Será un año de armado de estrategias, disputas internas y reposicionamientos en la política local.
Enero ha traído movimientos políticos que corren casi desapercibidos al ritmo del sosiego del verano neuquino. Sin embargo, no por silenciosos dejan de ser relevantes: anticipan un año de armado de estrategias, disputas internas y reposicionamientos en la política local.
El PJ neuquino definirá su nueva conducción en elecciones previstas para el 19 de marzo. Ya se encuentra en pleno armado de listas, antes del cierre de presentación que irá del 5 al 23 de febrero. Oscar Parrilli, quien durante años contó con el “caballo del comisario” para definir a dedo los liderazgos provinciales, sigue ostentando el mismo caballo; solo que el comisario ahora está preso en San José 111. Su consigna principal —el “apoyo irrestricto por la liberación de Cristina”— no le alcanzó esta vez, ni desde el poder ni desde el convencimiento, para conformar una lista de supuesta unidad pejotista.
Quien sí se muestra con voluntad y recursos para enfrentar a Parrilli con chances reales es el dirigente de la UOCRA, César Godoy, cercano al intendente de Cutral Co, Ramón Rioseco, y ya activo en el desafío público a la conducción actual a través de redes sociales. A ello se suman otros sectores que siguen en movimiento dentro de la rosca peronista: la Corriente Peronistas de Base, que conduce Soledad Salaburu, y los peronistas alineados con el gobernador Rolando Figueroa.
Así quedan trazadas las pinceladas de un cuadro que retrata al peronismo actual: fraccionado, sin unidad posible y en continuo proceso de erosión.
Sin líderes y en crisis
Ningún partido político puede resurgir sin líderes. Puede replegarse, resistir, mimetizarse o incluso sobrevivir administrativamente, pero sin conducción clara no hay unidad ni futuro político creíble. Lo que estamos viendo en el PJ, tanto a nivel nacional como en Neuquén es una crisis profunda de liderazgo.
El peronismo no ha desaparecido del todo, pero se extingue lentamente. No modifica la forma ni el discurso que Cristina Kirchner moldeó a su imagen y semejanza, y ya no encuentra socios con los cuales articular alianzas. Peor aún: no logra producir una figura capaz de ordenar su diversidad interna y devolverle sentido estratégico. Ni Cristina Kirchner, bajo su pesada condena ni Axel Kicillof, cuya imagen fuera de la provincia de Buenos Aires resulta tenebrosa, parecen tener expectativas reales hacia 2027. Sin embargo, tampoco habilitan el surgimiento de nuevos liderazgos.
El Movimiento Popular Neuquino corre una suerte similar, o incluso peor. Hoy no cuenta con un solo dirigente que lo represente, que le ponga voz o imagen en el presente. Yace fatalmente deslegitimado, silenciado, refugiado por unos meses más en algunos municipios y bancas legislativas, hasta que los mandatos se extingan, o en el mejor de los casos diluido en una identidad más amplia como la “Neuquinidad” de Rolando Figueroa, que funciona más como refugio momentáneo que como proyecto político.
UCR: una estructura sin pulso
El radicalismo, por su parte, permanece latente, como una estructura viva pero sin pulso. Existe, opina, acompaña eventualmente a algún proyecto mayor, pero no despierta adhesiones como lo hizo durante gran parte del último siglo en la Argentina. Al igual que el PJ y el MPN, carece de liderazgos fuertes capaces de disputar siquiera una fracción de la legitimidad discursiva que hoy ostenta el presidente Javier Milei, quien domina casi por completo el debate nacional.
En ese contexto, la UCR parece enfrentar solo dos caminos posibles hacia 2027: jugar a dividir a los libertarios y favorecer indirectamente a su principal opositor, o bien aliarse con el mileismo a cambio de una cuota de supervivencia institucional y política.
De este dilema no parece escapar el presidente de la UCR neuquina, Juan Peláez. Tras dar un resonante portazo al gobernador Figueroa y abandonar su cargo como secretario de Producción, se lo observa activo en la reorganización del radicalismo provincial, con fuertes críticas a los aumentos impositivos impulsados por la municipalidad que conduce Mariano Gaido. Al mismo tiempo, circulan rumores de negociaciones avanzadas con los libertarios neuquinos. ¿Volverá a mirar con deseo la Municipalidad de Neuquén, su proyecto original en 2023, aunque esta vez supeditado a las órdenes de Nadia Márquez y de su histórico rival interno, Pablo Cervi? Tal como solía repetir don Elías Sapag a su hijo Jorge: “los agravios en política caducan a los 60 días”.
Pase lo que pase con estos movimientos de la política tradicional, sus consecuencias probablemente sean marginales. La democracia, nos guste o no, ha cambiado para siempre. Hoy es más que nunca tribuna y coliseo. Se expresa en las urnas, en los despachos y en los recintos legislativos, pero ya no se legitima en los panfletos ni en los sellos partidarios tradicionales, sino en la calle, en el espectáculo y en los espacios donde el pueblo se reconoce a sí mismo.
Conexión directa
Insultar por redes sociales a quienes se han privilegiado de la política a costa del pueblo, cantar con el Chaqueño Palavecino en Jesús María o reírse con Fátima Florez en un teatro genera una resonancia infinitamente mayor que la doctrina partidaria escrita a puño y letra en el siglo XX por pensadores y dirigentes que las nuevas generaciones ni siquiera saben que existieron. A propósito de escenarios que mezclan show con política, febrero inicia con la Fiesta de la Confluencia, que seguramente seguirá dando mucho que hablar.
Sin embargo, no se necesitan grandes escenarios para trascender y conectar. Lo popular es, ante todo, una conexión directa entre el líder y la gente común, sin intermediarios, en su estado más cotidiano y personal. Menem lo entendió antes que muchos: ejercía su popularidad a patilla suelta, en cada cancha y en cada evento deportivo, bajo la mirada de los medios tradicionales. Milei hace lo mismo, pero con su peluca, en el escenario del espectáculo y amplificado por redes sociales que eliminan filtros y multiplican los “me gusta”.
Legitimidad
Pero no todo es show: por encima de los sellos partidarios y de los escenarios donde hoy se disputa la política, existe un condicionante aún superior: sin la legitimidad que otorgan los resultados, no hay luces ni redes que lo compensen.
Un enero de relativa calma macroeconómica, con inflación controlada, riesgo país a la baja y reservas de dólares en aumento, descomprime tensiones, genera expectativas y le permite sostener autoridad por encima del discurso. Esa calma, tal vez provisoria, tal vez duradera, opera hoy como un activo político que, en Neuquén, comienza a reordenar silenciosamente lealtades, expectativas y tiempos.
Cerramos insistiendo con una pregunta que desde hace tiempo sobrevuela la política neuquina y que dice mucho más de lo que aparenta. La Libertad Avanza, que hoy se muestra casi invencible en las urnas, ¿irá por todo —gobernaciones e intendencias— o elegirá una expansión selectiva y gradual, consciente de que no todos los territorios se conquistan solo desde el escenario?
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