"Queremos aprovechar la vida haciendo esto"

Analía Castro
castroa@lmneuquen.com.ar

"El show debe continuar", reza el viejo axioma que es recurrente cuando una figura del mundo del espectáculo dice adiós y le baja el telón a una vida entregada a los escenarios. En este caso, la frase le cabe a Les Luthiers, ese grupo que "nunca ha pasado de moda" desde su aparición en 1967. Tras el adiós de Daniel Ravinovich -uno de los integrantes del grupo con mayor carisma-, el grupo de humoristas llega nuevamente a la ciudad (la última visita fue en 2012) después de un tour por España.

Carlos López Puccio, antes de sus dos presentaciones en el estadio Ruca Che (viernes y sábado) con Viejos hazmerreíres (Antología), habló de la actualidad del legendario grupo. "Los últimos años de Daniel, desde fines de 2012, fueron muy angustiantes, muy azarosos", dijo Puccio.

Cerca de cumplir 50 años de trayectoria con el humor, Puccio consideró que lo esencial "es haberse propuesto (y no haber claudicado) ofrecer siempre humor de buena calidad, de recursos nobles: sin palabras, ni ideas, ni golpes bajos".

Les Luthiers, ese grupo con mística propia, tiene la certeza "de haber hecho un camino maravilloso, en el cual hemos recibido y dado felicidad".

¿Qué pueden adelantar del espectáculo?
Es una recopilación de varios de nuestros grandes éxitos de épocas pasadas, obras que para nuestro asombro no han perdido nada de su eficacia original. La gente se divierte igual que cuando fueron estrenadas.
Ya pasaron por la partida de Masana en 1973 y también por el alejamiento de Ernesto Archer en 1983. Se acomodaron y siguieron como grupo. ¿Cómo fue esta vez seguir adelante sin Daniel Rabinovich?
Un proceso muy doloroso, por cierto. Sabíamos, hacía bastante tiempo, que esta cosa tremenda iba a ocurrir y nos fuimos preparando como grupo para cuando llegara ese momento. Los últimos años de Daniel, desde fines de 2012, fueron muy angustiantes, muy azarosos. En varias ocasiones en estos últimos años, Daniel no pudo actuar y eso nos obligó a tener siempre listos a sus reemplazantes. De hecho, a la gira de marzo pasado -por Canarias- ya no estaba en condiciones de viajar. Y ahora cuando debimos seguir actuando sin él, aunque en lo práctico nada cambió, anímicamente resultó muy doloroso. Hubo una gran diferencia entre actuar sin Daniel porque Daniel estaba enfermo y actuar sin él porque ya no estaba.
¿Qué es lo que más extrañan de él?
Era un tipo encantador adentro y afuera de escena. Yo extraño su presencia de gran humorista, improvisador disparatado en el escenario y excelente compañero. Como amigo y compinche de cincuenta años, me dejó un vacío imposible de llenar.
Ustedes contaron que Daniel quería que siguieran y que tuvieran grupos satélite con clones haciendo el repertorio. ¿Tienen pensado mantener la continuidad de ese modo? ¿No se pierde cierta esencia o mística?
No hemos decidido nada acerca de esto, entre otras cosas porque esos temores serían absolutamente razonables. Sin embargo, lo hemos hablado más de una vez en el pasado. Por el momento no hemos encarado esa posibilidad seriamente. Ahora nos dan ganas de afrontar esta tremenda adversidad remando con el grupo de los cuatro restantes y sumando a los dos excelentes artistas que cubren el hueco dejado por Daniel. Queremos aprovechar la vida haciendo, mientras podamos, esto que tanto placer nos da.
Van a cumplir 50 años de trayectoria, ¿cómo sueñan o planean festejarlo?
Es algo contradictorio para el alma hablar de celebrar en estos momentos. Sin embargo, si uno quiere cumplir con los plazos, y dada la escala en que nos movemos, es inevitable planear con tiempo. Tenemos la intención de organizar una "expo" aún más importante que aquella con la cual festejamos nuestros 40 años y además ya firmamos contrato con el teatro de La Maestranza de Sevilla (una de las salas líricas más importantes de España) para actuar y festejar allí en las semanas que coinciden con la fecha de nuestro 50º aniversario, 4 de septiembre de 2017.
¿Cuál es la clave de mantener este éxito en el tiempo?
Creo que lo esencial es habernos propuesto (y no haber claudicado) ofrecer siempre humor de buena calidad, de recursos nobles: sin palabras, ni ideas, ni golpes bajos. En el mercado, lamentablemente, no hay mucho para elegir como lo que ofrecemos.
¿Cómo ven el humor actualmente?
En nuestro país, el humor televisivo prácticamente no existe. No hay más Tato Bores o Telecataplum (y sus sucesores) ni Olmedo. En radio, y extendiendo la memoria a algunas décadas, tampoco queda ya nada parecido a La Revista Dislocada. Me imagino que detrás de esta desaparición habrá varias razones de distinto peso, tales como la importancia y la tensión que ha generado el encono político (que hizo muy difícil y hasta peligroso hacer un humor como el de Tato), la abundancia y el tiempo de pantalla que consume el fútbol, la sencillez de producir programas de chismes y el alto costo que supone crear humor verdaderamente bueno. Por lo demás, no estamos en contacto con los humoristas del under, en donde posiblemente se esté cocinando algo bueno.
¿Qué grupos o realizaciones los hacen reír hoy?
Mis favoritos, de entre una extensa lista, son Quino, Fontanarrosa, Tricicle y Monty Python. Y sin contar a clásicos como Chaplin o Keaton.
¿Ven en las redes sociales y en las nuevas tecnologías posibilidades para explorar con Les Luthiers?
Creo que podemos trasladar esta inquietud a nuestros jóvenes sucesores, cuando los haya. Son temas que les pertenecen.
Si bien Horacio Tato y Martín O'Connor, actuaban como reemplazantes, ¿cómo fue su incorporación al elenco principal?, ¿de qué manera sienten que enriquecen al grupo?
Tanto Martín como Tato son excelentes profesionales, muy capaces y dotados. Me imagino que están -como todos nosotros- en un período de transición en el cual tienen que ir afirmándose en el nuevo rol para cobrar el valor de aportar desde sus propias personalidades artísticas. Por el momento, la preocupación básica de los dos ha sido cubrir con eficacia la falta de Daniel (¡y lo bien que lo han hecho!), pero tímidamente ha comenzado ya a asomar la capacidad de aporte adicional de ambos.
Son un grupo homogéneo. Han entendido que el camino era una construcción colectiva, sin que prevalezcan los egos ¿Cómo lo lograron?, ¿hubo algún momento en que esto se puso en juego por la mayor popularidad de alguno?
Somos un grupo compacto, de decisiones conjuntas y democráticas, pero por suerte nunca fuimos un grupo homogéneo. Cada cual tiene sus cualidades específicas, sus zonas en las cuales se destaca y aporta. Y eso lo tenemos muy claro. Creo que la gran toma de conciencia se fue produciendo a medida que descubríamos que, más allá de la imagen pública, de la figuración en el escenario, ninguno habría podido crear Les Luthiers sin el aporte de los demás. En esta convicción radica buena parte de la solidez del grupo.
Después de haber pasado por tanto y haber logrado todo, ¿hay alguna cuenta pendiente, algo que deseen hacer o explorar?
Son pocos y muy afortunados aquellos seres humanos que llegan a nuestra edad sin cuentas pendientes, sin deseos no concretados (confesables o no). Lamentablemente no pertenecemos a ese envidiable grupo, pero tenemos a nuestro favor la certeza de haber hecho un camino maravilloso, en el cual hemos recibido y dado felicidad. Casi me parecería injusto ponernos a rezongar haciendo una lista de lo no satisfecho.
De todas las situaciones que han tenido durante en estos años, ¿qué momentos atesoran más como entrañables o extraordinarios?
Cada miembro del grupo tendrá los suyos. Yo siento como privilegios muchos encuentros con seres humanos especiales, singulares, a los que mi condición de Luthier me permitió tener acceso. No sé, enumero algunos: cenar y charlar con el plato en la mano sentados en el piso con García Márquez, o ser invitados de noche a La Moncloa para cenar solos -los cinco- con Felipe González (en ese momento presidente de España), o la visita inesperada a una función y la charla posterior con Letizia y Felipe (el actual rey), una cena en Olivos con Alfonsín.

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