Fieles de la institución fundada por el español Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975) y cuyo nombre significa en latín “obra de Dios” ocupan una y otra vez altos cargos políticos. Y ahora cada vez más en América Latina, en países con gobiernos conservadores.
En Perú es pública la afiliación al Opus del ministro de Defensa, Rafael Rey, así como en Panamá la de la titular de Educación, Lucy Molinar. También el vicepresidente y canciller panameño, Juan Carlos Varela, aparece entre los promotores de centros educativos vinculados a “la Obra”, como la conocen sus allegados.
Cuenta Luis Carandell en su libro “Vida y milagros de monseñor Escrivá de Balaguer”, que el sacerdote y hoy santo exclamó “¡Nos han hecho ministros!”, al nombrar el general Franco ministro en 1957 a Alberto Ullastres, el primero de ocho fieles de la institución religiosa que integraron sucesivos gobiernos de la dictadura.
El Opus Dei, única “prelatura personal” de la Iglesia católica, niega que Escrivá dijera algo así. Según la versión oficial, cuando alguien lo felicitó por el nombramiento, contestó en seco: “¿Qué me importa a mí que sea ministro o barrendero? Lo que me importa es que se santifique con su trabajo”.
Sea como sea, el Opus insiste en que sólo “unos pocos” miembros ocupan altos cargos en la política o en empresas. Según el Anuario Pontificio, al Opus Dei pertenecen más de 87.000 personas, menos del dos por ciento sacerdotes. Su gran mayoría son hombres y mujeres sin votos religiosos y que se dedican a las profesiones más diversas, desde las que tratan de vivir su fe en el día a día y hacer proselitismo, en medio de la sociedad.
El que no lleven hábito no quiere decir que no recen: Sus prácticas religiosas diarias incluyen la misa, comunión, 30 minutos de oración por la mañana y 30 por la tarde, rosario, ángelus, lectura del evangelio y libros espirituales, visita al sagrario, examen de conciencia y preces, una oración particular del Opus.
Supernumerarios como Lavín o Kelly están casados y se comprometen a realizar una aportación económica al Opus acorde a sus posibilidades. Numerarios como Rey se mantienen solteros, viven en residencias con otros miembros y entregan todos sus ingresos.
Según el Opus Dei, la afiliación “ni se pregona, ni se oculta” y es cada miembro quien decide hacerla pública o no. Lavín, ex alcalde de Santiago y cuyo hermano Andrés, sacerdote, es el máximo responsable del Opus en los países bálticos, se dejó retratar incluso en el documental crítico “El Opus Dei, una cruzada silenciosa” (2006), de Marcela Said y Jean de Certeau.
Otros como Kelly son más discretos. “Mi fe es un asunto espiritual íntimo. Los políticos tenemos derecho a una vida privada”, afirmó al llegar al gobierno de Blair en 2004.
En su web (www.opusdei.org), la organización defiende su carácter “exclusivamente espiritual” y afirma que, en cuestiones profesionales, sus miembros actúan “con completa libertad y responsabilidad”. Según el texto, también en política tienen “la misma plena libertad que los demás ciudadanos católicos”, sin que el Opus les dé órdenes o tan siquiera aconseje en este terreno.
Aun así, afiliados al Opus Dei aparecen asociados sobre todo a partidos conservadores. En España, por ejemplo, durante el gobierno de José María Aznar eran del Opus el ministro de Defensa, el fiscal general del Estado y el jefe de la policía.


