El clima en Neuquén

icon
Temp
88% Hum
La Mañana Club

"Si al club le va bien, al barrio también": la historia de Pancho Villa, el dirigente que cambió la vida de cientos de chicos

Comenzó como jugador a los 17 años y terminó convirtiendo al Club El Arenal de San Martín de los Andes en un espacio de contención para más de 300 chicos.

Los chicos no le dicen "señor Villa". Para ellos es simplemente Pancho. Cuando llega al Club El Arenal, en San Martín de los Andes, siempre hay alguno que corre a abrazarlo. Son chicos de 5, 6, 7 u 8 años a los que entrenó hasta el año pasado, pero también adolescentes y adultos que alguna vez pasaron por sus equipos. Muchos ya dejaron de jugar. Otros siguen vistiendo la camiseta del club. Todos lo saludan con el mismo cariño.

"Cada vez que me ven me abrazan. No solamente cuando voy al club, sino también cuando nos encontramos en la calle. Me reconocen y es re lindo saludarlos y abrazarlos", contó Francisco "Pancho" Villa, el hasta hace muy poco presidente del Club.

Ese afecto también se repite entre los más grandes. "Es muy lindo el reconocimiento porque destacan el trabajo. Es hermoso escucharlos y saber que algo bien hicimos. Lo más lindo es el amor y el cariño de la gente por haber trabajado siempre con el mismo objetivo: que al club le vaya bien", aseguró a LM Neuquén.

Después de una pausa resumió en una frase la idea que marcó toda su vida. "Si le va bien al club, le va bien al barrio. Cuando el club está bien, hay menos chicos en la calle", aseguró.

Esa convicción lo acompañó durante casi cuatro décadas. Primero como jugador, después como dirigente, entrenador, presidente, ayudante de campo, colaborador y hasta director técnico del equipo femenino cuando hizo falta. Pancho pasó prácticamente por todos los lugares posibles dentro del Club El Arenal, la institución que nació en 1989 en uno de los barrios populares de San Martín de los Andes y que hoy contiene a unas 300 niñas, niños y adolescentes.

Por esa trayectoria, el Concejo Deliberante de San Martín de los Andes lo declaró este año Vecino Destacado. Sin embargo, para él el verdadero reconocimiento está en esos abrazos que recibe cada vez que vuelve al club.

A sus 55 años, Pancho trabaja como controlador de tránsito aéreo en el aeropuerto de la ciudad. El club, dice entre risas, "lo jubiló". Ya no es presidente, pero sigue yendo, colaborando y acompañando a quienes hoy tomaron la posta. "Yo sigo trabajando en el club, solamente que ya no estoy como presidente", aclaró.

Un club nacido de la necesidad de pertenecer

La historia de El Arenal comenzó en 1989. Pancho tenía apenas 17 años y, como muchos adolescentes del barrio, sentía que no encontraba un lugar en otros clubes de la ciudad.

"Éramos unos adolescentes que habíamos estado marginados de otros clubes y se nos ocurrió hacer un club que representara al barrio", recordó. Aunque no integró el grupo que impulsó la idea desde el primer momento, fue uno de los primeros jugadores que vistieron la camiseta de la institución.

Con el tiempo dejó de ser solamente futbolista. Empezó a involucrarse en la organización y, ya con 26 años, ingresó a la comisión directiva. Ahí comenzó otra historia.

"Cuando empezamos era un barrio de familias muy humildes. Sigue siendo un barrio de gente trabajadora, pero alrededor había muchas tomas y familias de escasos recursos. Yo también era uno de esos", recordó.

Aquella realidad hizo que el club rápidamente se transformara en mucho más que un lugar para jugar al fútbol. "La contención social que hacemos es maravillosa porque el niño o la niña tiene un lugar donde ir, hacer deporte y no estar en la calle donde como en todos lados hay droga y otros flagelos", destacó.

Actualmente, además de los entrenamientos, el club organiza meriendas, reuniones y actividades para fortalecer el vínculo entre las familias.

"Tenemos una sede donde los directores técnicos, que son padres o simpatizantes del club, hacen encuentros con todas las categorías. Eso ayuda a que haya una mejor relación entre todos", contó.

El desafío de construir una institución

Cuando Pancho comenzó a participar de la conducción del club entendió que hacía falta mucho más que voluntad para crecer. Junto a otros dirigentes golpearon las puertas del municipio para pedir un terreno donde desarrollar las actividades y la respuesta fue clara. Necesitaban tener personería jurídica.

"Fuimos al municipio cuando Luz Sapag era intendenta y nos dijeron que primero teníamos que tener la personería", recordó del inicio del largo trabajo administrativo.

En esa época sumaron a una contadora y cuando consiguieron la personería jurídica lograron tener el club. Ese paso permitió que el municipio les otorgara un comodato por diez años sobre el predio. Años más tarde, cuando Pancho asumió la presidencia en 2015, lograron extender ese acuerdo por 25 años.

"Eso te da tranquilidad porque sabés que podés trabajar de otra forma, proyectar", destacó. La estabilidad permitió proyectar obras de largo plazo.

Entre ellas, una de las más esperadas por todo el barrio: la futura cancha de césped sintético, un sueño que comenzó a tomar forma durante su gestión y que beneficiará a cientos de chicos y chicas.

Hoy alrededor de 300 chicos y chicas, de entre 5 y 17 años, juegan en las distintas categorías infantiles y juveniles de El Arenal. A ellos se suman los planteles de Primera División, Reserva y Veteranos, donde participan jugadores de entre 34 y más de 55 años.

El próximo desafío será incorporar una categoría de veteranas. Pero el crecimiento no quedó solamente en la cancha.

En el salón de usos múltiples se festejan cumpleaños, se realizan reuniones y comienzan a desarrollarse nuevas actividades para el barrio.

"Antes solamente teníamos fútbol. Ahora una chica del barrio va a dar clases de aerobox y eso suma también a las mamás que llevan a sus hijos. Mientras ellos entrenan, ellas pueden hacer una actividad", explicó.

Para Pancho, el club siempre fue una herramienta de inclusión y por eso ocupó todos los lugares que hicieron falta.

Un trabajo que también hizo en familia

Detrás de la historia de Pancho también está la de su esposa, Mabel Bravo. Durante años fue quien lo acompañó silenciosamente en cada entrenamiento.

Ordenaba las camisetas, preparaba el botiquín, organizaba las planillas y colaboraba con todo lo necesario para que los chicos pudieran jugar. Más tarde comenzó a trabajar en una fundación que recibe donaciones de ropa, zapatillas y botines.

"La gente la conoce, le lleva donaciones y ella sabe cuáles son las necesidades", compartió Pancho con orgullo del trabajo en equipo.

Muchas veces el propio club se convirtió en el lugar donde esas donaciones llegaban a las familias que más las necesitaban. La solidaridad pasó a formar parte de la identidad de El Arenal tanto como el fútbol.

Después de más de una década como presidente, Pancho sintió que era tiempo de renovar la conducción. "Creo que ya cumplí. Hay gente más joven que tiene ganas de trabajar y hay que darles lugar", aseguró.

Hoy el club está encabezado por Cristian Sanhueza, un dirigente al que definió como "un chico joven con muchas ganas de trabajar".

Cuando dejó la presidencia, la institución organizó una cena en su homenaje y realizó un campeonato infantil que llevó su nombre. "Fue muy lindo. La gente estaba muy contenta con los trabajos que pudimos hacer", recordó el hombre quien igual no piensa retirarse del trabajo comunitario.

"Yo vengo de una familia muy humilde, donde la única sostén de familia era mi mamá. Igual pude estudiar y eso fue maravilloso", destacó sobre sus raíces que le enseñaron compromiso social.

Te puede interesar...

Leé más

Noticias relacionadas