Por la cabeza de Alario y las manos de Barovero
Osaka, Japón
De área a área, River encontró las respuestas que lo depositaron en la final del Mundial de Clubes. En el arco, Marcelo Barovero sostuvo en la primera parte el invicto de su valla en el mejor momento del Sanfrecce Hiroshima y, en el otro extremo, Lucas Alario, el goleador de los goles importantes, hizo su aparición repentina en el segundo tiempo y selló la diferencia.
Barovero fue determinante en los primeros 15 minutos con tres tapadas decisivas. Primero, con un manotazo para desviar la entrada de Yusuke Minagawa; luego, con mano cambiada despejó un disparo de Yusuke Chajime y volvió a volar para volver a ahogarle el festejo a Minagawa.
Sobrio y seguro, en el segundo tiempo fue casi un espectador pero contuvo un remate, casi en el descuento.
En el extremo opuesto, Alario expuso una vez más su olfato goleador como ocurrió en las semis de la Copa Libertadores cuando le asestó el golpe definitivo a Guaraní a 12 minutos del cierre que aseguró la clasificación a la final después de 19 años y en la propia definición cuando sobre el cierre del primer tiempo en el Monumental abrió el camino a la goleada ante Tigres que le daría el título al Millo.
Ayer no tuvo mucha participación en el primer tiempo donde provocó más faltas que las llegadas que concretó, pero exhibió su oficio tras un tiro libre de Tabaré Viudez que el arquero Takuto Hayashi resolvió mal ante el salto de Maidana y que él capitalizó con un cabezazo seco al arco vacío.
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