Pornovenganza y acoso virtual: una deuda legal

Violencia de género. El hostigamiento digital hacia las mujeres tiene zonas grises en el Código Penal.

Neuquén.- Hace apenas un mes, más de veinte mujeres del barrio Huiliches, que habían sido acosadas sexualmente vía Facebook durante años, descubrieron que su agresor era un vecino. Algunas de ellas lo denunciaron en comisarías y en fiscalía, pero dieron contra una pared: el acoso sexual virtual no constituye un delito según el Código Penal.

“Al no saber quién te está escribiendo ‘qué lindo te queda ese saquito rojo’, da la idea de que estás siendo observada sin saber por quién. Eso también hace que te reprimas en tu vida, alteres tu rutina. Es un estrés”, confió a LM Neuquén la abogada María Eugenia Orbea, integrante de la Fundación Activismo Feminista Digital.

Si bien estas mujeres eran constantemente hostigadas, el acoso sexual virtual no figura como delito en el Código Penal. Lo mismo ocurre con la difusión no consentida de imágenes íntimas, popularmente conocido como “pornovenganza”.

“Hay un absoluto desconocimiento de toda la parte digital. Ocurre un desdoblamiento como si lo que pasara en internet fuera ajeno a la vida real”, afirmó Orbea respecto de la escasez de policías, fiscales y jueces capacitados en perspectiva de género.

“La violencia de género digital no es más que la tradicional manifestada a través de una nueva herramienta, que es la online. Y eso la hace particular, la repercusión se ve enseguida”, resaltó.

Ese infierno vivió una mujer cipoleña cuando descubrió que su ex pareja y padre de su hijo comenzó a compartir por Facebook fotos íntimas de ella. “Primero la mujer lo había denunciado por violencia familiar y luego radicó otra denuncia porque estaban apareciendo fotos íntimas de ella sin su consentimiento”, relató a este diario el juez de Familia de Cipolletti, Jorge Benatti.

Según explicó el magistrado, fueron sus propios compañeros de trabajo quienes le advirtieron que su ex les enviaba fotos de ella por mensajes. Verse expuesta a compañeros de trabajo, familiares y desconocidos provocó un profundo daño psicológico en la mujer.

“Las marcas psicológicas que dejan las agresiones de la violencia de género digital son muy profundas porque internet te asegura que esa violencia no sólo no queda entre cuatro paredes, sino que además potencia el daño temporalmente”, explicó Orbea.

Frente a ese caso, Benatti ordenó que Facebook Argentina SRL cierre el perfil del agresor y comunique a todos sus contactos por qué fue eliminada su cuenta.

La abogada también insistió en lo peligroso de la violencia de género ejercida en medios digitales. “Una vez que se difunden las imágenes, no sabés cuándo van a volver a aparecer. Pasan a ser parte de tu identidad digital. Por ejemplo, cuando vas a buscar trabajo lo primero que hacen es googlearte, y eso es un estigma con el que cargan las víctimas que no se ve en otros tipos de violencias”, sentenció.

Venganza porno.

Pollerita 2.0: la revictimización

La otra cara de la violencia de género digital es la agresión de otros a partir de la viralización. Orbea comparó este fenómeno con el que se da en torno a la vestimenta de las víctimas de violencia sexual.

“Antes decían ‘si saliste con esa pollerita, cómo no te van a violar’. Esto es lo mismo, dicen ‘para qué te sacaste las fotos’. Siempre se pone el foco de tensión en la víctima, no en el agresor”, sostuvo.

Además, contó que actualmente se estigmatiza más a la mujer que ejerce su libre sexualidad. “Se arruinan vidas, hay mujeres que han llegado al suicidio, llegan devastadas y con un estado psicológico que piden a gritos contención porque no saben cómo reaccionar”, sentenció la abogada.

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Online: El daño psicológico se ve potenciado por la viralización y el anonimato en las redes.

La gran cifra negra en torno a lo digital

En todo informe estadístico se contempla aquel porcentaje que corresponde a la cantidad de víctimas que no denuncian, conocido como “cifra negra”. En el caso de la violencia de género digital, ese número es inconmensurable.

De acuerdo con lo explicado por María Eugenia Orbea, muchas mujeres no denuncian por múltiples factores: falta de conocimiento del derecho, descreimiento en los operadores judiciales y miedo a que el agresor tome represalias.

“Más allá de lo que caracteriza a toda mujer víctima de violencia, que es el miedo a tener una mayor agresión, también inciden la humillación o la vergüenza a seguir hablando del tema”, confió Orbea. Otro de los factores tiene que ver con el desánimo que implica que la causa no prospere.

El fallo de la Justicia rionegrina también llegó a la fundación. “Hace más de seis años que hablamos de violencia de género digital, y que apareciera ese concepto en el fallo lo recibimos con una alegría enorme. Siempre decimos que de lo que no se habla no existe y si no existe, el Estado no va a tomar políticas públicas”, expresó con entusiasmo Orbea.

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