Compararon bosques de ñire de Santa Cruz dentro y fuera de reservas, con una conclusión contundente. El factor que amenaza a los árboles en todos los sectores.
Una investigación científica internacional confirmó que las áreas protegidas cumplen un papel fundamental para la conservación de los bosques nativos en Santa Cruz, la provincia con la mayor concentración de reservas sobre paisajes forestales de todo el país.
El estudio, publicado en la revista científica Land, comparó decenas de sectores boscosos dentro y fuera de parques y reservas, y llegó a resultados claros a favor de las zonas protegidas.
El trabajo se enfocó en los bosques de ñire (Nothofagus antarctica), una de las especies arbóreas más características de la Patagonia austral, que ocupa alrededor de 1.700 kilómetros cuadrados de bosque en Santa Cruz.
El estudio científico en la Patagonia austral
Los investigadores analizaron 103 sectores distribuidos en toda la provincia, con la participación de especialistas del CONICET, el INTA, la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA) y la Universidad Nacional de La Plata.
El relevamiento incluyó bosques presentes en los parques nacionales Los Glaciares, Patagonia y Perito Moreno, además de las reservas provinciales Lago del Desierto, Península Magallanes, Punta Gruesa, San Lorenzo y Tucu-Tucu.
Los científicos compararon tres situaciones: bosques dentro de áreas protegidas, en una franja de 15 kilómetros alrededor de ellas, y en campos privados alejados de los parques.
Los autores del trabajo indicaron, además, que Santa Cruz cuenta con 52 áreas protegidas, la mayor cantidad del país para zonas boscosas, aunque solo el 16% de la superficie ocupada por los ñire se encuentra efectivamente protegida.
Árboles más altos y mejores suelos
En total se evaluaron 38 variables, entre ellas la estructura del bosque, la regeneración natural, la calidad del suelo, la presencia de ganado, los efectos del fuego y las intervenciones forestales.
Los resultados fueron contundentes. Los bosques ubicados dentro de parques y reservas presentaron árboles más altos, mayor cobertura de copas, mayor volumen de madera y una estructura más cercana a la de un bosque natural maduro.
También se registraron suelos menos compactados, con mayor humedad y mejores niveles de carbono orgánico, condiciones clave para sostener la biodiversidad y la resiliencia frente al cambio climático.
Según los propios autores, "las áreas protegidas fueron claramente diferentes de las tierras privadas".
Menor presión del ganado
El estudio también detectó que dentro de parques y reservas existe una menor presión del ganado doméstico sobre la vegetación.
Este punto, para nada menor, es lo que permite un mejor desarrollo del sotobosque y de los renovales de ñire.
En cambio, los campos privados mostraron una mayor compactación del suelo y una mayor presión derivada del uso productivo, factores que terminan afectando la capacidad natural del bosque para regenerarse.
Los incendios, el riesgo que persiste
A pesar de los buenos resultados, los científicos advierten que la existencia de un parque o una reserva no elimina todos los riesgos.
El estudio detectó evidencias de incendios, aprovechamiento forestal y presencia de ganado incluso dentro de algunas áreas protegidas, aunque en muchos casos esos impactos fueron previos a la creación de los parques.
Además, remarcan que numerosos incendios se originan fuera de los límites de las áreas protegidas, lo que pone de relieve la importancia de manejar adecuadamente también los campos vecinos.
Por eso, los investigadores sostienen que la protección no puede limitarse únicamente al interior de parques y reservas:
"Siguen siendo necesarias acciones sostenidas para excluir el ganado, regular el aprovechamiento forestal y mejorar el manejo del fuego como parte de una planificación sustentable del paisaje".
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