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Vivir sin ropa, sin amigos y sin festejo de cumpleaños: el informe de la UCA sobre la pobreza en la infancia

Un estudio del Observatorio de la Deuda Social revela que en 2025 el 53,6% de los niños, niñas y adolescentes de las ciudades del país habita en hogares pobres.

El 53,6% de los niños, niñas y adolescentes (NNyA) de la Argentina urbana vivía en hogares pobres durante 2025. El 10,7% directamente en la indigencia. Los datos surgen de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA), que lleva adelante el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA), y fueron presentados este miércoles en un webinar abierto al público.

El informe, titulado "Infancia en la Argentina: avances en la coyuntura, deudas estructurales (2010-2025)", abarca 15 años de mediciones y traza un panorama que va mucho más allá del ingreso: salud, hábitat, educación, vínculos, vestimenta y salud mental forman parte del diagnóstico. Las cifras confirman que, aunque algunos indicadores mejoraron respecto del 2024, la situación sigue deteriorada en perspectiva histórica.

La pobreza en la infancia urbana bajó respecto de 2024, pero se mantiene en niveles que duplican los registros de comienzos de la serie (2010). La cobertura de transferencias monetarias como la Asignación Universal por Hijo (AUH) alcanza al 42,5% de los NNyA, lo que deja a un porcentaje considerable del universo vulnerable sin ningún tipo de protección estatal directa.

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La Asignación Universal por Hijo (AUH) alcanza al 42,5%.

La Asignación Universal por Hijo (AUH) alcanza al 42,5%.

Las brechas territoriales son determinantes. El Conurbano Bonaerense concentra los indicadores más críticos en casi todas las dimensiones del estudio. Los adolescentes, además, presentan condiciones peores que los niños más pequeños en varias variables, lo que sugiere que la desigualdad se profundiza con la edad en lugar de atenuarse.

En materia alimentaria, el 28,8% de los NNyA experimentó algún grado de inseguridad, con un 13,2% en su forma más severa. Aunque es una mejora respecto de 2024, los valores siguen por encima de los registros previos a la crisis. En ese contexto, la asistencia alimentaria llegó a niveles récord: el 64,8% de los hogares con niños en situación vulnerable recurrió a algún tipo de asistencia. El estudio señala que este aumento no solo refleja mayor cobertura, sino también la incorporación de sectores que antes no dependían de esa ayuda.

Salud: menos atención y más presión sobre el sistema público

El 61,2% de los NNyA carece de cobertura de salud a través de obra social, mutual o prepaga. Es el valor más alto de toda la serie histórica. Esto significa que seis de cada diez chicos dependen exclusivamente del sistema público de salud.

El 19,8% dejó de atenderse —médico, odontólogo, etcétera— por razones económicas durante 2025. La brecha etaria es llamativa: el problema afecta al 11,3% de los menores de cinco años, pero trepa al 27,5% en la adolescencia. La atención odontológica es históricamente la más postergada: el 34,6% no realizó controles bucales en el último año.

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El 61,2% de los NNyA carece de cobertura de salud.

El 61,2% de los NNyA carece de cobertura de salud.

El informe también aborda la salud mental. El 18,1% de los NNyA de 5 a 17 años presentó síntomas de tristeza o ansiedad según el reporte de sus adultos de referencia. La incidencia es mayor en adolescentes (21,2%) y, dentro de ese grupo, las mujeres duplican en riesgo a los varones: 24,7% frente a 18%. El dato que más preocupa a los investigadores es el vínculo con el aprendizaje: quienes presentan estos síntomas tienen un 46% más de probabilidades de "no aprender mucho" en la escuela.

La escuela: déficits en las trayectorias educativas

La expansión de la escolarización convive con un sistema educativo crecientemente segmentado. En 2025, el 24,4% de los chicos de 3 a 5 años no asiste al nivel inicial. En primaria, el 7,8% tiene déficits en su trayectoria educativa, cifra que salta al 23,6% en la secundaria. Los adolescentes de los sectores más bajos tienen hasta cinco veces más probabilidades de presentar rezago escolar que los de sectores altos.

Pero la oferta dentro de las escuelas también marca diferencias profundas. El 82,6% de los NNyA no accede a jornada extendida. El 57% no recibe enseñanza de computación. El 39,7% no tiene clases de idiomas. Estas carencias son especialmente frecuentes en el sector estatal, que es justamente el que concentra a los alumnos más vulnerables.

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El 24,4% de los chicos de 3 a 5 años no asiste al nivel inicial.

El 24,4% de los chicos de 3 a 5 años no asiste al nivel inicial.

El ausentismo docente aparece como la variable de mayor peso en el aprendizaje: el 30,6% de los alumnos concurre a escuelas con ausentismo frecuente o suspensiones de clases. En el estrato más bajo, ese número llega al 42,6%. Según el análisis multivariado del informe, los chicos afectados por este problema tienen casi seis veces más probabilidades de "no aprender mucho". El resultado es que el 37,1% de los NNyA "aprende algo, pero podría aprender más", según la percepción de sus adultos de referencia.

Vivir sin ropa, sin amigos, sin festejo de cumpleaños

El informe incorpora dimensiones que habitualmente no aparecen en las estadísticas de pobreza. El 37,5% de los NNyA experimentó privaciones en su vestimenta por problemas económicos. En el estrato más bajo, esa cifra sube al 58,3%. Pero el dato que el estudio subraya va más allá de lo material: el 12,3% no puede vestirse como sus pares y el 6,9% sufre emocionalmente por eso, lo que se asocia con mayores dificultades para construir vínculos sociales y, a través de ellos, para aprender.

El 27,3% de los NNyA tiene pocos amigos o dificultad para hacerlos. El aislamiento social opera como barrera concreta: quienes enfrentan esas dificultades tienen casi el doble de probabilidades de no aprender mucho en la escuela. El 19,6% no festeja su cumpleaños. El 26,9% comparte cama o colchón con otras personas. El 55% no realiza actividad física extraescolar. Más del 80% no participa en actividades culturales. La pobreza, concluye el informe, no es solo falta de ingresos: es también falta de experiencias, de vínculos y de estímulos clave en la vida cotidiana.

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