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Pichi Che, el jardín al que la pandemia le impidió inaugurar

Andrea es parte del establecimiento que abriría sus puertas este 2020 en Zapala. Tomaron los primeros alumnos, pero el virus congeló todo. Conocé su historia.

Pichi Che puede tener varios significados. Si se traduce al mapuche, quiere decir: “gente pequeña”. Si se le pregunta a la maestra Andrea Barros, es un “sueño estancado”. Y, si se le consulta a los vecinos de Zapala, dirían que es el jardín maternal que tuvo sus primeros inscriptos, pero nunca pudo abrir sus puertas por la pandemia.

Es que unos 50 niños ya estaban anotados para este ciclo 2020. Sus familias habían abonado la primera cuota y estaban a la espera de la habilitación del Consejo Provincial de Educación (CPE). “Sería el primero privado en la ciudad con habilitación del sistema educativo”, aseguró a LMN Barros, quien está a cargo de uno de los turnos.

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Solo se llegó a hacer la prueba piloto y se comprobó que las remodelaciones que se llevaron a cabo funcionaban a la perfección. Desde los baños “que son una de las cosas más importantes” hasta las salidas de emergencias “absolutamente necesarias”, se probó que ese domicilio alquilado en el barrio de Pino Azul estaba en condiciones de “trabajar en la educación de los pequeños”.

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Jardín Pichi Che

Jardín Pichi Che

Pero llegó la pandemia. Sin aún tener el número de habilitación del CPE, el coronavirus y las políticas para frenarlo hicieron que aquel sueño que tenía Andrea, junto con dos compañeras -una de ellas es la dueña y quien invirtió el dinero para llegar a cabo el proyecto-, “se congelara”. O así se creyó en un principio, ya que ahora la situación del jardín es casi insostenible por el alquiler que tienen que abonar y la imposibilidad de cobrar el 100% de las cuotas de los 50 niños.

La apuesta del jardín sigue en pie

La prueba piloto que se hizo con algunos niños fue ese resabio que sigue alimentando la ilusión. Esa idea que nació hace tiempo y este 2020 se haría realidad, pero la pandemia apareció y le puso pausa a este proyecto. “Las vueltas por varios jardines dentro del ámbito público me hizo conocer a muchas buenas docentes y con dos de ellas decidimos abrir este centro para la gente pequeña”, explicó.

Tras observar que la posibilidad de crear un jardín privado con dirección propia, una de las dos colegas puso la inversión y se había empezado a concretar esta idea. Se encontró la casa, se remodeló, se envió las habilitaciones al CPE, se abrió las inscripción, “50 familias apostaron y el virus paralizó todo”.

Jardín Maternal "Pichi che"
Jardín Maternal "Pichi che"

Jardín Maternal "Pichi che"Hola a toda la gente de Zapala, estamos a punto de inaugurar nuestro jardín maternal, avalado por el concejo de educación de nivel privado de la provincia de Neuquén, nos encontramos en Barrio Pino Azul, calle López y Planes esquina Moreno.Recibimos niños desde los 45 días hasta los 3 años, trabajamos con inclusión en niños con capacidades diferentes.Horario corrido de 7:30 a 18:30 horas.Inscripciones abiertas desde el 10 al 14 de Febrero(cupos limitados), horarios de inscripción de 16.00 a 20.00 hs

Posted by Pichiche on Tuesday, February 4, 2020

“Más allá de que era una verdadera ilusión, la inversionista renunció a unas horas en otro colegio para estar más centrada en Pichi-che y ahora tiene que afrontar el alquiler y todos los costos para mantener la estructura del jardín en pie”, reveló. Los primeros meses se intentó cobrar la cuota y enviar materiales de forma física, con los cuidados necesarios. “Pero después se hizo un poco insostenible y vimos la necesidad clara de que no nos siga pagando los sueldos porque nosotros sabemos lo que le cuesta”, indicó.

"Todas las situaciones nos dejan una enseñanza y la pandemia debería ser una de ellas", Andrea.

En el doble rol que cumple esta maestra entre lo público y lo privado, “ese sueño puede esperar”. “En la Escuela 80, que es donde doy clases por la mañana, veo la realidad dura de muchas familias de Zapala”, expuso tras contar que muchos alumnos de ese instituto tienen problemas de nutrición y necesitan de los módulos alimentarios para poder comer.

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Jardín Pichi Che

Jardín Pichi Che

La escuela: entre la educación y la comida

“La Escuela 80 es hermosa”, sintetizó Andrea. Este establecimiento está a las afueras de la localidad y varios de sus alumnos pertenecen a la zona rural y es donde pudo efectivizar sus horas en la educación pública. “Después de tanto tiempo girando, me establecí en ese colegio que tienen algunas particularidades”, aclaró.

Lo que resaltó fue que los niños no tienen turnos para salir al patio en horas de recreo, “como sí pasa en muchos jardines de la ciudad”, porque tiene un predio donde todos caben. “Varios de los alumnos vienen de los campos y algunos faltan algún tiempo porque se van a buscar el ganado en cambio de estación”, explicó y contó que “hay varios que tienen algunas carencias y la pandemia agudizó su situación”.

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La importancia que tiene el módulo alimentario es casi fundamental. Y, con vergüenza, Andrea contó que tuvo que sacar de su sueldo para armar algunas bolsas de comida para que una de sus alumnas pueda tener un vaso de leche. “Es terrible saber que una criatura no puede alimentarse como corresponde. Me parte el alma”, se sinceró y puntualizó que es una familia que se quedó sin trabajo en medio de la cuarentena.

Más allá de la parte fundamental que muchas familias sufrieron -y sufren-, la educación remota es casi un privilegio de clases porque “no todos tienen buena internet o los aparatos tecnológicos son básicos”. “En mi aula tenemos muchas realidades, unos pocos que son recontra activos y sus familias se suman a todas las actividades, y otros tienen varias problemáticas”, describió. Según contó, algunos se volvieron al campo, en donde la señal es muy mala, y a otros les “cuesta la comunicación con los padres, ya que algunos no entienden la consignas”.

“Lo peor no son las realidades de cada uno porque nosotros, los y las docentes, estamos acostumbrados a acompañar los procesos educativos de cada uno, lo que más se nos complica es no poder observar el día a día”, expresó Andrea y explicó que no puede ver cómo evoluciona cada niño con las distintas consignas.

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¿Cómo se recupera los días perdidos?

La escuela propuso a sus alumnos escribir, dibujar o expresar cada día de sus cuarentenas para que guarden para la historia. “Yo creo que no se va a perder nada”, aseguró y contó esta actividad que consiste en hacer un diario de la pandemia, en donde cada 24 horas tienen que presentar lo más relevante que pasó ese día, o cómo cambió el estado de ánimo, y ella lo recopila.

“La pandemia quedará en la historia y nuestra especie de bibliorato también. Toda la Escuela 80 sabrá cómo mis pequeños pasaron la pandemia, con arte y sensibilidad”, describió y aseguró que el objetivo es que quede dentro de la escuela, “que tenga circulación interna”, y que no se haga tan masivo puertas para afuera.

Es que lo que están pasando es “parte de la vida que tocó” y los más pequeños tienen que aprender a lidiar con esas emociones y eso es también es parte del aprendizaje. Qué sienten, cómo sienten, cómo cambia ese estado de ánimo. Son muchas cosas para observar y aprender en esta pandemia”.

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Jardín Pichi-che

Jardín Pichi-che

"La pandemia se sostuvo por las escuelas"

Con el virus aún circulando, Andrea sabe que "es complicado que vuelvan las clases", pero tiene fe que todo pasará. Y, en el mientras tanto, los docentes le ponen el cuerpo a la enseñanza de los más pequeños "en una sociedad que le pega muy duro a los educadores". "La gente piensa que en la pandemia los docentes estamos mejor porque no tenemos que trabajar y desde ese rol crítica de forma negativa...pero no es así. Nosotros en estos tiempos trabajamos el triple, preocupándonos si le llegan bien la tarea a todos los chicos, estando atrás, fijándonos qué problemas tienen, además de hacerle un acompañamiento educativo", detalló.

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Andrea fue contundente: "La pandemia se sostuvo por las escuelas", entre la educación, las actividades que podían hacer las familias y la comida que llegaba desde el Estado. Es que, por ejemplo, cuando tardan en bajar los módulos de alimentos en la Escuela 80 "son los docentes y directivos los que tienen que estar atrás porque el hambre no entiende mucho de tiempos". "Y pasó también con la educación en sí, cada uno de nosotros tuvimos que amoldar a las necesidades de cada alumno y a las plataformas que tuvieran. Sea WhatsApp, simplemente mensaje o tener que imprimir los trabajos", detalló.

Con su filosofía de "mirar el vaso medio lleno" e intentar sacar provecho a cada una de las situaciones, Andrea sigue convencida que pronto esto terminará. Que la pandemia vino a cambiar algunos paradigmas y espera que pronto el CPE valide el sistema de estudios de Pichi-che, para que ya se pueda comenzar a habilitar, ya que "muchos padres ya vuelven a sus trabajos y necesitan este servicios".

"Todas las situaciones nos dejan una enseñanza y la pandemia debería ser una de ellas", concluyó la maestra que aun sueña con abrir el jardín Pichi Che.

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