Salir a flote: seis historias de comerciantes locales

A pesar de que la mayoría de los comercios y empresas de las región ya abrieron sus puertas y estan en pleno reacomodo, atravesaron dIferentes realidades en los tres meses de cuarentena. Cómo hicieron para resurgir.

Trabajar, ante todo

Osvaldo Martínez es un artesano de la prolijidad. Desde hace 18 años se dedica a la colocación de pisos flotantes. Muchas de las casas de Cipolletti, Neuquén, la región del Alto Valle e incluso del interior neuquino, tienen sus revestimientos. “Es que los clientes me llaman por recomendación”, cuenta Osvaldo orgulloso. Desde el mostrador de Decor House -en pleno corazón de la ciudad cipoleña- relata: “Trabajo solo haciendo la instalación de pisos, me tomo mi tiempo…cortando, midiendo, pero al final de la jornada me voy satisfecho de los domicilios”. Así tal cual como lo cuenta. Osvaldo se viste de mameluco, tapaboca en rostro, kit de desinfección en mano, y parte a realizar su trabajo -que retomó con todos los recaudos extremados- desde principios de mayo. “Llego al domicilio con la vestimenta especial, desinfecto el dormitorio u espacio que debo revestir y me encierro a trabajar. La mayoría de las veces no hay familias viviendo en esas casas por eso no se corre ningún tipo de riesgo; pero estén o no las personas, yo desinfecto la habitación tanto al llegar como al irme”, explica. Y luego al llegar a su hogar “rocía todo con alcohol y lo deja ventilando”, agrega.

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Osvaldo junto a su mujer Graciela, llevan adelante la empresa familiar Decor House.

Osvaldo junto a su mujer Graciela, llevan adelante la empresa familiar Decor House.

Al comienzo de la pandemia, Osvaldo le pidió a su hija que le armara las redes sociales del negocio para poder tener mayor visibilidad, y aunque todavía no realizó grandes ventas por esos canales, reconoce que es importante “porque muchos clientes le hacen consultas por allí”.

El hombre, se instaló en la zona patagónica hace 36 años, cuando con su mujer Graciela vinieron de Bahía Blanca motivados por la belleza de El Chocón. “Y nos quedamos”, recuerda. Ahora ellos dos se encargan plenamente del negocio familiar, y si bien estuvieron dos meses cerrados a público, “tengo que agradecer que desde hace unas nueve semanas estamos trabajando bien”, comenta. “Las hemos vivido todas, crisis en todas las décadas y acá estamos; es desesperante ver la tristeza comercial que agobia a algunos vecinos y amigos, pero entre todos somos muy solidarios”, reflexiona.

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José Ortiz en JM Bikes, tradicional bicicletería de la ciudad

José Ortiz en JM Bikes, tradicional bicicletería de la ciudad

Pedaleo parejo y constante

Ahora que muchas personas han desempolvado la vieja bici y la han llevado a arreglar. O que muchas adquirieron una nueva porque la bicicleta es una aliada para contrarrestar el encierro. Ahora, es que José Ortíz respira. Tras dos meses con el local cerrado, hoy puede decir que las dos sucursales de JM Bikes “se están recuperando de la crisis”.

Con una tradición de más de treinta años como bicicletero y vendedor, José se las ingenió para que la gente estuviera satisfecha con los pedidos que realiza durante el aislamiento obligatorio. “Abrimos una línea de WhatsApp en cada local para que se comuniquen ahí y tratamos de que se acerquen para retirar lo que encargaron”, comenta, y agrega que además hicieron “un convenio con Correo Argentino para los envíos al interior”.

José cuenta que justo había decidió mudar una de las bicicleterías a un local con alquiler más bajo y que eso fue un acierto. “Es que tuvimos que vivir de los ahorros durante un tiempo y acceder a las prestaciones bancarias para poder mantener a las 12 familias que dependen de JM Bikes”, afirma. El hombre lleva adelante el negocio junto a su mujer y recuerda que ella le ayudó desde que comenzó solo en el taller de reparaciones de rodados. “Rescato mucho la actitud de los chicos que trabajan acá, el primer día, cuando volvimos a abrir estábamos muy contentos todos, nos pusimos a armar las bicicletas, a organizar el espacio, a limpiar; teníamos y tenemos un buen ánimo”, resalta. “Creo que necesitábamos mucho trabajar, hacer algo, sentir que dejábamos nuestras casas para poder hacer algo”, subraya. Desde el primer minuto en que decretó la cuarentena, la comunidad de JM Bikes obedeció cada una de las disposiciones del gobierno. “Les dije chicos ´quédense tranquilos, quédense en sus casas, lo que no se hizo hasta ahora lo haremos después, todo va a estar bien´, cuenta José. Esa confianza de 100 días atrás es la misma que mantiene para el futuro: “Esto en algún momento va a pasar, estoy seguro, hay que reinventarse y seguir”.

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Gonzalo Franco está a cargo de la coordinación académica del Instituto Patagonia

Gonzalo Franco está a cargo de la coordinación académica del Instituto Patagonia

La solidaridad y la responsabilidad como emblemas

En el Instituto de formación profesional y capacitación laboral Patagonia, alcanzaron a tener una o dos clases hasta que llegó el decreto del aislamiento social, preventivo y obligatorio aquel 20 de marzo. Así que a partir de ese día iniciaron un nuevo camino que se pone sólido y seguro de cara al futuro: las cursadas por modalidad a distancia.

“Si hay algo positivo en todo esto es la posibilidad que se nos abrió de dictar clases a través de plataformas virtuales, una modalidad que vamos a conservar para que más estudiantes de otras partes del país puedan acceder a nuestras propuestas”, explica Gonzalo Franco, coordinador académico de Instituto Patagonia. En el centro de formación solían cursar alrededor de 400 alumnas y alumnos repartidos en distintos horarios de lunes a sábado. Ahora, que han tenido que suspender los cursos que tienen la obligatoriedad de prácticas de enseñanza, sólo están cursando online 100 estudiantes correspondientes a 11 cursos. “Y vamos bien, docentes y alumnos se han adaptado a este nuevo ritmo”, dice Gonzalo, y agrega que, si bien no llegan a cubrir todos los gastos y seguramente arranquen el 2021 con algunos atrasos y deudas, “estamos mentalizados de que esto no va a durar para siempre”.

Pero sin duda, la mayor resignificación que describe Gonzalo es la solidaridad circular que rodea al proceso de enseñanza. “Tenemos una docente del curso de Asistente de Odontología que se vale de la ayuda de su hija para poder dar la clase virtual; ella le acomoda los materiales y la pizarra mientras su mamá está explicando”, describe entre otras experiencias. Además, y como aliciente de la crisis económica y social, el instituto reforzó su sistema de becas y descuentos en las cuotas de las capacitaciones y cursos. “Estudiamos caso por caso y vamos viendo de qué manera ayudar para que el alumno no abandone, tratamos de beneficiarnos mutuamente para, por un lado, garantizar la continuidad del estudiante y por el otro, mantenernos a flote porque esta es una institución ciento por ciento privada que necesita de un ingreso para pagar al cuerpo docente y personal administrativo”, afirma el coordinador.

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Leonel Rodríguez al frente de su negocio familiar de pesca “Outdoors”

Leonel Rodríguez al frente de su negocio familiar de pesca “Outdoors”

El valor de los clientes en tiempos difíciles

Aunque Leonel Rodríguez esté frente al mostrador desde hace 7 años, lleva toda una vida inmerso en el negocio familiar Centro de Pesca Outdoors. Un rubro que sus abuelos trajeron desde Rosario e instalaron en Neuquén, motivados por la importancia de los ríos y lagos de la provincia.

Junto a su compañera y tres empleados más, se turnan para atender el local comercial dedicado a la venta de artículos de pesca, indumentaria, náutica, camping y cuchillería emplazado sobre la calle Láinez al 200. “Estuvimos aproximadamente un mes cerrados a público y en ese tiempo, que fue difícil, aprovechamos para hacer hincapié en las redes sociales y en fomentar un servicio de consultas vía WhatsApp”, dice Leonel. A través de esos medios, cuenta que lograron contactarse con clientes de otras localidades a los que antes no accedían. “Reconozco que fue la pandemia la que nos impulsó a darle más importancia a toda la parte online, pero ese refuerzo ha valido la pena porque todas las pequeñas ventas suman a que podamos seguir abiertos”, analiza.

A partir de la apertura con todas las medidas de protocolo correspondientes, Leonel nota que la afluencia de la clientela ayuda a sacar la cabeza a flote “de a poquito”. “Lo que más extrañábamos era eso, que pasen los clientes a charlar sobre alguna anécdota de pesca, o simplemente a compartir un mate” y agrega que de alguna u otra manera la clientela se ha hecho presente a lo largo de todo este tiempo. “Estamos muy agradecidos a todos ellos porque nos han demostrado que se preocupaban por nosotros enviándonos mensajes o simplemente demostrando interés compartiendo una publicación de Facebook”, expresa.

Para Outdoors también es alentadora la apertura paulatina de las actividades recreativas en el territorio provincial. Y si bien la posibilidad de un turismo de cercanía no tiene fecha certera, Leonel tiene expectativas a futuro: “Nosotros en este rubro nos alimentamos en gran parte del turismo y de cierta manera estamos obligados a ser positivos y a confiar en que vamos a subsistir hasta que todo esto pase”, finaliza uno de los dueños de la casa de pesca.

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Gabriel Croche, encargado de Carnes Sarmiento

Gabriel Croche, encargado de Carnes Sarmiento

“Todos pusieron mucho de sí para que funcione”

En Carnes Sarmiento vivieron una navidad adelantada el 21 de marzo tras dictarse la cuarentena. Algo que experimentaron de manera similar varios de los rubros dedicados a alimentos de primera necesidad. “Supongo que ese miedo a que se cerrara la ciudad o que hubiera desabastecimiento generaron que la gente saliera a comprar productos para stockearse”, reflexiona Gabriel Broche -encargado de la firma- a tres meses de aquel día. “Durante ese fin de semana de marzo los cortes económicos explotaron”, cuenta Gabriel, “después tuvimos que cerrar tres días para poder adecuarnos a los protocolos de sanidad”. Hasta que consiguieron barbijos que duraran más de siete horas, provisiones de alcohol en gel y productos sanitizantes para la higiene del lugar y pudieron volver a abrir las puertas de la carnicería. “Después, cuando volvimos a reabrir, experimentamos una caída de las ventas porque las personas comenzaron a tener miedo de salir de sus casas”, relata Gabriel, y agrega que con el correr del tiempo se fueron recuperando, “aunque no al ciento por ciento”.

Más allá de que un rubro dedicado a los alimentos requiere protocolos en seguridad e higiene, adaptarse a los nuevos impuestos por el despliegue del coronavirus no ha sido fácil. “Realmente acá los chicos se pusieron la camiseta de la responsabilidad en todo sentido, cuidando todos los detalles para que los clientes se sientan seguros al venir”, recalca Gabriel. El grupo, -entre las sucursales y el frigorífico- está compuesto por alrededor de 20 empleados, “algunos vienen de lejos, otros viven con sus padres mayores, y todos ellos pusieron mucho de sí para que esto funcione”, subraya.

Aunque las “grandes comilonas” todavía no están permitidas, Gabriel reflexiona sobre la importancia de encontrar el espacio para compartir en el interior de los hogares “mientras esperamos que se termine la pandemia”. “Está bien, ahora no podemos juntarnos a comer entre muchos como estábamos acostumbrados, entonces aprovechemos para compartir y buscar un momento para celebrar en familia con los integrantes de la casa”, apunta.

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Guillermo Moreno, dueño del Pet Shop Popi

Guillermo Moreno, dueño del Pet Shop Popi

"La situación del comerciante es crítica”

Por formar parte del rubro esencial de productos alimenticios, Pet shop Popi, dedicado a la venta de alimentos balanceados, forrajes y accesorios para mascotas, mantuvo sus puertas abiertas todo el tiempo a lo largo de estos cien días. Su dueño y encargado Guillermo Moreno, cuenta que las ventas para ellos comenzaron a decaer “en mayo y junio” y lo relaciona con la inflación y el no aumento del poder adquisitivo de los consumidores. Al respecto Guillermo es muy crítico, entiende que para salir de la crisis son necesarias medidas económicas que alivien el ahogo comercial que están viviendo los comerciantes y también programas para la salud psicológica de las personas, “eso no lo he visto”, destaca.

En vistas a reacomodar un poco su empresa, Guillermo se ha pasado a la modalidad del horario corrido para que los empleados, que son cuatro, “tengan el gasto de transporte una sola vez al día”. Además, reforzó sus canales online para poder apuntalar las ventas: “Ahí sí crecimos un poco, vendiendo a través de la página del Facebook o tomando pedidos a través del servicio de mensajería instantánea”, reconoce.

Siguiendo los protocolos de seguridad para frenar el contagio del virus, tanto Guillermo como el personal, se han familiarizado con la utilización del barbijo y del alcohol en gel de manera constante; a lo que le suman “una desinfección del local cada tres horas”. “También tratamos de promover el uso del débito, así no circula tanto el billete que es más antihigiénico”, asegura.

En relación a una perspectiva futura el comerciante piensa que la crisis económica y social producto de la pandemia “se va a agudizar cada vez más”. “El panorama para nosotros es crítico, estamos trabajando menos y pagando los mismos impuestos de siempre”, declara.

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