Elecciones 2023: las internas definen épocas, no candidatos
En la historia argentina, sólo en dos ocasiones surgió un presidente de las internas partidarias. En 1988, Cafiero era el favorito de la interna del Partido Justicialista frente Carlos Saúl Menem. En una elección cerrada, con la participación de 1.600.000 de afiliados sobre un padrón de 4 millones, el aparato ortodoxo de Cafiero parecía ser definitorio.
Por primera vez en 80 años de peronismo, su candidato no sería elegido a dedo, sino mediante el voto de sus afiliados. Pero la simpatía mediática y la habilidad para lograr acuerdos de Carlos Menem desafiaron las tendencias y lo catapultaron sin escalas a la Casa Rosada. Los siguientes 10 años de la historia argentina fueron definidos ahí, en esa interna peronista.
En 1999, la Alianza UCR-FREPASO puso fin a 10 años de Menemismo, con un candidato surgido de internas partidarias y abiertas. Fernando De La Rúa salió victorioso frente a Graciela Fernández Meijide en una interna abierta donde participaron más de 2,3 millones de votantes sobre un padrón total de 19 millones. Gracias a este mecanismo de pre-selección, el radicalismo y la centro izquierda Argentina por primera vez lograban superar sus divisiones y fusionarse en un abrazo pragmático, capaz de obtener el poder. Sin embargo, aquella Alianza no lograría mantenerse en el gobierno por usar el poder para mantener –en lugar de cuestionar- un sistema económico ya inviable.
¿Habrá aprendido Juntos por el Cambio las lecciones de la historia para aplicarlas en el 2023?
Con una acalorada interna, Mauricio Macri abrió hábilmente el juego de la sucesión para quitarle, una vez más, el poder al Kirchnerismo.
Las internas partidarias permiten la participación y el aglutinamiento de todos aquellos que comparten cuál es el puerto de llegada y la ideología, pero que difieren respecto de quién debe conducir la nave y cuál es la hoja de ruta.
Este mecanismo es útil para ordenar las preferencias del electorado frente a la dispersión de ideas y referentes. Además, es muy efectivo a la hora de sumar votos, ya que permite ampliar el volumen de participación. Correrse unos centímetros a la izquierda o a la derecha, pero sin ceder terreno en el otro extremo, puede significar miles o millones de votos en la elección general.
Lo más potente de las internas es que el ganador obtiene un agregado de legitimidad. Queda coronado frente al votante común, con los laureles del ganador, que lo impulsan con más velocidad y fuerza que sus rivales, elegidos por el dedo egoísta y mezquino del poder.
A diferencia de las últimas elecciones a presidente, el eje de la discusión ya no es el propuesto por la centroizquierda, que años atrás quebraba familias y amistades en las mesas argentinas: Kirchnerismo - Anti Kirchnerismo, los derechos humanos, o la pelea contra los monopolios comunicacionales de la dictadura.
Hoy, el debate de los argumentos transcurre por los carriles de la centroderecha: exterminación de la inflación mediante la dolarización, el ajuste fiscal, la mano dura frente a las consecuentes protestas sociales y el combate contra el narcotráfico. Ante esta tendencia ideológica, instalada por la Libertad Avanza de Milei, las encuestas indican que el espacio de Juntos por el Cambio es el único capaz de ofrecer una discusión que el electorado reconoce con la experiencia y la capacidad real de gobernar bajo las nuevas premisas en discusión, sin dar saltos dogmáticos al vacío que terminen en un estallido social imparable.
La inflación y el tipo de cambio van limando con el paso del tiempo las posibilidades de Sergio Massa para conservar el poder del oficialismo. Estos índices ya no se miden semestral o mensualmente, sino diariamente. Esto le da margen a Cambiemos para aumentar el tono de su discusión y estirar su espectro ideológico sin que el espacio común se rompa. A pesar de sus enormes diferencias metodológicas, a estos candidatos los une el espanto.
Mientras los distintos partidos y candidatos se arrojan dardos venenosos o despliegan sus mejores estrategias electorales y propagandísticas para obtener el tan ambicionado poder, los argentinos observan atentos para decidir en un final que todavía está abierto, con la única expectativa de si el próximo gobierno será capaz de consolidar un modelo de país a 10 o 20 años, o si terminará en un estallido social como en el 2001.
El efecto de las internas
En el ámbito local
Históricamente, el gobernador electo de la provincia de Neuquén, fue el vencedor de las épicas internas del MPN. Tan así, que este año, por primera vez desde 1991, el MPN no realizó internas partidarias y terminó derrotado. El histórico partido no fue capaz de concentrar las corrientes de debate en su interior, lo que resultó en una fatal fuga de dirigentes y votos a favor de Rolando Figueroa.
En el ámbito internacional
En Estados Unidos, Donald Trump era un candidato de extrema derecha extravagante y sin posibilidades. Las primarias republicanas lo fortalecieron y catapultaron a la presidencia del país más poderoso del mundo.
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