Roxana y Alejandro entrenan entre pileta y lago para representar a la Argentina en Oulu, donde competirán sin traje térmico en agua entre 0 y 1 grado.
En Bariloche el verano aprieta, pero ellos se entrenan pensando en el frío. Roxana Pescader y Alejandro Mansilla llevan meses ajustando una rutina enfocada en el objetivo de prepararse para nadar en aguas heladas, esas que no perdonan distracciones, con el cuerpo expuesto y la cabeza obligada a mantenerse quieta.
Su destino está a más de 13 mil kilómetros: Oulu, Finlandia, sede del Mundial de Natación en Aguas Heladas, una competencia extrema que este año reúne a miles de nadadores y donde el agua puede estar entre 0 y 1°C.
El certamen se disputará del 2 al 9 de marzo de 2026 en Oulu, una ciudad del norte finlandés donde el invierno es parte del paisaje cotidiano. Allí, según detallaron los organizadores, las pruebas se realizan en una piscina de 25 metros montada sobre el agua helada del río Oulu: velocidad, técnica y control del cuerpo en un entorno que juega en contra.
La pareja barilochense competirá sin aislación térmica, es decir, solo con traje de baño (sin neoprene), como exige la disciplina. El evento, además, convoca a un universo enorme: se espera la participación de más de 2.000 nadadores, inscriptos en múltiples distancias y modalidades.
En su caso, el viaje tendrá un condimento extra: por los costos, no pudieron sumar una escala previa en Suecia para aclimatarse como habían planificado, y llegarán a Finlandia apenas dos días antes del inicio del Mundial.
Récords, medallas y el “músculo” mental del frío
Roxana llega con credenciales fuertes. En los últimos años sumó récords mundiales en su categoría: dos en el Mundial de Estonia 2024 y tres en Molveno (Italia) en 2025. También viene de una actuación destacada en la Copa del Mundo realizada en El Calafate, donde consiguió ocho medallas y se quedó con la copa general femenina.
Para ella, el entrenamiento no es solo físico. En aguas heladas, la tolerancia al frío se construye, pero la clave pasa por otro lado: administrar la respiración, sostener la técnica cuando el cuerpo pide salir y mantenerse “en foco” aun cuando la piel quema. Esa fortaleza mental es parte central del plan.
En el caso de Alejandro Mansilla, su última participación internacional lo dejó entre los 15 mejores de su categoría, un dato que ilustra el nivel de exigencia y la constancia necesaria para sostenerse en este circuito.
La preparación de ambos combina pileta y lago: volumen, técnica y adaptación al frío, sumando horas en el agua cuando se puede “buscar temperatura” y, al mismo tiempo, cuidando el cuerpo para no caer en lesiones o cuadros por exposición.
La previa en el Nahuel Huapi y el pedido de apoyo para viajar
Antes de subirse al avión, la pareja tuvo una estación clave en casa: compitieron el sábado pasado en el “Desafío Don Luis”, la primera prueba de aguas abiertas de la temporada en Bariloche, organizada por NADAAR en el lago Nahuel Huapi con llegada en Playa Bonita. Es parte de esa puesta a punto que mezcla competencia real y entrenamiento.
En paralelo, sostienen la búsqueda de sponsors y ayuda económica para cubrir gastos de viaje, inscripciones, estadía y viáticos. “Es un viaje muy largo”, plantearon, y la cuenta se vuelve pesada cuando la competencia está del otro lado del mundo.
Te puede interesar...











