Un amor, una herencia y una historia de película en Villa Traful: Lollie Campbell, la rescatista de caballos
Desde niña supo que esa aldea cordillerana era su lugar en el mundo. Rescató a los caballos más viejos del pueblo con los que realiza cabalgatas inolvidables.
Lollie Campbell conoció Villa Traful desde muy chica, en esa aldea cordillerana montó sus primeros caballos y también años más tarde definió su carrera y se convirtió en etóloga, la persona que trabaja con los animales que tienen problemas de comportamiento. Se fue a estudiar a Estados Unidos y volvió para ocupar parte de las tierras de su familia y crear ahí un refugio de caballos con los que realiza cabalgatas guiadas que contagian el amor por los animales y la naturaleza.
Fue en realidad su bisabuelo el que descubrió Villa Traful e invirtió en tierras en 1947, que recién fueron ocupadas por la abuela de Lollie, Carmen Ketelhohn, creadora de la inolvidable casa de té Til- Til.
Esta amante de los caballos (y todos los animales) vivía en Buenos Aires y viajaba cada verano con su familia para pasar vacaciones inolvidables a la vera del lago Traful, inmersa en un bosque de altos Coihues y con la visita de vacas, bueyes y caballos, que siempre fueron parte del paisaje, también los chimangos y zorros.
Si bien Campbell sabía que debía estudiar algo relacionado con los animales, no quería que sea veterinaria y se había anotado en Biología. Pero en el verano de sus 18 años una sorpresa en Villa Trafull le hizo pegar un volantazo a su futuro.
"Yo venía todos los veranos y como mi abuela tenía un salón de té siempre llegaban turistas. Un día llegó un contingente con varios camiones y colectivos que se habían confundido. Iban para San Martín de los Andes y llegaron a Traful y les encantó. Eran unos franceses y estadounidenses que venían a filmar una publicidad y sus actores eran un oso pardo, de verdad, dos lobos grises enormes y dos águilas", recordó con emoción aquella experiencia, en diálogo con LMNeuquén.
Cuando la abuela vio a esos animales, le pidió a los realizadores que su nieta pueda estar en las filmaciones. Como sabía hablar muy bien inglés, pudo charlar con los visitantes y descubrir que ellos habían estudiado etología para llevar adelante esa tarea de adiestrar animales para que actuaran en películas de Hollywood. "Y ahí supe que era eso lo que quería hacer, les dije que quería estudiar lo mismo que ellos, así que esto fue en febrero y en agosto de ese mismo año, que era el 2001, me fui a vivir a Estados Unidos. Rendí un examen de inglés y me fui a estudiar lo que habían estudiado estos chicos", contó.
"A los 18 me fui a estudiar Etología a Los Ángeles, California, la conducta animal y mi universidad era un zoológico donde habían todos animales rescatados de Hollywood, animales como un orangután o un chimpancé que después de los siete años no los podés controlar, entonces en el cine los jubilan, pero ya no lo podés liberar y viven hasta 80 años, como nosotros. Entonces los mandaban a este especie de refugio que era el zoológico donde nosotros trabajamos. Y en ese ambiente me di cuenta que aún no había encontrado mi labor y me volví a Argentina", relató.
Por aquellos años vivió en Buenos Aires, donde tuvo diferentes trabajos y en el 2013 siguió su corazón y se instaló en Villa Traful.
Un amor, una herencia y un refugio de caballos
Cuando llegó al pueblo comenzó vendiendo budines en la playa, haciendo atrapasueños, mandalas, pintando. Hizo un curso de velas. Y en esa búsqueda conoció a Diego Schro, un guardaparques del que se enamoró. Aunque ninguno de los dos buscaba formar pareja, una amiga en común los presentó y desde entonces cultivan su amor todos los días. Un tiempo después, Lollie recibió una herencia y comenzó a hacer su refugio de animales en las tierras familiares.
"Cuando emprendimos acá compramos las primeras cinco monturas y los primeros caballos que eran caballos rescatados. Acá en la Patagonia se come mucho el caballo, el potro. Y había un par de caballos que andaban sueltos en la ruta y que irían seguro para la faena. Nosotros encontramos sus dueños y como eran viejos nos regaló uno y el otro se lo compramos", recordó sobre los inicios de su emprendimiento de cabalgatas "Auca".
Entre risas, Lollie contó que parecía el centro de caballos jubilados de Villa Traful, y dijo que trabajaron mucho con ellos para poder comenzar a hacer cabalgatas. "Después de los 5 años los caballos ya no los quieren para trabajar en el campo y nosotros los fuimos comprando porque funcionan muy bien para las cabalgatas, porque son más dóciles, ya conocen todo, no se asustan por cualquier cosa", describió la mujer, quien aseguró que salvaron a varios de ir para la faena.
Campbell contó que Argentina es el mayor exportadora de carne equina a Europa, y que hay tres frigoríficos en el país que se dedican a esta carne.
El lugar siguió recibiendo caballos y esta pareja tuvo la suerte de comprar dos yeguas que estaban preñadas. De a poco su refugio comenzó a crecer: hoy tienen 14 caballos, 7 perros, 7 gatos, 2 jabalíes, 2 patos, 2 gallinas y 1 gallo que son parte de su familia.
Familia de animales
Con la experiencia en animales que tenía Lollie, más su refugio de caballos que crecía, su espacio en Villa Traful abrió las puertas a otros animales. La etóloga y el guardaparques dieron lugar a un cóndor que estaba intoxicado. Le brindaron un tratamiento para que pueda salir adelante y, luego de unos meses en Temaiken, nuevamente lo liberaron sobre el lago Traful.
También dan asilo a una pareja de jabalíes que, si bien unos cazadores los habían llevado para luego hacerlos tener cría, se arrepintieron y los entregaron. "El jabalí es un animal exótico introducido a la Argentina y son una plaga, entonces hacen daño al medio ambiente, por lo tanto está permitida la caza deportiva. A estos jabalíes le cazaron las madres y se llevaron una hembra y un macho de distintas mamás para reproducirlos y vender jamón. El tema es que de repente los cazadores tenían corazón y les dio pena matarles las crías y se enteraron que había una loca en Traful que ama a los animales y me los regalaron", contó emocionada sobre la llegada de "Hakuna" y "Matata" a su vida, hace ya 8 años.
También acompañaron un pato que había sido abandonado por la madre y lo ayudaron en su recuperación para luego liberarlo en el lago Gutiérrez en Bariloche. "Nos mandan animales para recuperar", confió.
"Con los caballos aprendimos que es una especie súper sensible, tienen un estómago complicado y hasta pueden morirse de dolor de panza. La primera vez que tuve un caballo con cólicos fue muy duro. Con el pasar del tiempo hemos perdido animales, muchos por vejez. Aunque a otros pudimos ayudar de la mano de nuestro veterinario, especialista en caballos, quien nos capacita", contó la mujer. El veterinario los capacitó para brindar los primeros auxilios a sus animales.
Refugio y cabalgatas
Lollie es profesora de inglés y de allí obtiene su sueldo, mientras que el dinero recaudado de las cabalgatas vuelve a los caballos para su alimentación y resguardo. "Hacemos cabalgatas para que ellos tengan una buena calidad de vida, para mantenerlos, sino sería imposible. Es mucho dinero mantenerlos", contó la mujer.
En "Auca", que significa yegua y rebelde en mapuche, prestan diferentes tipos de cabalgatas, aunque la mayoría están dedicadas a familias completas con poca experiencia montando caballos.
"Nosotros ofrecemos la experiencia desde niños de 5 años hasta 90. La idea es que el que nunca anduvo a caballo en su vida o nunca tocó un caballo tenga esa oportunidad. Y mi objetivo es contagiar un poco el amor por la naturaleza y los animales", describió.
Hay cabalgatas de entre una y tres horas, se recorren las playas, se pasea dentro del bosque, recorren la reserva costera de Traful, que es una zona fiscal, rústica que permite un camino inolvidable.
"Los caballos siempre me volvieron loca, yo aprendí a los 3 años a andar a caballo con mis abuelos y hoy sigo el legado de mi abuela que amaba Traful al igual que yo, este es nuestro lugar en el mundo", concluyó.
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