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La Mañana tormenta

Siete horas bajo la tormenta: el rescate épico de una nena de 3 años en la inmensidad de Chacayco Sur

Con el móvil encajado en un socavón de un metro, cinco policías y un criancero solidario desafiaron el temporal más crudo del año para salvar a una madre y su hija con fiebre.

Las Coloradas no perdona. El jueves 22 de octubre, mientras la alerta amarilla por el Fenómeno de El Niño azotaba con crudeza a todo el centro de Neuquén, inundando rutas nacionales y provinciales y abriendo socavones como heridas en la tierra, sonó un llamado desesperado en la Comisaría 31. Del otro lado, una voz de madre: estaba aislada en el puesto de sus padres, en el inhóspito paraje Chacayco Sur, y su hija de 3 años ardía en fiebre, con tos y la respiración entrecortada.

No hubo dudas. Así lo cuenta en primera persona el jefe de la dependencia, el Subcomisario Ángel Salazar, protagonista del rescate.

Cuando la ruta desaparece

A las 16 horas, cinco efectivos partieron. 100 kilómetros hasta el ingreso al paraje Aguada del Overo y otros 30 kilómetros campo adentro por la picada de la Ruta Provincial 20. La camioneta policial se abría paso entre vados desbordados. Hicieron 7 kilómetros tapando huecos, luchando contra el barro. Hasta que la tierra dijo basta.

Un socavón de un metro de altura, abierto por la furia del agua, les cortó el camino de cuajo. El móvil no pasaba más.

Fue entonces cuando comenzó la verdadera odisea. Bajaron y siguieron a pie. Dos kilómetros con el agua hasta los tobillos, la ropa calada y el viento helado pegando en la cara, hasta dar con un puesto. Allí apareció el otro héroe de esta historia: un criancero de la zona, de esos hombres curtidos por la meseta, que no lo dudó. "Vamos en mi camioneta", dijo. Y puso su vehículo a disposición para recorrer los 20 kilómetros que faltaban.

Barro, pala y corazón

El trayecto fue una pesadilla. Tuvieron que ir tapando con palas otros socavones para poder avanzar, metro a metro, mientras el cielo seguía descargando. Cada charco era una trampa. Cada curva, una incógnita.

Siete horas después, a las 23, llegaron. La escena era desoladora: la nena, envuelta en mantas, con tos. La madre, angustiada, en el puesto de sus padres crianceros. Hablaron, contuvieron y cargaron a ambas para emprender el regreso.

La menor fue llevada primero al hospital de Las Coloradas y luego derivada al Hospital de Zapala, donde los médicos diagnosticaron un cuadro viral de laringitis. Estaba a salvo.

El compromiso que no conoce de alertas

Mojados, exhaustos, con las botas llenas de barro, pero con el deber cumplido. Así terminaron los cinco policías de la 31.

La historia, más allá del rescate, desnuda la realidad de un territorio inmenso y olvidado, donde la jurisdicción de una comisaría abarca cientos de kilómetros de puestos de crianceros y comunidades aborígenes. Lugares donde no hay señal, donde un arroyo crecido es una condena y donde, cuando alguien la está pasando mal, siempre hay una mano anónima dispuesta a ayudar.

Fue una camioneta prestada. Fueron cinco uniformes que no miraron el reloj ni la alerta. Fue una madre que no se rindió. En medio del temporal más duro, la solidaridad neuquina volvió a cruzar el desierto.

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