Brasil tendrá en vilo a la región hasta el domingo por la noche, momento en el cual se sabrá si Jair Bolsonaro resulta reelegido o si, por el contrario, Lula Da Silva vuelve por sus fueros por un nuevo período presidencial. Sea quien resulte ganador, para Neuquén, las cosas no cambiarían mucho porque el escenario que se le avecina, en materia hidrocarburífera, parecería ser el mejor.
Brasil precisará, inexorablemente, de un gas que no tiene para sostener los contratos de provisión de 14 usinas termoeléctricas hasta 2027.
Bolsonaro tuvo que acudir el año pasado a estas generadoras a causa de las graves sequías que afectan a las hidroeléctricas, que no solamente producían el 50 por ciento de la demanda interna sino que incluso le salvaron las papas a Alberto Fernández el invierno pasado.
Pero el escenario climático, se sabe, va de mal en peor y las termoeléctricas no precisan de las lluvias para generar.
El gobierno neuquino ha estado explorando la capacidad de transporte del gasoducto entre Uruguayana (frente a Paso de los Libres) y Porto Alegre, cuyas instalaciones podrían hacer lo propio con el gas de Vaca Muerta. En caso de que el ganador del domingo resulte Lula, el margen de maniobra del que dispondrá será el que Bolsonaro le marcó. Y difícilmente encuentre otro proveedor de la espalda de Neuquén, aunque sea provisionalmente. Bolsonaro tuvo una política energética controvertida.
La privatización de Eletrobras - y la sequía- obligará al país vecino a seguir quemando combustibles fósiles para generar energía por la falta de previsión e inversiones en energías limpias, más baratas y más saludables para el planeta.
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