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Osvaldo Arabarco, el poeta que le puso letra al himno neuquino

En noviembre 1991 fue adoptada la composición de cuatro estrofas y un estribillo, que contó con la música de Marcelo Berbel.

Osvaldo Arabarco, encomiable hacedor de la historia neuquina. Detallar el currículum de quien fuera el autor de la letra del himno provincial no es tarea fácil, en virtud de los vastísimos aportes realizados a favor de la educación y la radiofonía.

Nació en Neuquén capital el 11 de septiembre de 1945, inició sus estudios primarios en la Escuela Nº 2 y los secundarios en el Colegio Domingo Sabio, para concluirlos en la Escuela San Martín, donde se recibió de Bachiller.Luego cursó estudios terciarios en el Instituto Superior de Enseñanza radiofónica, y la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional de Buenos Aires.

Es hijo de don Oscar Arabarco, oriundo de Coronel Pringles, provincia de Buenos Aires. En 1937 su padre llegó a Neuquén y comenzó a trabajar en la salud pública. Desde allí colaboró en el nacimiento de la asistencia pública junto con el Dr. Castro Rendón. "Buen amigo, sencillo y comprometido. Solidario y trabajador. Nuca le conocí perezas y si tuvo amarguras nunca las dijo. Era así reservado, en sus cosas", lo definió Osvaldo.

Pareciera que Osvaldo estuviera predestinado a ser un hombre de radio, ya que el mismo año de su nacimiento, 1945, nacería también nuestra entrañable emisora LU5. Tuvo una importante labor en ella, donde se destacó por la escritura de muchos slogans que ilustraban el aire de la joven emisora.

Entre tantas causas que abrazó con nutrida pasión se encuentra la defensa de la Universidad de Neuquén y vivió su nacionalización. En cierta oportunidad escribió: "La Escuela de Salta y Belgrano rezaba en su portada “Saber es Deber”… media jornada funcionaba como escuela, y el resto del día la Universidad […] Vivimos con emoción sus primeras colaciones de grado, su crecimiento de matrícula... los sueños de alfarería se hicieron realidad en el barro".

Osvaldo era poeta. Además de locutor y de luchador es de una inmensidad sin métrica, todo lo que llegaba a sus manos se convertía en poesía, en poema. A su gran amigo Milton Aguilar en el aniversario de su fallecimiento le dedicó las siguientes palabras: "Milton, recién caigo en la cuenta de que ha transcurrido un año. Como las cosas cotidianas, estás allí todos los días, en las charlas de los amigos, en los actos evocativos. Al fin y al cabo no te has ido del pago. Todo está como era entonces, la casa, el perro... y los hombres".

Estas palabras son apenas un pequeñísimo resumen de su trayectoria. Redundante es decir que estos hombres, desde su silencio, desde su humildad hacen todos los días de su existencia que nuestra patria siga siendo ejemplo de proyección futura. No debemos olvidarlos.

El Himno Provincial

Este tema nació en los comienzos de la década del 80 como Trabun Mapu (pacto o tratado de la tierra) con la letra de Osvaldo Arabarco y la música de Marcelo Berbel en homenaje al Dr. Gregorio Álvarez que cumplía 90 años y cuya celebración se realizó en el entonces Teatro Lope de Vega, en los altos del cine Español de Neuquén. En esa oportunidad y como una sorpresa los hermanos Berbel lo entonaron para el homenajeado.

Esta cordillerana de raíz criolla y costumbrista permaneció como tal en ruedas fogoneras de amigos y amantes de nuestra música, hasta que por el decreto 0563 de 1989 se efectuó los llamados a concurso. A partir de marzo de ese año se dieron cumplimiento a las sucesivas etapas del llamado.

El 2 de mayo de 1989 se reunieron los jurados convocados al efecto y dictaminaron sobre los diseños de la bandera y la letra propuesta para el himno, y en acuerdo general de ministros, por decreto 2766 fue aprobado lo actuado por el jurado (conformado por los decretos 1465 y 1487 de 1989).

En esa oportunidad se proclamó ganador el trabajo presentado por Aldo Mastice con el seudónimo de Ñancu y que enviado a la Honorable Legislatura de la Provincia del Neuquén dio lugar a la sanción de la Ley 1817 de Creación de la Bandera de la Provincia del Neuquén.

De la misma manera, por Decreto 2764, fue aceptado lo actuado por el Jurado para la selección de las Letra del Himno Provincial, que premió el trabajo presentado por Osvaldo Arabarco y Marcelo Berbel bajo el Seudónimo de Epu y Quiñe.

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Osvaldo Arabarco, Marcelo Berbel y sus hijos.

Osvaldo Arabarco, Marcelo Berbel y sus hijos.

Finalmente el decreto 2765 aceptó lo actuado por el jurado declarando desierto el concurso de la música pero disponiendo la creación de una Comisión Especial integrada por los Músicos Miguel Ángel Barco y José Luis Bollea a fin que con los autores de la Letra del Himno definieran el Marco Musical del Himno.

Así por decreto 3507 se aprobó lo actuado por aquella Comisión, recomendándose el trabajo presentado por el Músico Neuquino Marcelo Berbel, bajo el Seudónimo de Manque.

El 30 de Octubre de 1989 La Legislatura Neuquina sanciona con fuerza de Ley la Bandera del Neuquén y el 21 de Noviembre de 1991 (Decreto 4775) la legislatura en la Sala de Sesiones bajo el registro 1932 consagró como Himno Provincial del Neuquén la Composición Poética de Osvaldo Arabarco y la Música compuesta por Marcelo Berbel.

Por ley 2335 del 26 de Octubre del 2000, la Legislatura Neuquina restituye al Himno del Neuquén, la Música Original compuesta para el concurso y desactiva las reformas realizadas oportunamente por la comisión especial.

El 1° de marzo es el día del Himno Provincial neuquino en honor a Arabarco, en la fecha de su fallecimiento.

Creció en el compromiso de una raza vigente

Con el cielo en los lagos todo el viento en la voz.

Neuquén es compromiso

Que lo diga la Patria

Porque humilde y mestizo

Sigue siendo raíz”

Neuquén es compromiso

Que lo diga la Patria

Porque humilde y mestizo

Sigue siendo raíz.

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Escrito que le hizo a su padre Oscar Arabarco

De Oscar Arabarco. El Hospital. Los amigos y otras yerbas

Lo conocí en septiembre de 1945 [nacimiento de Osvaldo].Terminaba la Segunda Guerra Mundial y la Argentina país joven crecía. Sus graneros se abrieron al mundo dolorido y exhausto de la vieja Europa. Neuquén cumplía sus primeros 41 años de vida. En ese entonces pequeño, con mucha arena y muchos vientos. Los vecinos tenían una relación muy especial, próxima y solidaria. La mayoría habían venido atrás de sus sueños desde otros pagos y quedaron aquí como dice Milton (Aguilar) “hombre árbol semillando”. Oscar había nacido en Coronel Pringles Provincia de Buenos Aires, un pueblo de campo cercano a Saldungaray y Sierra de la Ventana cuando corría julio de 1914. Doce hermanos compartían la mesa, 6 mujeres y 6 varones. En ese escenario comenzó su vida y la argamasa de lo que sería luego su destino. Buen amigo, sencillo y comprometido. Solidario y trabajador. Nunca le conocí perezas y si tuvo amarguras nunca las dijo. Era así, reservado en sus cosas.

Cuando los años mozos le fueron pidiendo riendas a sus sueños pensó en venirse al valle, al “Neuquén”, con el acento en la primera e como se decía antes. Aquí estaban sus tíos viejos desde finales del siglo pasado, y habían sentado reales en la región atendiendo sus campos. Como lo conocí desde muy chiquito esto sin duda me lo contaron la familia y sus amigos. El año 1937 le acercó por fortuna la amistad del Dr. Castro Rendón y de doña Emilia, su esposa. Tiempos duros en Neuquén, donde todo estaba por hacerse, lo prohijaron y le dieron sapiencia y conocimiento. Seguramente, la sola mención de Castro Rendón les acerca la imagen del Hospital de la ciudad de Neuquén que lleva precisamente su nombre. Pues allí comienza su historia de trabajador de la salud pública que no abandonaría hasta su muerte.

Oscar compartió el nacimiento de la asistencia pública en una vieja casona ya desaparecida frente a las vías del ferrocarril en la calle Laínez y 12 de septiembre. Allí vivía y trabajaba al mismo tiempo, con Rendón de maestro y de guía. Si había que salir de urgencia en la ambulancia, una Ford A modelo 30, Oscar lo hacía. Si había que saturar de urgencia, también lo hacía. Si había que poner un suero, allí estaba, los partos debían asistirse y allí estaba. Sin duda había encontrado su destino.

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Osvaldo Arabarco y sus compañeros.

Osvaldo Arabarco y sus compañeros.

Justamente allá por 1940, de guardia en el consultorio externo de la vieja asistencia pública, recibió la visita de doña Dominga y su joven hija que venían de Fernández Oro, de las chacras para atenderse. Los demás es historia de familia. En 1944 se casaron y constituyeron una familia que integró Yoli su esposa, y sus dos hijos, Osvaldo y Mirtha. Allí comencé a frecuentarlos y esa relación persiste aun cuando tanto Oscar como Yoli, ya no están.

Cuando nació el primogénito vivían en una pequeña casa que tenía un gran medanal de patio anterior, en la esquina de Salta y Roca. Unos antiguos y buenos vecinos “los Pintos” sabían cuidar del cachorro en la cuna mientras Yoli hacía algún mandado. El muchachito nació en la misma casa como era costumbre de la época, gracias a doña Irma Tróndoli, una partera muy querida que vivía en la calle Catamarca, hoy Brown, entre Juan B. Justo y San Martín, al lado de la Unión Ferroviaria.

Hoy estos edificios viejos ya no están y guarda su recuerdo el patio de una cochera. Oscar fijó su residencia en la calle Catamarca 179,hoy calle Brown, en la casona que le alquilaba a doña Felipa Boch, que al mismo tiempo era su vecina. Allí llegó Mirtha y se completó la familia. Tiempos de cocina leña, y bifes a la plancha y pucheros gordos de cola que vendía el Carnicero Badaracco en la esquina de Catamarca y Roca.

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