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Rubén Capitanio se jubila después de 47 años como párroco

El religioso, que llegó a Neuquén en 1976 por instancia del obispo De Nevares, cumple 75 años. "Voy a ser sacerdote en situación de calle", le dijo a LMNeuquén.

El párroco de la Iglesia San Sebastián de Plottier, Ruben Capitanio, anunció su jubilación, tras 47 años de sacerdocio y compromiso cristiano. Capitanio cumplirá este martes 75 años, la edad en que, según las leyes de la Iglesia, a los obispos y párrocos se los invita a presentar la renuncia a su servicio.

“En pocos días más cumpliré 75 años y desde hace un tiempo vengo pensando que era hora de renunciar a mi servicio, a mi tarea de cura párroco después de cincuenta años de estar compartiendo la vida de las distintas parroquias donde he estado”, explicó Capitanio a través de un mensaje de audio al que accedió LMNeuquén. Agregó que “le he pedido a Dios que me ayude a comprender, a entender, y a decidir, y creo que lo menor es que yo ya deje esta vida parroquial, esta manera de servir a mis hermanos como párroco”.

En la grabación el religioso hace un repaso de su trayectoria sacerdotal y recordó con emoción sus estudios eclesiásticos en el seminario en la comunidad parroquial Nuestra Señora de la Victoria en La Plata "donde residía con un ejemplar sacerdote como párroco, el Padre Juan 'El Vasco' Bengochea". Este sacerdote le permitió vivir en la parroquia y concurrir al seminario solamente a las clases. "Me involucraron tanto en la vida parroquial que viví como si fuera parte de esa parroquia. No era un estudiante que vivía ahí sino un cristiano que aprendió a vivir ahí como cristiano y futuro sacerdote”, contó.

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En 1975 Capitanio se ordenó sacerdote en La Plata. El 4 de agosto de 1976, cuando Capitanio era párroco en Berisso, recibió una llamada telefónica de Antonio José Plaza, por entonces arzobispo de La Plata y cercano a la dictadura militar, advirtiéndole que no durmiera en La Plata esa noche. Su padre ya había sido secuestrado y torturado durante unos días y su hermano había sido golpeado. Capitanio fue obligado a trasladarse al sur del país. El 7 de agosto de 1976, como le dijo el obispo Jaime De Nevares, Neuquén lo estaba “esperando con los brazos abiertos”.

“Empecé a comprender que éste (la dictadura militar) era un proyecto que no perseguía a quien obraba de diferente manera, sino a quien pensaba de distinta manera. Eso me ayudó a entenderlo el Monje Mamerto Menapache, del monasterio de Los Toldos, y terminó de enseñármelo Don Jaime De Nevares”, dijo alguna vez el religioso.

Cabe señalar que durante sus estudios en La Plata, Capitanio mantenía contacto a través de cartas con el obispo de Neuquén y en más de una ocasión De Nevares visitó la parroquia platense. años en la parroquia

En Neuquén comenzó colaborando en las tareas del Obispado hasta que fue designado como responsable de los seminaristas de esta diócesis. Capitanio fue uno de los sacerdotes más cercanos al obispo De Nevares, a quien le consagró un libro titulado "Hombre fiel. El andar de Don Jaime De Nevares", publicado en el año 2011.

En 1980 comienza su servicio como sacerdote en la Parroquia Nuestra Señora de la Paz en el barrio San Lorenzo y posteriormente, en 1986, durante siete años en Piedra del Águila. “En Piedra del Águila y en trece parajes rurales pude enriquecerme con la bendita y sagrada cultura mapuche de las distintas comunidades de esa zona además de la vida maravillosa de los obreros de la construcción de la represa de todo el país como de países vecinos. Así me fui tratando de humanizar como persona y de hacerme mejor sacerdote al servicio de mi pueblo, de la gente”, describió en la grabación.

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Rubén Capitanio fue uno de los sacerdotes más cercanos al obispo De Nevares, a quien le consagró un libro titulado

Rubén Capitanio fue uno de los sacerdotes más cercanos al obispo De Nevares, a quien le consagró un libro titulado "Hombre fiel. El andar de Don Jaime De Nevares", publicado en 2011.

A comienzos de 1991 asumió la responsabilidad pastoral de la parroquia del Departamento Los Lagos, con cabecera en Villa La Angostura, donde permaneció quince años. “Estuve al servicio de todo el departamento Los Lagos, en la bendita comunidad Cuyin Manzano, Villa Traful y demás parajes rurales y puestos en los que compartíamos la fe, la amistad, la alegría y la vida", contó.

En 2006 es designado al frente de la parroquia Señora de Luján de Centenario y también como responsable de la Pastoral Social del Obispado de Neuquén. Desde hace cinco años en la parroquia San Sebastián de Plottier.

Capitanio confesó que seguirá siendo sacerdote hasta el fin de sus días, “hasta que Dios diga ‘Basta, vamos, Rubén’”. “Estoy feliz de tener 47 años de sacerdote, estoy feliz de ser cristiano”, subrayó.

También en el mensaje, dijo que en unos días anunciará lo que piensa hacer. “Uno se jubila como párroco pero no como sacedote. Me armé como un slogan, una frase sobre lo que haré en el futuro: voy a ser sacerdote en situación de calle, como un cura a la intemperie”, le adelantó a LMNeuquén.

El mea culpa por la Iglesia durante la dictadura

En septiembre de 2007, Rubén Capitanio, por entonces párroco de Centenario, declaró en una de las audiencias del juicio contra el ex capellán de la policía bonaerense Christian Von Wernich por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura militar.

Ante el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata, Capitanio, quien fue perseguido por la dictadura, declaró que en 1970 fue compañero en el Seminario de esa ciudad bonaerense de Von Wernich, pero no tuvo relación con quien estaba acusado por siete casos de homicidio, 31 casos de tortura y 42 secuestros. Von Wernich fue capellán de la policía de Ramón Camps, dueño de la vida y de la muerte de quienes pasaban por los centros clandestinos. Como capellán de policía, Von Wernich asistía a los centros para sacarles información a los detenidos en confesiones o escucharlos en las torturas. Pero también era sacerdote de 9 de Julio.

En su declaración ante los jueces del tribunal, Capitanio dijo que la Iglesia "es responsable de las vidas" que no salvó durante el último proceso militar. "La Iglesia es una de las madres que no buscó a sus hijos. La relación de la Iglesia fue escandalosamente cercana a la dictadura", sostuvo. Agregó que "si se hicieron gestiones por algunos quiere decir que la Iglesia sabía, por lo tanto tuvo un silencio cómplice y por no salvar esas vidas es responsable".

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También sostuvo que durante la dictadura la Iglesia tuvo "una conducta dolorosa y hasta que no reconozcamos este comportamiento seremos una Iglesia infiel". Por otra parte, pidió perdón "a los familiares de todas las víctimas por no haber sido la Iglesia que debimos ser", aunque aclaró que este juicio "es un servicio" a la institución "porque nos ayuda a buscar la verdad".

Para los que estuvieron en esa audiencia, el testimonio de Capitanio fue uno de los mea culpa más importantes de alguien de la Iglesia. “La Iglesia no mató pero no salvó” las vidas de las víctimas; “fue una madre que no buscó a sus hijos, llegó a prohibir la entrada de familiares de desaparecidos” y evitó estar “cerca de los crucificados y no de los crucificadores”.

El 9 de octubre de 2007, la Justifica Federal condenó a perpetua al ex capellán Von Wernich por su participación en la represión ilegal y las torturas en centros clandestinos.

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