Sofía Sandoval
Neuquén.- La cantidad de condenas referidas a los delitos sexuales y de género, ya sea por acuerdos o sentencias, tuvo un aumento del 21% en 2016, lo que, para la Fiscalía, representa no tanto un incremento de los casos, sino una toma de conciencia de las víctimas que se animan a denunciar. Un claro efecto de #NiUnaMenos.
Sin embargo, las cifras más altas desnudan la falta de espacios de contención para las víctimas, que deben esperar meses entre la denuncia y la condena.
Gustavo Mastracci es fiscal de Delitos Sexuales, Violencia de Género y Doméstica. Para él, los tiempos de la Justicia se agilizaron desde la reforma del Código pero aún exigen los procesos lógicos para comprobar la presencia de un delito y la pena consecuente. Para las víctimas de violencia, esos meses pasan con una lentitud extrema, con el miedo latente que causa la presencia de los agresores en el barrio o al otro lado del teléfono.
Por eso, Mastracci aseguró que es necesaria la presencia del Estado desde otro lugar más allá de la Justicia.
“A veces se dispone de custodia personal o rondines, pero la Policía no tiene los medios para resguardar a todas las víctimas”, remarcó el fiscal. Entonces, ¿qué pasa el día después?, ¿cómo se premia la valentía de las que se animan a denunciar? A veces, la denuncia es apenas el primer paso de un camino tortuoso con cientos de llamadas acosadoras en el teléfono o la presencia del agresor, que sigue libre y constituye la amenaza de un peligro renovado.
Mastracci hizo hincapié en las mujeres que dependen económicamente de sus agresores. ¿Qué hacen una vez que lo denuncian?, ¿cómo sobreviven ellas y sus hijos sin el sustento que antes provenía de la persona que los maltrataba?
Para el fiscal, es necesario arbitrar los medios para resguardar la integridad de las víctimas a través de aportes económicos y creación de refugios. Por su parte, destacó la labor de la Justicia, que insiste en crear causas a quienes desobedecen la exigencia de un funcionario público que establecen no acercarse a las víctimas. “Son penas pequeñas, pero es importante que tomen conciencia de que es algo serio”, sostuvo.
No obstante, en el distrito de la Confluencia, la fuerza de las mujeres parece haberle ganado al miedo, y desde la Justicia afirman que las denuncias se han incrementado en los últimos años, lo que se dio en parte gracias a la difusión mediática de otras condenas y la insistencia de las mujeres para que se visibilice la situación que atraviesan en cada casa.
La Policía todavía no tiene los medios suficientes para resguardar a todas las víctimas de violencia de género, según el fiscal Gustavo Mastracci.
Exposición
“Es importante que se conozca lo que pasó y que se condenó pero sin exponer a la víctima, porque sería victimizarla otra vez frente a su entorno”, expresó Mastracci, y destacó la necesidad de divulgar que a la Justicia le importa y que persigue los casos de violencia de género. “Los agresores también tienen que empezar a saber que se les terminó el tiempo en que no pasaba nada”, enfatizó.
Las incansables campañas y marchas como el #NiUnaMenos empujaron a muchas mujeres a denunciar no sólo la violencia física, sino la verbal. Por eso, también se incrementaron las denuncias por amenazas, y en un año la cantidad de condenas se triplicó.
“Con las nuevas tecnologías es más fácil probar las amenazas porque suele quedar un registro; las que son cara a cara son difíciles de probar porque se requieren testigos”, explicó el fiscal.
La línea 148, un contacto clave
Según explicó el fiscal de Delitos Sexuales, Violencia de Género y Doméstica, Gustavo Mastracci, la línea 148 del Programa de Contención y Acompañamiento en las Violencias es una gran herramienta para canalizar los conflictos familiares y la violencia de género en la provincia.
“Hoy en día todo el mundo tiene un teléfono, y ya tener a alguien del otro lado que te tire una soga es importante”, remarcó el funcionario judicial.
Mastracci agregó que si bien por lo general llaman mujeres pidiendo auxilio, en algunos casos mínimos llamaron a la línea hombres que no sabían cómo enfrentar una situación que se había descontrolado en sus hogares.
Mastracci aseguró que tanto esa línea, que en un mes recolectó más de 200 llamados, como la de servicio de maltrato que depende del Hospital Heller funcionan como medios para articular interconsultas y asistir a las víctimas para que sepan cómo proceder en cada caso y poder hacer las denuncias correspondientes.
En 2016 hubo 161 delitos de violencia
Según los datos proporcionados por el Ministerio Público Fiscal, en 2016 se condenaron 161 delitos referidos a violencia de género y abusos sexuales en la región de la Confluencia.
Este número representa un incremento del 21% en relación con el año anterior.
De los 161 casos, el 49% responde a delitos contra la integridad sexual de las personas, que incluyen casos como abuso sexual simple o agravado, con acceso carnal o gravemente ultrajante. En segundo lugar se posicionan los delitos contra las personas, que representan un 29% del total e incluyen figuras como lesiones leves y graves, lesiones con amenazas, lesiones con incumplimiento de órdenes judiciales y hasta homicidio doloso.
Aunque con sólo 17 condenas, los casos de amenazas representaron una suba del 240%, que se interpreta como un avance en la facilidad de obtener pruebas junto con una toma de conciencia de que la violencia no es sólo física sino también verbal.
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