Premio para una mujer que ayuda a los ancianos

María del Carmen Suárez, la mujer distinguida por el Municipio, junto a la madre María Beatriz del hogar de ancianos Hermanitas de los Pobres.

Cuando llegó a Neuquén en 1982, María del Carmen López se acercó a colaborar al hogar de ancianos Hermanitas de los Pobres, ubicado en Tronador y Chocón. De las monjas aprendió la entrega hacia el prójimo y una pulsión infatigable por ayudar a los demás.

Verlas trabajar desde la madrugada hasta la medianoche sembró en ella una energía que la llevó a colaborar con la institución por 34 años ininterrumpidos, y por eso fue reconocida ayer por la Municipalidad de Neuquén como Mujer Destacada 2016, en el marco del Día Internacional de la Mujer que se conmemoró el martes.

María del Carmen recibió un premio de 20 mil pesos de parte de la Municipalidad, que donó a la institución donde colabora.

María del Carmen es kinesióloga y llegó a la ciudad desde Córdoba para trabajar en la Clínica Pasteur.
Apenas conocía Neuquén pero un médico amigo le habló sobre el hogar de ancianos donde muchos profesionales de salud prestan sus servicios ad honorem.

Como María del Carmen siempre tuvo un interés especial por la geriatría, asistió sin dudarlo y así comenzó un vínculo de asistencia que ya cumplió más de 30 años. "Las hermanas son sólo seis y es inspirador ver el empuje y la entrega que tienen", señaló.

La kinesióloga colabora con la institución de diversas formas: además de la rehabilitación corporal para los abuelos, asiste en la gestión de trámites y traslados del hogar. Sin embargo, recalcó que su labor más importante es la "rehabilitación emocional".

"Aunque hay abuelos con problemas de salud, o que necesitan que los bañes o les des de comer en la boca, lo que más te piden es la compañía, que los escuches y estés con ellos", indicó.

A muchos ancianos, la soledad y el aburrimiento les duelen más que las enfermedades de su vejez, por lo que la compañía diaria es la medicina más efectiva.

Por eso, desde el mismo año en que se vinculó con el hogar, la mujer comenzó a coordinar talleres de teatro y preparar pequeñas obras para que los ancianos sonrían ante el aplauso del público. Además de festejar el Día de San José, el patrono de la institución, organiza pesebres vivientes y bailes nativos para las fechas patrias.

Como asiste a abuelos carenciados, el espacio no exige ninguna cuota para alojar a las 28 personas que viven allí, cada una en una habitación con baño privado. "Generalmente tenemos 60 alojados, pero tuvimos que bajar el número para hacer refacciones que exigen desde Salud Pública", explicó. Aclaró que la institución sólo se financia con la caridad de los vecinos de la ciudad.

María del Carmen va todos los días al hogar, y sólo ha faltado en pocas ocasiones por viajes o algún problema de salud.

Su entrega no tiene muchos secretos. En la sonrisa postiza de un anciano, en un juego de naipes compartido o en una mirada de gratitud, la mujer obtiene el combustible para continuar.

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