Se ganan la vida bajo el sol y entre sombrillas

Teresa y Juan recorren todo el día el balneario Gatica vendiendo las delicias que preparan en sus casas.

NEUQUÉN
Bajo el intenso calor y los inclementes rayos solares, los vendedores ambulantes recorren incansablemente las orillas del río Limay ofreciendo sus productos. La gente que les compra sabe que, en muchos casos, es el sustento económico de varias familias.

Juan es uno de los que nunca faltan a su "cita" de verano en el balneario Gatica para vender tortas fritas y rosquitas. Es oriundo de la ciudad chilena de Chillan, "la tierra de Neruda y de Violeta Parra", dice este hombre que llegó a Neuquén en 1979.

Queja Teresa se lamenta por la presencia de perros en el río, sobre todo por la suciedad que dejan.

Con sus 55 años, Juan no se imagina en otro rubro que no sea el de panadería. Trabajó en la reconocida panadería Cruz del Sur, pero hace quince años decidió comenzar un proyecto independiente: durante el verano en el balneario Gatica, y el resto del año en oficinas del centro, comercios, u otros lugares. "Esto lo hemos logrado con mucho, mucho trabajo", remarca.

Su hija Catalina, de 15 años, lo acompaña todos los días a vender sus exquisiteces en el balneario. La chica asume que la cocina no es lo suyo pero le gusta mucho ayudar a su padre a vender la producción familiar que elaboran todos los días desde las 8 de la mañana. Estudia en la EPET 14 y piensa hacer alguna carrera universitaria.

"Hace cinco años atrás se vendía mejor. Ahora cuesta más, pero igual hoy podemos vivir de esto", sostiene Juan, quien tiene otras dos hijas, Sofía y Valentina, y un varón, Benjamín.

A pesar del viento característico, afirma que lo que más le gusta de Neuquén es la gente "porque es muy amable y cariñosa".

Los clásicos bocaditos redondos de masa quebradiza y dulce de leche repostero de Teresa no pueden faltar en una tarde de río y mate con amigos. Aunque ha ampliado su producción con escones y pastafrolas, esta mujer de 69 años hace tres décadas es experta en alfajores de maicena. Teresa recorre todo el día el balneario Gatica ofreciendo sus exquisiteces a los vecinos que eligen refrescarse en el río.

Se podría decir que es neuquina, aunque nació en Chile. A los 7 años llegó a la ciudad. Y hace siete años empezó a venir al Gatica durante el verano. Luego, el resto del año, cocina en su casa.

La jornada de Teresa termina a las 21 cuando se vuelve a su casa, donde la espera su nieta de 20 años, que es como su hija, y sus cuatro perros. Cocina hasta la medianoche y al otro día se levanta bien temprano para hornear los escones (solos, con nueces o con chocolate) que termina de envasar en el río.

"Con mucho trabajo y esfuerzo, me pude pagar mi propio departamento, me falta sólo la última cuota", cuenta orgullosa.

De tanto caminar, ofrecer y vender, esta mujer tiene clientes fijos, e incluso muchos le cuentan sus problemas, oficiando casi de psicóloga.

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