecuenta un pub, o es la encargada de un restaurante. Me gustaría hacer un show para esos adultos, algo cuidado, y otro show para recuperar al público infantil”, dijo Massin, quien ahora tiene el truco más difícil: volver a aparecer por acá después de 25 años.

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