Su familia había denunciado su desaparición horas antes. Los escalofriantes detalles sobre cómo se encontraba el cadáver.
Un episodio de violencia extrema alteró la calma de lo que parecía ser una jornada normal de verano, y dejó en estado de shock a todos cuando dos pescadores encontraron el cuerpo sin vida de un hombre con múltiples heridas cortantes y una mutilación en una de sus manos.
El hallazgo activó un operativo policial y dio inicio a una investigación por homicidio que por sus características, apunta a un ataque planificado. Ocurrió en la comunidad de Aguilares, en Tucumán. En una zona rural del paraje Guasa Rincón.
El cadáver estaba tendido boca abajo, en un sector de difícil acceso, alejado de los caminos principales. Los pescadores, al advertir la presencia del cuerpo, se comunicaron de inmediato con la Policía. Minutos después, móviles de la fuerza provincial llegaron al lugar, acordonaron la zona y comenzaron a preservar la escena para evitar la contaminación de posibles pruebas.
Los primeros informes forenses describieron un cuadro brutal. La víctima presentaba cortes profundos en la cabeza y la nuca, además de una mutilación en la mano derecha, con un tipo de herida que los especialistas calificaron como precisa y limpia, compatible con el uso de un arma blanca. Ese detalle reforzó la idea de que no se trató de un ataque improvisado, sino de una agresión ejecutada con intención clara de matar.
Un escenario que descarta el robo
Uno de los elementos que más llamó la atención de los investigadores fue que el hombre conservaba todas sus pertenencias.
Tenía consigo dinero, documentación y objetos personales. Esa circunstancia llevó a descartar rápidamente el robo como móvil principal y a enfocar la pesquisa en un ataque dirigido, posiblemente motivado por un conflicto previo o una venganza.
El análisis preliminar del lugar tampoco mostró señales de lucha. No había rastros de forcejeo ni marcas que indicaran una resistencia prolongada. Según los primeros peritajes, el agresor habría atacado por la espalda, sorprendiendo a la víctima y evitando que pudiera defenderse. La forma en que se produjeron las heridas, concentradas en zonas vitales, sugiere un accionar frío y calculado.
El sitio elegido para cometer el crimen también resulta relevante. Guasa Rincón es un paraje rural, con sectores de monte y caminos de tierra, lo que brinda cierto aislamiento y poca visibilidad, condiciones que facilitan un ataque sin testigos. Para los fiscales, no se trata de un dato menor: alguien llevó o esperó a la víctima en un punto donde las probabilidades de ser visto eran bajas.
Estaba desaparecido y lo encontraron muerto
Horas después del hallazgo, la Policía confirmó la identidad del hombre. Se trataba de Javier Ariel Sarmiento, de 50 años, quien había sido denunciado como desaparecido por su familia. Según relataron sus allegados, no tenían noticias de él desde las 19 horas de ese mismo día, cuando debía regresar a su domicilio y no lo hizo.
La familia llegó al lugar y reconoció el cuerpo, un momento de fuerte impacto emocional que terminó de cerrar la etapa inicial de incertidumbre. A partir de allí, la investigación pasó a centrarse en reconstruir las últimas horas de vida de Sarmiento: con quién estuvo, adónde fue, qué comunicaciones mantuvo y si existían conflictos recientes que pudieran explicar un desenlace tan violento.
Por ahora, no existen testigos presenciales ni registros de cámaras de seguridad que aporten imágenes o datos concretos sobre el ataque. Esa ausencia de material audiovisual complica el avance de la causa y vuelve todavía más importante el trabajo técnico de los peritos y el análisis de los dispositivos electrónicos de la víctima.
La fiscalía y las primeras medidas
La causa quedó en manos de la Unidad Fiscal de Homicidios del Centro Judicial Concepción, bajo la conducción del fiscal Fabián Assad. Desde el primer momento, el funcionario ordenó una serie de medidas para preservar la mayor cantidad de pruebas posibles. Entre ellas, rastrillajes en la zona, el relevamiento completo del lugar del hallazgo y la intervención del Equipo Científico de Investigaciones.
Uno de los pasos clave será la autopsia. El examen forense permitirá establecer la causa exacta de la muerte, el horario aproximado del fallecimiento y la profundidad y dirección de las heridas. Esa información resultará central para confirmar si el ataque ocurrió en ese mismo lugar o si el cuerpo fue trasladado luego de ser asesinado en otro punto.
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